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Legalidad Internacional de las Sanciones Económicas en contra de Rusia.|

 

La Carta de las Naciones Unidas.

Consecuencias de las Sanciones.

Por: Rigoberto Castillo G.
Abogado y Master en Derecho Internacional

 

¿Qué entiende el Derecho Internacional por Sanciones Internacionales?

El Derecho Internacional (DI) define las sanciones internacionales como todas aquellas medidas coercitivas tendientes a imponer, en contra de un Estado, entidades privadas (empresas transnacionales, empresas tecnológicas privadas, bancos, etc.) y organizaciones militares no estatales (grupos armados terroristas, empresas militares, etc.) o individuos (oficiales y no oficiales) que, supuestamente, supongan peligro inminente a la paz, amenazan a la estabilidad mundial, o que de alguna forma pongan en riesgo la seguridad global.

La aplicación de sanciones busca, entre otras cosas: prevenir o reducir los riesgos de conflictos armados, afectar la conducta internacional, local, regional o interna de un Estado, corporación, grupo armado, o individuo, en tal sentido que detenga o suspenda sus acciones que ponen en vilo la seguridad mundial y la paz, con el ánimo de que resuelva los problemas mediante los mecanismos jurídicos existentes de solución pacífica de los conflictos y a través de medios pacíficos como: el diálogo, negociación, mediación, acuerdos, arbitrajes,  conferencias, etc. En todo caso, las sanciones son siempre medidas coercitivas de carácter temporal y preventivas, tendientes a buscar la paz y garantizar la seguridad y la estabilidad mundial.

El régimen jurídico internacional de la aplicación o adopción de las sanciones en el DI, en contra de un Estado, corporaciones, empresas transnacionales, organizaciones no gubernamentales o individuos oficiales y no oficiales, están regidos por el Capítulo VII, “Acción en caso de amenazas a la paz, quebrantamiento de la paz o actos de agresión”, de la Carta de la ONU. Y el único organismo internacional competente para la discusión, recomendación, adopción y la aplicación de sanciones, de acuerdo con los Arts. 39 al 51, de citado capítulo, es el Consejo de Seguridad (CS) de la ONU, por lo que toda medida coercitiva aplicada fuera de este parámetro normativo de la Carta de la ONU, es ilegal y puede ser calificado por el Estado afectado, como casus belli; y en los casos de corporaciones, empresas transnacionales o individuos oficiales y no oficiales, podría ser calificada como “iustis de causis (justa causa de demanda) ante los tribunales competentes del lugar donde se afectó, negativamente, la persona o personas, con las medidas impuestas.

En el caso de los cientos de sanciones impuestas a la Federación de Rusia, desde hace ya unos 20 años atrás, ninguna de esas sanciones ha sido sometidas a la discusión, recomendación, o la aprobación y aplicación del CS de la ONU, ni menos ha sido sometidas a escrutinio de la Asamblea General de dicho organismo. Todas han sido adoptadas fuera del sistema jurídico internacional, lo cual resquebraja y viola el DI y el orden jurídico universalmente reconocido por los Estados.

La cuestión de la legalidad de la imposición de las recientes sanciones a Rusia, por la UE y los EE.UU. surge, nuevamente, con las operaciones de desnazificación militar especiales que se llevan a cabo por el ejército ruso en Ucrania. Estas sanciones son ya percibidas como “golpe de boomerang”, en contra de quienes las propusieron y las aplican sin aprobación del CS de la ONU, afectándose a sí mismos y a toda la sociedad occidental europea y de los propios EE.UU. Entre estas sanciones está, el sacar a Rusia del sistema SWIFT (expulsaron 7 bancos) e impedirle hacer transferencias de negocios y pagos internacionales, o sea, boicotear la posibilidad de realizar negocios con otros países y entre empresas, con excepción de aquellos países que no se unieron a las sanciones.

Pero Europa, que tanto ha pretendido huir a ser dependiente del gigante euroasiático ruso, ha caído en su propia maraña de políticas miopes: Alemania, el principal motor de la economía europea depende del gas ruso en un 55%, la República Checa y Letonia en un 100%, la UE, en su conjunto depende del petróleo ruso en un 26,9%, del carbón en un 46,7%, y del gas en un 45,3%, sin mencionar otros minerales y tierras rara, tan vitales para el desarrollo de la UE.

De igual forma, se encuentra los EE.UU. que se ha visto obligado a negociar con dos de sus enemigos declarados, la República Bolivariana de Venezuela e Irán, para que le suministren los vitales rubros que ya no importa de Rusia (petróleo y gas), para compensar el faltante en su mercado interno y que empiezan afectar a su sociedad por los elevados precios de la gasolina

Contra la aplicación de dichas sanciones, como cosa curiosa, se están pronunciando los mismos dirigentes europeos y personalidades corporativas de los EE.UU. (como Elon Musk) y altas autoridades estadounidenses, pues al parecer, la irracionalidad emotiva pasta más que, la lógica de la sensatez racional y los efectos a posteriori así mismos.

Recientemente, Josep Borrell, Alto representante de la Unión Europea para los Asuntos Exteriores y Políticas de Seguridad, decía que, “reconoce que la UE no puede prescindir del gas rusos…”. De igual manera ha aceptado que, la Unión Europea ha cometido serios errores en sus relaciones con Rusia, y que se perdió oportunidades para acercar a Moscú a Occidente, pues se hizo promesas a Ucrania y a Georgia de su ingreso a la OTAN, cuestión que nunca sucedió.

En tanto que, el presidente húngaro Viktor Orbán, rechazaba enviar sus tropas militares a un enfrentamiento con Rusia, y Boris Johnson en un artículo publicado en el New York Times, este mes, admitía que “Ucrania no tenía ninguna oportunidad de ser admitida en la OTAN… y que Occidente estaba dispuesta a responder mediante negociaciones a las preocupaciones de seguridad de Rusia…” y se lamentaba de que, “…a la diplomacia no se le permitió jugar su papel…”.

El ministro francés de Economía, Bruno Le Maire pedía “…a las empresas francesas que no se precipitaron a salir de Rusia”, como lo estaban haciendo muchas empresas estadounidenses, por la presión a la que están siendo sometidas, por el propio gobierno de EE.UU., que las perjudica en sus negocios en el  mercado ruso con lo que, lógicamente, les hacen un enorme favor a las empresas asiáticas de países socios de Rusia, en el juego de “si te quitaste tú, me coloco yo”.

Pero una de las economías que, a luces, se ve seriamente afectada con las sanciones, es la de Alemania. El Canciller Olaf Scholz, ha manifestado que, “las materias de energía fósil provenientes de esa parte del mundo (Rusia), son esenciales para la vida diaria de los ciudadanos de Europa… el suministro al continente no puede garantizarse de otra manera en estos momentos… Alemania forma parte de los países de Europa dependiente del petróleo y gas del Este de Europa (Rusia)”, y la actual ministra de Exteriores de Alemania, Annalena Baerbock sobre las sanciones y sus inesperadas consecuencias, ha dicho, “estas sanciones no servirán de nada si en tres semanas descubrimos que no tenemos más que unos días de electricidad en Alemania, lo que es indicativo de que deberían revertirse las sanciones… y si mañana en Alemania o en Europa las luces se apagan, eso no va detener el conflicto.” Y el ministro de Finanzas alemán, Christian Lindner a agregado, “no debemos limitar nuestra capacidad de perdurar en el tiempo. Un embargo a los hidrocarburos rusos tendría un impacto negativo sobre esa capacidad…”

El primer ministro de Países Bajos, Mark Rutte, en actitud escéptica hacia las sanciones a Rusia ha dicho durante una visita a su par de Londres, “la dolorosa realidad es que aún somos muy dependientes del gas y del petróleo ruso…”, y Boris Johnson, en ese mismo encuentro señaló, “es necesario actuar paso a paso…”, respecto a las sanciones en contra de Rusia.

Estos sin mencionar, por ejemplo, la afectación sobre el mercado de otros rubros como las tierras raras y los zafiros artificiales, tan vitales para la tecnología de los EE.UU.  y de Europa usados para los sustratos de micro chips, semiconductores, para pantallas de dispositivos móviles, TV Led, escáner de huellas dactilares, oftalmología, dispositivos médicos, cámaras y videocámaras y la industria espacial, y muchos otros, sin mencionar, la cooperación espacial, el gas y el petróleo, cuya escasez es conducente al alza de los precios de la gasolina y los alimentos; dos de los detonantes sociales de mayor riesgo para la paz social y la estabilidad de las democracias, en cualquier país del mundo.

Zelaya, presidente de la consultora internacional “EKAI Center”, ha manifestado respecto a las sanciones a Rusia que, “esta situación es muy confusa, pues las instituciones que están imponiendo sanciones lo están haciendo sin prever de ninguna manera los impactos”, que han generado y seguirán generando.

Pero como para echar más sal a la herida, este mes fue publicado un informe de “BlackRock”, el mayor fondo de inversiones del mundo y poderosa corporación propietaria de un número muy plural de medios de comunicación global, en el que advertía a los inversionistas que, algunas economías de la UE estarán a corto o mediano plazo en posibilidades de quebrar, y recomendaba no realizar inversiones en países como: Austria, Bélgica, Chipre, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Portugal, España y Ucrania, con posibilidades de afectación muy seria a la moneda del euro.

Las sanciones han afectado a Rusia, que se muestra, de acuerdo con las declaraciones del presidente Putin, dispuesta hacer frente a cualquier tipo de situación que se le presente, por parte de Occidente y los EE.UU., cuestión que ha llevado al gigante euroasiático ruso a emprender una serie de contra mediadas tendientes a equilibrar la balanza de daños económicos causados por las sanciones.

¿Pero cuáles serían algunas de las contra medidas que aplicará el Estado ruso respecto a las empresas extranjeras cuyas actividades se verán afectadas por las sanciones?

Entre las medidas que están llamadas a ser aplicadas, de acuerdo con el Ministerio de Economía de Rusia está, el congelamiento de todos los activos de todas las empresas que suspendan sus actividades comerciales en Rusia, lo cual representa una nacionalización de las mismas, en todo el territorio de la Federación de Rusia, en las que el capital extranjero sea superior al 25%.

Ahora bien, es necesario respondernos sí, estarán preparadas las economías y sociedades de Europa y de los EE.UU. para enfrentar una guerra de dimensiones aún no experimentadas a causa de las sanciones, si a ello hay lugar, o una guerra de emulación económica como resultados de las impensadas medidas, con sus irresponsables consecuencias, en virtud de las declaraciones del viceprimer Ministro ruso, Alexander Novak, en las que afirmaba que, a Rusia le queda la posibilidad de cerrar la llave de suministro de gas a Europa?

La historia de Rusia da cuenta, desde la Rus de Kiev (siglo IX al XIII), a nuestros días, de la tenacidad con la que el pueblo eslavo  ruso ha resistido a las invasiones extranjeras (Vikingos, Pueblos Túrquicos, Mongoles – Gengis Kan, Mongoles – Horda de Oro, Lituanos, Tártaros de Crimea, Polacos – Lituanos, Suecos, Franceses – Napoleón, y la Alemania nazi), y de cómo ha resistido vicisitudes, dolor y penurias, así de cómo ha recurrido al diálogo para evitar los conflictos con sus enemigos extranjeros, y de cómo ha salido victorioso de dichas invasiones. Occidente y los EE.UU. al parecer no han repasado la historia rusa o no han aprendido nada de ella o, simplemente, han caído en el desgano de no leer, y creer que pueden reescribirse a Rusia una nueva historia. Al parecer, no se han dado por enterados que Rusia, no inicia las guerras, sino que, Rusia la termina. Un dato importante a tener en cuenta en el actual conflicto en Ucrania y el acoso de las sanciones, pues todo acto ilegal en el DI, es calificado como agresión y casus belli.

EE.UU. y Europa se han disparado en los dos pies con las sanciones a Rusia, sin mencionar los riesgos de conflicto armado a los que están sujetos, si uno de los miembros de la OTAN se inmiscuye de manera directa en el conflicto de desnazificación de Ucrania, en tanto que, desde Asia y Asia – Pacífico, las transnacionales de los “Dragones asiáticos” sedientos de mercados huelen las nuevas oportunidades que se abren en el mercado de Rusia.

En este orden, la salida de Rusia de MasterCard, American Express y otras importantes firmas estadounidenses de tarjetas de créditos, ha sido de inmediato sustituida por UnionPay de China, con lo cual las operaciones crediticias e interbancarias, en Rusia, podrían continuar, ya no en dólares como moneda de cambio internacional, sino en yuanes chino.

¿Se estará produciendo un nuevo paradigma entre las potencias y renacen nuevos actores potenciales en las relaciones internacionales? Es una pregunta que surge de forma inevitable al darse lectura sobre las nuevas condiciones de la actual correlación de fuerzas internacionales.

¿En este orden, es importante que el lector se pregunte, quién gana, quién pierde y a quien le convienen las sanciones en contra de Rusia?

Por los vientos que soplan, y como cuestión contradictoria, las sanciones podrían beneficiar a Rusia, pues crearán un efecto adverso en su economía, ya que la obligará a diversificarse, a ser autosuficiente, a retomar el control de su soberanía alimentaria, y a desarrollar su producción agroindustrial nacional, en otras palabras, a reinventarse, fenómeno que ya se vivió luego de la anexión de Crimea, en 2014; y claro está, a China, y otras economías de Asia, que entrarán al mercado ruso vacante. De igual forma se vería beneficiado los EE.UU., pues hace más dependiente a la UE, logrando con ello debilitarla, económicamente, y por los quejidos que se escuchan desde Europa, por los altos costos de la energía eléctrica, el gas y los alimentos, es posible afirmar que el único perdedor es la Unión Europea, quien pareciera no tener una postura propia, sino muy dependiente de los EE.UU., y claro está, la otra gran perdedora sería la “bednaya” (pobre) Ucrania, por permitirse ser arrastrada a un conflicto que de acuerdo al presidente Zelensky no deseaba.

Ucrania, en otras palabras, ha sido engañada y estafada, ideológicamente, por las potencias Occidentales con las promesas de su ingreso a la alianza militar Atlántica OTAN y a la UE a sabiendas que no contaba con el mínimo de las condiciones políticas, económicas, de seguridad y constitucionales para ese paso.

El Art. 17 de la Constitución de Ucrania, entre otras cosas dice (casi al final de dicha norma) que, “La creación y funcionamiento en el territorio de Ucrania de cualquier fuerza armada no prevista por la ley está prohibido. No pueden localizarse bases militares extranjeras en el territorio de Ucrania.”, con lo cual de hecho era imposible, si nos ceñimos a los aspectos legales, que Ucrania tuviera oportunidad de ser admitida en la OTAN. Esto sin mencionar que, Ucrania en el presente mantiene presos políticos en sus cárceles, ha clausurado medios, prohibido partidos políticos y su proceso electoral es un bouquet de corrupción criticado por la propia Unión Europea en diversas ocasiones, por lo que, de no superar dichos vicios sine qua non que la descalifican para ser admitida en la UE, está nunca tendría oportunidad para realizar dicho propósito.

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