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Las dificultades son entrenamiento.|

Por alguna razón, explicable tal vez, el ser humano valora más, los bienes escasos. Aquellos a los que tiene dificultad para encontrarlos o le son altamente onerosos.

Venido del campo, donde en octubre y noviembre, siempre había mucha lluvia, y todos los caminos estaban llenos de lagunas, aún ordeñar de madrugada, bajo la lluvia, era una hazaña, no solo por el frío, sino porque el ganado se estresaba altamente en el encierro dentro del corral que además estaba llenos de agua lluvia, orine y excremento del ganado.

En pleno invierno y con muchos días grises, de muchos aguaceros, donde el sol muchas veces ni siquiera se asomaba, muchas personas, trabajadoras, tenían que ponerse la ropa mojada del día anterior, porque no hubo sol para secarlas.

No había, como ahora, secadoras que hicieran el trabajo. Así, entre sudor y agua, el cuerpo enfrentaba una baja del sistema inmunológico y muchos se enfermaban de las vías respiratorias, pero no había licencia por enfermedad, de modo que, seguían trabajando aún enfermos y no pocos terminaban como mi abuelo paterno en 1910, con una neumonía que acabó con su vida, dejando a mi padre huérfano de tan solo 5 años de edad.

La vida para muchos, como para mí, nunca fue fácil, y el destino dispuso que asumiéramos muchas pruebas que, hoy doy gracias a Dios por ellas, porque sin saberlo, me estaba capacitando para las dificultades que ahora enfrentamos y que requerían sin duda, del entrenamiento que en forma de problemas se me presentaron entonces.

Cuando estaba muy joven, llegó a mis manos, por intermedio de José Antonio Brower, constituyente de 1946 y el orador de fondo del 12 de diciembre de 1947, en el rechazo popular del Tratado Filos Hines, un libro que devoré en un par de días, se llamaba “Así se templó el acero”.

Así se templó el acero narra la vida del joven Pavka Korchaguin, quien sufre en su infancia las vicisitudes y la pobreza de la mayoría del pueblo ruso, igual al nuestro, viéndose obligado a dejar la escuela y comenzar a trabajar. El triunfo de la Revolución de Octubre constituye un cambio trascendental en la vida de Pavka, quien se entrega con toda su voluntad a las tareas de la Revolución, y no desfallece por difíciles que sean las circunstancias y continúa la lucha aun cuando se quebrante su salud. Yo me sentí retratado en ese joven personaje, porque yo también era y sigo siendo revolucionario, y creo como Pavka, que la sociedad, el pueblo merece todos nuestros desvelos para que le cambie el destino de opresión que ha vivido sempiternamente. Por esos días leí también El hombre Mediocre de José Ingenieros y también otro que se llama; Las Fuerzas Morales.

De modo que, cuando militaba en el movimiento estudiantil (FEP) y juvenil del país, en medio de la lucha por la recuperación de nuestra soberanía, el rescate del Canal y apoyábamos a Omar Torrijos para desmantelar el enclave colonial de la Zona del Canal, la extinción de las bases militares extranjeras, desarrollar, además, la liberación nacional y sacar de la pobreza a los campesinos, indígenas y la gente que no contaba en el país, no dudamos entregar todo lo que estaba a nuestro alcance, porque entendía que cuando se abre la puerta de la oportunidad de la emancipación popular, no se puede esperar, sino que hay que apresurarse y hacerlo diligentemente y con precisión. Esas puertas, que abre Dios, no suelen abrirse todos los días.

Esas dificultades que viví, me sirvieron para, en medio de la Cruel Invasión del 20 de diciembre de 1989, mantenernos firmes, aunque nos sentíamos muy solos, no nos doblegamos ante la bota de la soldadesca norteamericana que profanó el altar sagrado de la patria, y en medio de las bombas, de los miles de presos y muertos, decidimos crear El Periódico, que fue el único medio nacional que, no escondió la verdad.

Enfrentamos a los que clamaron y celebraron la destrucción de la patria, sus instituciones, los que bailaron y abrieron las botellas de champaña mientras desangraban y ardían barrios pobres del país, destruían escuelas, oficinas públicas, y sembraban la violencia de la que no nos hemos podido librarnos desde hace más de treinta un años.

Anunciaron el restablecimiento de la democracia, y lo que hemos vivido sin ninguna duda, es el proceso de un gigantesco atraco (latrocinio), al patrimonio de todos, la corrupción se ha sentado en el poder público y la famosa democracia, no deja de ser una gran farsa, una gran mentira y una gran estafa al pueblo panameño.

La tarea que tenemos los panameños por delante es ciclópea. Restablecer al país de todos y no, de unos cuantos y adecentar todo, porque todo está purulento, incluyendo a la Justicia, que se ha encargado de encubrir y proteger a los grandes criminales que le han hecho tanto daño a la patria.

¡Así de sencilla es la cosa!

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