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Las Vacas Flacas

 

por Gonzalo Delgado Quintero

 

Vacas flacas son tan solo dos palabras que, sin embargo, guardan tanto peso histórico y fuerza en el consciente y  subconsciente de miles de millones de seres humanos que entiende esta frase como un periodo de crisis, pobreza y penalidades.

Esta expresión tiene su origen en nuestra Biblia judeo-cristiana descrita en un episodio del Génesis. De allí, su enorme influjo e influencia muy antigua, desde antes de Moisés; de cuando José el hebreo “soñador” le interpretó correcta y reveladoramente un especial sueño al faraón Sesostris II.

El famoso sueño del faraón, revelaba que siete vacas feas y flacas devoran a siete vacas gordas y hermosas y aún, así, seguía horribles. José predijo siete años de abundancia, a los que seguirían siete años de hambruna, por lo cual recomendó hacer acopio de bienes durante los años buenos.

La figura de este antiquísimo aforismo, desde aquellos tiempos, jamás ha perdido vigencia. Cuanta crisis, pobreza, penalidad y hambruna no ha venido padeciendo la humanidad, registradas durante 25 siglos, desde que esta frase fue soñada por Sesostres II, y registrada como parte de nuestras sagradas escrituras-

Y si nos dejamos llevar por la narrativa, la propia alegoría de la frase o su sentido simbólico a partir de la interpretación de José, fija siempre periodos cíclicos.

Y es que un dramático ejemplo de vacas flacas devorando vacas gordas lo vemos en nuestros tiempos. Al decir del sociólogo, historiador y cientista social Immanuel Wallerstein, el mundo ha divido su existencia en coyunturas. Así vemos en el mundo los momentos decisivos que se produjeron empujados por las necesidades humanas que motivaron las condiciones para que se dieran dichos saltos cualitativos y cuantitativos hasta llegar a nuestros días.

Las vacas flacas nos son impuestas por varios conductos y a veces a un grupo menor, a una mayoría y a todos en un momento dado. Esas vacas feas y flacas pueden ser por consecuencias de catástrofes naturales y/o de carácter antropológicas o sea por conducto de la mano del ser humano.

Veamos el simbolismo de vacas flacas en estas últimas tres décadas de incertidumbre global.

En el mundo, cito a Wallerstein, se produjo desde 1989, una de las últimas y más trascendentales coyunturas. Inició con las convulsiones sociales en la Europa socialista del Este, inyectadas desde afuera por la propaganda occidental y adentro, por necesidades insatisfechas que hizo la tormenta perfecta con la llegada de Ronald Reagan a la presidencia de Estados Unidos y de Mijaíl Gorbachov al frente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Todo fue parte de un plan elaborado por los tanques de pensamientos principalmente de Estados Unidos e Inglaterra que se registraron después en lo que se conoce como los Documentos de Santa Fe por parte de E.U. y por grupos británicos desde que el centroizquierdista Partido Laborista Inglés ganara las elecciones para un periodo 1945-1951, con Clement Attlee, sobre el conservador Winston Churchill, aún no terminado el conflicto de la Segunda Guerra Mundial.

Grupos inspirados en las ideas de Karl Popper, crítico de Karl Marx a partir de la corriente epistemológica del falsacionismo y apegado a la filosofía neopositivista del Círculo de Viena, reactivaron las ideas de Friedrich Hayeck, sobre el nuevo liberalismo, creando instituciones sobre todo, políticas y económicas de inducción para tal fin, tanto en Inglaterra como en Estados Unidos.

Esas ideas se fueron inoculando de manera sigilosa, siempre encaminadas a consolidar la idea de libre mercado y a destruir la idea socialista. Es así, como nace la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago con George Stigler y Milton Friedman promotores de la corriente del pensamiento económico partidario del libre mercado.

Y estas ideas que resurgieron y tomaron cuerpo con mayor fuerza en las tres décadas siguientes a la segunda Guerra Mundial, son las teorías que están detrás de la Escuela de Chicago, aplicadas a través de las políticas del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, bajo el llamado Consenso de Washington. Aparte de instituciones internacionales, muchos países unos obligados y otros no, también comenzaron a tomar en cuenta esa posición económica a partir de los años de los 80. Siendo la década de los 90 el periodo de mayor auge global.

Estas ideas, apoyadas por personajes como Ronald Reagan y Margaret Thatcher y fundadas en el libre mercado, desconociendo los procedimientos del keynesianismo, derivaron sin lugar a dudas, en la Gran Recesión del 2009, que además de la quiebra económica, produjo la erosión y degradación insostenible medioambiental con resultados impredecibles, de incrementales repercusiones que no se detiene.

Sin ser quisquilloso, pero vamos notando que de 1990 – 1996 fueron las vacas gordas de un capitalismo consolidado en el unipolarismo; pero de 1996 – 2002  fue de vacas flacas con la caída de las empresas punto com; ya con George W. Bush, después de los sucesos de las Torres Gemelas, hubo un periodo (2002-2009) en que reflota la burbuja económica a través de las hipotecas suprime y por igual, se apalancan acciones, bajo la idea antiterrorista, de apoderarse del petróleo del Medio Oriente por la vía violenta de invasiones militares encabezadas por Estados Unidos.

Y aunque el colapso económico lo recibió Barak Obama, este fue producto de las malas decisiones que se tomaron en el periodo anterior, con esa burbuja hipotecaria  que al fin y al cabo, iba a reventar y así sucedió de un solo tajo con los 46 bancos más importantes del mundo, cuya sede principal es Estados Unidos. Y entonces de 2009 a 2015, fue un periodo difícil de vacas flacas; sin embargo, hubo la capacidad, en este caso de la administración Obama, para palear un poco la gran recesión que todavía vive el capitalismo del modelo neoliberal. Esta sequía llevó a que las vacas se mudaran a otros pastizales  y ahora estén engordando en potreros chinos, rusos y en otros buenos rediles, sobre todo, en las llanuras asiáticas.

Ya vieron que Panamá, en todo esto, no suma ni resta. Entonces para que perder el tiempo escribiendo de badulaques politiqueros que no pueden superar la grandeza de sus propias concupiscencias y pretensiones electorales, porque no hay sueños en ellos, sino pesadillas y porque gane quien gane, solo son la chuta por donde pasarán el ganado, rumbo al abattoir, de cuya carne ningún panameño comerá, porque de esas vacas gordas que tenemos hoy, solo nos dejarán el corral enlodazado en revoltura con la mierda dejada por el rebaño robado y hasta sin vacas flacas.

El autor es periodista, escritor y analista

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