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Balance de un año azaroso (Parte I).|


Por: José Dídimo Escobar Samaniego

Hacer el balance de este año transcurrido en Panamá, no resulta en una tarea fácil, no obstante, la encaramos con una visión crítica que, la compartimos con nuestros amables lectores.

ECONOMÍA

La anhelada e igualmente cacareada reactivación económica, se daba por sentada, sin embargo, han quedado en evidencia, serios y variados aspectos que han complicado su desarrollo y hasta ahora, la permanencia de las listas oscuras y grises en que la OCDE nos ha metido a pesar de todos los esfuerzos que el gobierno nacional ha desplegado para lograr la salida de tales ataduras, parecen corresponderse con mecanismos de extorsión para favorecer a otros centros financieros que, propiamente transgresiones que puedan probarse, no obstante, el daño proferido contra nuestra economía, precisamente en un momento de pandemia, lo hace más letal, artero y perturbador a los intereses nacionales de quienes se suponen nuestros aliados. El gobierno, lejos de plantar cara, como correspondía, se ha bajado los pantalones y hoy seguimos el camino del sometimiento, la deshonra y la vileza.

Sector Privado vs El estado.

Se ha sostenido por mucho tiempo que quien debe llevar la vanguardia en el desarrollo económico es la iniciativa privada, sin embargo, desde que se agravó la pandemia, quien ha sostenido la economía panameña es un incremento del gasto público a través de salarios, subsidios, gastos generales y escasas inversiones provenientes especialmente de un endeudamiento creciente que nos sitúa, en estos dos años y medio de gobierno en casi quince mil millones de dólares adicionales, muchos de los cuales han sido préstamos para pagar intereses de deuda y compromisos adquiridos por los anteriores gobiernos. La falta de responsabilidad social del capital es evidente y los organismos empresariales no solo no han dicho esta boca es mía, sino que sus líderes, han sugerido exponer a la población, como lo hicieron un año atrás, para preservar sus utilidades en medio de la mayor crisis de la pandemia en Panamá.

Desigualdad

En este periodo especia que nos ha tocado vivir, aunque el gobierno ha tratado de hacer algunos esfuerzos loables, no obstante, la desigualdad en Panamá se ha ampliado. En algunos estudios económicos realizados por distintas entidades se ha descubierto que la pandemia ha arrojado una mayor concentración de la riqueza en los sectores más ricos que además se desentienden de obligaciones tributarias. El resultado hoy es que los pobres son más pobres y los ricos más ricos.

La economía que ha progresado es la pequeña y mediana, de la que se espera que se convierta en el principal motor de la reactivación económica en Panamá, no obstante, ese sector generador de empleo, no es al que se han dirigido los principales apoyos del estado, sino al sector financiero que no es un sector productivo, sino especulativo. Por lo cual seguimos sin entender los estímulos que El Estado le ha brindado a este sector que está preparado para ajustar cuenta con sus deudores, a muchos de los cuales se les suspendió su contrato de trabajo y no han sido llamados a reincorporarse y por tanto están en condiciones de insolvencia, lo que los llevaría a perder sus propiedades en el juicio ejecutivo a que tienen que concurrir, llevados por las circunstancias de las que ellos no tuvieron absoluta responsabilidad.

Desempleo

La informalidad aflora por todas partes. Debido a que la informalidad abarca todas las actividades económicas realizadas fuera del marco de la ley no existe una forma única de definirla. Por esta razón podemos dividirla bajo distintos criterios: la falta de registro de la empresa ante las autoridades, la condición del empleo y la producción o utilidad no declarada, entre otras. En Panamá, la forma más común de medir la informalidad laboral es usando la proporción de trabajadores registrados con prestaciones de la Caja de Seguro Social respecto al total de las personas económicamente activas.

Cualquiera de estas clases de informalidad tiene repercusiones directas sobre la competitividad y el crecimiento económico. Es cierto que la informalidad ocupa a la población desempleada en el sector formal y sus insumos e inversión apoyan a la economía, sin embargo, es mayor el daño generado en el crecimiento a largo plazo. Algunos de sus efectos económicos más nocivos son la merma en la productividad, el no registro de sus actividades y por ser muchas dejan de contabilizarse, además de que, no se pagan impuestos de ninguna clase.

Se convierte en un verdadero reto, trasladar la creciente economía informal a niveles de formalidad.

Concesiones estatales.

El Estado es tenedor de muchos bienes y patrimonios, muy a pesar de los perversos esfuerzos que se hicieron desde 1990 para desmantelarlo.

Las concesiones que el estado otorga, en muy pocos casos se atienden criterios en los que el estado salga beneficiado de la misma forma en que el concesionario.

Así, los Puertos, el ferrocarril, la generadoras y distribuidoras de electricidad, las prestadoras del servicio de comunicación, las minas y otras concesiones el estado no recibe lo que mínimamente en otros países se paga por el acceso a esos negocios. En el caso de Minera Panamá, dicha empresa se ha llevado en tres años de explotación continua, mas de 6,000 millones de dólares sin que exista un marco legal que lo ampare. Y tal es la influencia que tienen en el Estado actual que ni siquiera la publicación en Gaceta Oficial de la decisión de inconstitucionalidad del contrato de explotación minera, ha sido acatado por esta empresa que juega con la inteligencia y dignidad de los panameños.

Puertos. Todas las concesiones portuarias representan para las empresas altos ingresos, pero para el estado, solo migajas. Es de anotarse dos aspectos sobresalientes de estas concesiones. Se entiende que el estado exonere por un tiempo prudencial el pago de impuestos, pero no puede ser que esa exoneración se convierta en una forma permanente y que el interés nacional quede en desamparo. El otro aspecto es que casi todas las concesiones son extranjeras y los resultados económicos de su actividad los envíen a sus casas matrices, generando con ello una exportación neta de capital desde Panamá, causando con ello falta de circulante y otros efectos altamente nocivos a nuestra economía.

Ferrocarril.

La empresa que se hizo con el contrato del Ferrocarril, llega a su término este año que se aproxima. Sus beneficios han sido grandiosos y para Panamá, solo el olor. En el contrato que ahora termina, se prohibía que panamá pudiera construir otro Ferrocarril desde Panamá a Colón. Ahora Panamá puede abrir una nueva línea y dirigirla por la parte Oeste del Canal y Conectar la Zona Panamá Pacífico con la Zona Libre de Colón y los puertos de ambos lados. Es también de señalar que, no solo son otros términos los que tienen que negociarse con las nuevas empresas que se participarían, sino prohibir que sigan limpiando la vía del Tren con Glifosato que, contamina el agua que toma gran parte de la ciudad de Panamá y Colón. (Continuará mañana, si Dios nos lo permite)

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