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El fantasma que asusta: hablar de cambios al modelo.

Por Enrique Avilés

Empresariado panameño, olvidando su responsabilidad en los hechos actuales, ha decidido cazar brujas y achacarles la culpa a otros de su propia obra. Sería mejor que se comprometieran a enfrentar la corrupción que ellos mismos han propiciado.

Panamá es un país fantasmagórico desde hace ya décadas, donde unos se asustan del hambre y la desigualdad, en tanto las enfrentan a diario; mientras, otros se asustan de que el pueblo haya despertado y perdido el miedo al descubrir que debajo de la sábana blanca que reparte miseria hay actores de vieja data. Estos últimos, están asustados que el pueblo reclame cambios o ajustes en el modelo económico, por lo que no han demorado en argumentar viejos discursos anticomunistas que pretenden invalidar los reclamos legítimos del descontento popular, en aras de preservar su status quo intacto.

En la mesa de negociación los representantes de los manifestantes plantean que, más allá de la curita del congelamiento de productos que desaparecerán del mercado una vez congelados, se garantice el precio justo al productor nacional y se establezcan márgenes máximos de ganancia a los intermediarios, permitiendo rentabilidad, e impidiendo la inflación indiscriminada. Esto no es cambiar el modelo, sino ajustarlo para garantizar la seguridad alimentaria de la población, acciones de regulación que realizan los Estados Unidos y Europa sin cambiar ni su modelo político ni su modelo económico. Para lograr este cambio debe dejarse claro un compromiso intersectorial con el Estado que establezca una hoja de ruta prístina en la consecución de esa meta para garantizar, a largo plazo, que la alimentación del pueblo no quedará nuevamente a manos de la manipulación indiscriminada de intermediarios. Vuelvo e insisto cuál es el miedo o el extremismo en este planteamiento de ajuste al modelo.

Por otra parte, tocará a los dirigentes, sin lugar a duda, en los siguientes puntos de la mesa denunciar lo dañino que es para el desarrollo de un estado el mantener un sistema tributario regresivo, en el que la evasión de impuesto sobre la renta del empresariado es anualmente de hasta más de 5 mil millones de dólares anuales. Pedir que el sistema tributario sea efectivo y progresivo no es atentar contra el modelo, es denunciar lo injusto y poco equitativo que está siendo en la recaudación y sostenibilidad de las arcas del Estado, respecto a todos los panameños, generando inequidad e injusticia social. Estados Unidos en su praxis fiscal sanciona la evasión con cárcel y expropiación y que yo sepa ellos no son comunistas. La impunidad de la que gozan los evasores de impuestos y la exención fiscal de grupos de familia millonarios, ha llevado a la ruina las arcas del país, la pandemia y la guerra en Ucrania solo terminaron por sacar esta podredumbre a la vista pública internacional. Parte de estos grupos son los que comprometen con donaciones a todos los que van a una campaña electoral, en la que luego de elegir, la responsabilidad de elegir mal la tiene el pueblo, que realmente nunca tiene una opción real a su favor.

Hoy el pueblo esta pidiendo democracia sin ir a las urnas, está pidiendo justicia sin ir ante un juez, está pidiendo equidad no igualdad. No hay fantasmas en lo que pide el pueblo, ni comunismo, ni socialismo. Hay una realidad que no puede dilatarse más de parte del gobierno en la mesa de diálogo y que no puede disfrazarse más por parte de quienes, queriendo sabotear la mesa, hablan de espectros retóricos y de no ver pasar el cadáver de la democracia, mientras la puñalean por décadas enriqueciéndose del modelo que debe sustentarla.

El autor es docente de la Universidad de Panamá.

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