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UN ASPECTO HISTÓRICO DEL PRD EN LA CRISIS POLÍTICA EN PANAMÁ DE 1987 A 1990

Por Gonzalo Delgado Quintero

En 1987, ya se había agudizado la crisis política, a tal grado que ese año se produjo un asalto en el que se prendió fuego, rápidamente sofocado por el cuerpo de secretarias, al local del Partido Revolucionario Democrático (PRD) por parte de miembros de la Democracia Cristiana, arnulfistas, Frente Estudiantil Revolucionario (FER 29) y otros.

Esta acción destructiva contra las oficinas del PRD, que entonces estaban ubicadas frente al almacén Novey de vía España, fue denunciada a través de los medios de comunicación por el dirigente nacional Reynaldo Rivera, posterior miembro del CEN del PRD y actual embajador de Panamá en Cuba.

Eran momentos difíciles. La estrategia de expansión del poder imperial de Estados Unidos y sus aliados a nivel global había iniciado en medio de una sarta de mentiras repetidas al estilo Goebbelsiano. Panamá, para quienes no lo saben, es uno de los seis puntos geoestratégicos en el planeta. Los estadunidenses principalmente desde Ronald Reagan, habían iniciado su agenda democratizadora mundial y para los efectos, entonces, el General Manuel Antonio Noriega, parece ser que no entendió que soplaban esos vientos, más bien un huracán de escala cinco que arrancó todo desde la raíz, llevándose de paso a Europa del Este y al resto de los países del campo socialista, además de todo el orden hasta entonces establecido y fijado inmediatamente después en los Tratados de Paris de 1946, recién pasada la Segunda gran Guerra Mundial.

Además, toda buena comunicación entre el gobierno de Panamá y el de Estados Unidos se había deteriorado aún más, con la negación de Noriega a los recaderos, Almirante John Poindexter y Oliver North, Teniente Coronel militar estadounidense, quienes exigían a nombre del gobierno de EU de prestar al país (Panamá) como plataforma de impulso de una campaña de desestabilización que llevaría a cabo EU contra el recién instaurado gobierno Sandinista y que dirigiría John Poindexter, militar consejero de seguridad del presidente Reagan. Lo que al final se tradujo en que los invadidos fuimos nosotros.

La campaña de propaganda contra Panamá fue atomizante. Se practicaron cada una de las ideas del Padre de la Propaganda (Goebbels), como la que están practicando en estos momentos contra Rusia (proporciones guardadas). Con aquello de “miente, miente, miente que algo quedará, cuando más grande sea una mentira, más gente la creerá”, le fueron aplicando al gobierno encabezado por Noriega, el concepto propagandístico de que “una mentira mil veces repetida…se convierte en verdad” y para fregar, el entonces, jefe de Estado panameño (Noriega) no ayudaba mucho, porque creyendo en la promesa y criterios desenfocados de algunos de sus más importantes contactos en la CIA y otros estamentos, tensó más la situación, pensando que la intervención militar norteamericana jamás sucedería; no obstante, ello permitió que EU desarrollara en Panamá, el escenario de guerra perfecto, como antesala a lo que realmente buscaban en la parte militar que era perfeccionarse y probar las nuevas tecnologías ofensivas que posteriormente, también, utilizaron en su incursión en el Medio Oriente.

Por su parte, en ese momento (1987) panameños patriotas independientes, unos sin afiliación, otros de militancia torrijistas, también de la juventud del Partido del Pueblo, la Tendencia, sindicalistas, nacionalistas, gremialistas, miembros del PRD, intelectuales, profesores universitarios y de colegios, antimperialistas, universitarios estudiantes, administrativos y docentes y de otras facciones se manifestaban en contra de la campaña orquestada por EU contra Panamá. Una posición clara que trascendía al margen de que se tratase o no, de la figura del General Noriega. Todos entendían que se estaba llevando a cabo una escaramuza de los poderes imperiales en su intención expansiva, como en efecto a quedado demostrado después de más de 30 años.

Había inquietudes por todas partes. La agresión era evidente, se violaba el espacio aéreo, incursionaban a las áreas fuera de los límites determinados en los Tratados Torrijos-Carter, sus provocaciones eran abiertas y ya para entonces en que los grupos políticos internos de oposición que fueron punta de lanza contra el gobierno, que pedían la invasión y que irrumpieron en el local del PRD, tratando de quemarlo; fue en ese momento que en medio del humo, aun disperso en las dos plantas, después de sofocadas las llamas, en que un grupo de compañeros reunidos en la entrada de la planta baja de las oficinas tomó la decisión de levantar un listado, después de que Carlos Moreno, ese día, cesada las hostilidades con los grupos de choque opositores, hiciera un llamado allí, desde las escalinatas que daban a la planta alta del local, para integrar un grupo por la defensa de la patria que venía siendo agredida por Estados Unidos. Este grupo organizó después los Batallones de la Dignidad.

Allí estuvieron, en ese momento, entre otros compañeros, Manuel “Manolo” Ducasa, Ernesto S. Rodríguez, Gustavo Torreglosa, Humberto Brugiatti, Rito Torres, Horacio Rodríguez, Elena Miró, Yadira Ferguson, Zulema Collado, Ricardo Hurtado, Rodolfo Pérez, Aquilino Velásquez, Abel Pinzón, Reynaldo Rivera, Pedro Ayala T., Robinson Hernández, Jaime Beitia, Víctor De Gracia, Manuel Carol y otros de quienes no recuerdo sus nombres, que nos pudimos movilizar tan pronto supimos sobre lo ocurrido en el local del PRD, entonces, frente a NOVEY.

Esto es para que los viejos recuerden y los nuevos sepan.

El autor es periodista y escritor

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