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La moral del Gallote

 

Por. José Dídimo Escobar Samaniego

Suele el animal carroñero, llamado gallote, revolcarse con animales muertos, morrinas y carroñas y luego que las deglute, suele limpiarse el pico y además como corifeo de final de acto, extiende sus alas orgulloso y presumido de su actuar.

Así, similar a las aves carroñeras, algunos miembros del partido Cambio Democrático, que después de haber compartido la mesa de los indecentes, algunos con conocimiento y otros con algún grado de participación en el deterioro, socavamiento de los bienes públicos e instituciones gubernamentales, hace menos de ocho años atrás, en que las compuertas de la corrupción fueron abiertas de par en par, en la que el partido patrocinaba la compra de la voluntad de muchos diputados de otros partidos, y se impuso en el país el descaro y la concupiscencia, ahora, como si de repente salieran mágicamente de esa borrachera, en la que en un solo periodo, preelectoral, y pringando a decenas de municipios y Juntas Comunales, se fumigaron casi 500 millones de dólares, ahora anuncian al país que retoman el camino de la moralidad y condenan a los que igual que ellos, no pueden sostener el argumento de moralidad alguna.

Se trata entonces, de que, los buitres empiezan una pelea contra las hienas en medio de los cadáveres de la mortandad moral, donde se han perdido las proporciones, dado que no tiene ninguno de ellos, la estatura para señalarle al país el rumbo que no sea, el hueco de la barranca del monte Taigeto o el Seol.

Olvida el partido CD que también es dirigido por un panameño de nacimiento que, hace como treinta años adoptó la nacionalidad norteamericana y que tácita y automáticamente se le suspendió la ciudadanía panameña, y no ha cumplido hasta ahora con el procedimiento constitucional para que le sea restablecida, por lo cual es panameño, pero no ciudadano panameño y por tanto, no puede dirigir una institución de derecho público como es un partido político y los cargos que ha ocupado, en los que todos sus actos, en un Estado de Derecho Pleno, serían todos nulos, por adolecer de la capacidad jurídica que otorga la ciudadanía con los respectivos derechos políticos restablecidos.

Así las cosas, el país, lo único que observa en esta ocasión, es un acto más de engaño, de querer aparentar lo que es imposible poder ser, porque la integridad no es un vestido que se compra en la avenida, ni en ninguna tienda, sino una vestimenta que se lleva por dentro y que se manifiesta en actos sublimes de amor a la patria y respeto a la dignidad de todos los panameños.

¡Así de sencilla es la cosa!

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