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En dónde estamos y hacia dónde vamos.

Por: José Dídimo Escobar Samaniego

 

Tenía razón Manuel Antonio Noriega, cuando expresó que, el partido político más grande en Panamá, era el de los emputados.

El desencanto que ha causado la clase política panameña a los ciudadanos, por sus vínculos con la corrupción generalizada, ha devenido en un alto grado de decepción y frustración, porque no ve en la campaña, sino engaños y propuestas llenas de fantasías e ilusorias, es decir que, no se corresponden con la realidad objetiva que transitamos y no dejan de ser una pura publicidad engañosa.

Eso explica entonces, cómo una figura como Ricardo Martinelli, que hace poco fue condenado a una pena de más de 10 años de prisión y fue inhabilitado para correr como candidato a presidente de la república, no obstante se ha convertido en un factor de poder político al endosarle su caudal a una persona como José Raúl Mulino que, si no fuera por ese respaldo, andaría detrás de las ambulancias.

Martinelli no es    precisamente un dechado de virtudes, pero ante la orfandad moral de casi todas las instituciones nacionales, recuerdan el pasaje bíblico en donde los fariseos presentaron a Jesús a una mujer encontrada en el acto de infidelidad.

_―Maestro, a esta mujer se le ha sorprendido en el acto mismo de adulterio. En la ley Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Tú qué dices?

Con esta pregunta le estaban tendiendo una trampa, para tener de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y con el dedo comenzó a escribir en el suelo. Y, como ellos lo acosaran con preguntas, Jesús se incorporó y les dijo:

―Aquel de vosotros que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

E inclinándose de nuevo, siguió escribiendo en el suelo. Al oír esto, se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta dejar a Jesús solo con la mujer, que aún seguía allí. 10 Entonces se incorporó Jesús y le preguntó:

―Mujer, ¿dónde están? ¿Ya nadie te condena?

11 ―Nadie, Señor.

―Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar._

El problema es que para señalar y para condenar se requiere integridad, y eso es precisamente lo que escasea en el país.

 

Martinelli se ha convertido en un problema, porque quienes lo atacan, son iguales o peores y para reconclavar, ahora se ha convertido en un factor decisivo de poder en lo inmediato, más allá del deseo de la embajada norteamericana, cuya embajadora, quien es reconocida por entrometerse en los asuntos internos del país, ha externado que ellos, es decir, los gringos, “tratarán con quien sea el que resulte electo por los panameños el próximo 5 de mayo”. Pero es que la oligarquía criolla tampoco lo admite en sus círculos exclusivos y lo denosta, además de conspirar contra él, a pesar de que, esa misma clase participó activa y denodadamente en todos los actos de corrupción que ahora, convenientemente, solo le adscriben a él.

En las ultimas encuestas a las que he tenido acceso, la figura que podría aguarle la fiesta a Mulino es Martín Torrijos, caracterizado por su sosiego y compostura ante quienes le han dicho de todo para intentar sacarlo de casillas.

Martín ha patrullado el país, lo conoce, entiende de consensos, de entendimientos y está claro en que no es con represión en las calles como se enfrenta a un pueblo que, lo que clama es más libertad, dignidad, decoro, decencia, democracia y menos genuflexión ante los poderes económicos, incluyendo la minera y a quienes se les olvida que no somos el traspatio de nadie.

En Panamá, no estamos en la selva para que se imponga el animal más fuerte. Tampoco somos partidarios de un régimen que desconozca al pueblo y nos pretendan gobernar arbitrariamente y decir alegremente que; “si el gobierno se equivoca, vuelve a mandar” en un desplante de soberbia e irrespeto sin parangón y que ni siquiera en la época de los militares se fue tan lejos.

El hijo del General Torrijos podría ser más propenso a asumir el compromiso de generar las condiciones de estructurar un gobierno de unidad nacional que, pueda reunir a gente decente y capaz, no importa sus bandería políticas o ideológicas, para asumir un plan nacional concreto que saque al país del marasmo en que nos encontramos, especialmente lograr un gobierno que incorpore legitimidad política y jurídica en todos sus actos, porque la agenda nacional pendiente le exige a nuestra sociedad poder enfrentar con valentía la coyuntura que nos espera, pero no de cualquier manera.

Martín tiene un manejo más realista y pragmático de la actual situación, tal vez su experiencia en lograr consensos le podría ayudar mucho para lidiar con la compleja realidad que tendrá que enfrentar quien salga ganador dentro de 13 días calendario.

Solamente Dios y gente de Fe, pueden lograr materializar hechos que parecen imposibles pero que el pueblo espera y sería una grave injuria no abrir las puertas de la oportunidad que nos abre la esperanza.

_¡Así de sencilla es la cosa! _

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