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NANCY PELOSI Y LA ACTITUD DE CHINA POPULAR

Por: Julio Yao,

Presidente Honorario y Encargado del Centro de Estudios Asiáticos Estratégicos de Panamá (CEEAP).

La respuesta pasiva o pacífica de Pekín, a la provocación de la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, en principio da la impresión de que China queda mal ante los ojos del mundo tal como lo percibe una mirada superficial  que acusa que “perro que ladra no muerde”), pero la lección que nos regala Pekín es que la sabiduría china prevaleció sobre el espíritu belicoso de Estados Unidos.  China no se dejó provocar con el anzuelo de Nancy Pelosi, aunque tampoco se quedará sin respuesta..

Decimos “espíritu belicoso de Estados Unidos” y no de Pelosi porque ella vino  como representante de su país: Pelosi estaba obligada a seguir los lineamientos de la política exterior de Washington, que debe respetar el principio universal de “una sola China”, que exigen las propias Naciones Unidas.

No olvidemos que el pueblo chino es el más paciente del mundo y que es la única civilización sobreviviente que aparece incólume ante la historia; que sus objetivos fundamentales los logran a largo plazo y que no se desesperan.

Pekín está revitalizando a la nación y recuperando su rol histórico.  China fue el país más importante en mil años hasta el siglo XIX, en tanto que la antigua Ruta de la Seda era el proyecto cultural-comercial más ambicioso del mundo conocido y era anterior al siglo V AC.  Igual ocurre con la Franja y la Ruta de hoy.

La actitud ponderada de China ante Pelosi, quien pese a su apellido claramente se nota que “no tiene pelos en la lengua”, no debe ser tomada a la ligera sino en su contexto histórico.  ¿Cómo se demuestra la sabiduría y la resiliencia de China a lo largo del tiempo?

La Gran Muralla China, de 7,000 kilómetros de longitud, le costó 2,200 años o 22 siglos construirla, entre el siglo V AC y el 17 DC.  Ningún otro país ha hecho algo semejante, y es lo único visible desde la luna.  La Muralla se hizo para defender el país de invasiones Mongoles y Manchúes y no para asaltar a otros países.

La visión de largo plazo de la China se corrobora con el Canal más largo del mundo, de 1,800 kilómetros de longitud, construido en 486 AC por 6 millones de obreros, que une a Pekín en el norte con Hangzhou en el sur y que aún está en funcionamiento. En la ampliación de sus esclusas en el siglo XV trabajaron 300,000 obreros.  Nuestro Canal solo tiene 83 kms.

Según el New York Times, la enciclopedia más grande de la humanidad, de 23,000 tomos, fue elaborada por eruditos chinos en el siglo XV e igual sucede con la Farmacopea más completa conocida, en tanto que los astrónomos chinos de aquella época podían predecir con precisión los eclipses del sol y de la luna.

En consonancia con su tradición pacifista, su misión civilizatoria y su probada resiliencia, China no podía hacerse responsable hoy de la destrucción planetaria que se produciría tras un conflicto armado con Estados Unidos, sea por la razón que fuere,  Una guerra con Estados Unidos, país belicoso que, según el presidente Jimmy Carter, ha destruido decenas de pueblos entre Europa y el Medio Oriente en  menos de 50 años, incluido Panamá, y que solo ha gozado de tres años de paz desde su fundación hace 246 años.

China pudo haber respondido militarmente a la provocación y desatado un conflicto de grandes proporciones, para la cual estaba autorizada por el Artículo 8 de una ley de la Asamblea Nacional Popular de la RPCh y por los Artículos 37 y 51 de la Carta de la ONU, que la autoriza a defender su soberanía y evitar quebrantamientos de la paz, pero la humanidad entera desaparecería.

Si se miraran los sucesos bajo esta lupa, que podrían frustrar el Nuevo Orden Internacional, habría que aplaudir la cordura del presidente Xi Jinping y su responsabilidad para con la comunidad internacional.

No olvidemos que el objetivo de las Naciones Unidas es preservar la paz a toda costa y recurrir a los medios pacíficos en la solución de controversias internacionales, pero la ONU nada ha dicho, y su silencio cómplice da razón a quienes claman por cambios fundamentales en el sistema de naciones.

China hará que Taiwán reflexione. Ni el pueblo chino ni el de la isla quieren la guerra, pero el ego de la presidenta Tsai es tan fuerte como el de Nancy Pelosi.

Los que sufrirán por las acciones retaliativas de China serán las empresas taiwanesas vinculadas al comercio con China.   Tras la respuesta racional de China, un sector de la población verá la visita de Pelosi más como algo perjudicial y peligroso que ganancioso, lo cual hará que los sectores pro reunificación y moderados prefieran, como dicen algunos abogados, un “mal arreglo que un buen pleito”.

Pero, ¿qué tiene el affaire Pelosi que ver con Panamá y su Canal?  ¡Nada! Pero los alborotadores de siempre, que duermen en el siglo XIX, todavía no despiertan y quieren amenazarnos con invadirnos una y otra vez, como si Panamá fuera un nuevo Sísifo, condenado a subir una enorme roca hasta la cima y que, ya a punto de vencerla, la pierde y debe intentarlo una y otra vez. Pongámosle punto final a ese maleficio.

Muchas gracias.

 

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