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La crisis social que está sucediendo en Panamá

Por Gonzalo Delgado Quintero

Lo que sucede en Panamá, es solo el producto de la extensión de una crisis mayor. La guerra entre Rusia y Ucrania ha provocado, como efecto de dominó, una situación de desequilibrio en la sociedad global.

El incremento en el precio del petróleo y el gas, la escasez de alimentos, el costo del transporte, la especulación en toda la cadena de la comercialización de productos, bienes y servicios son entre otros, la evidencia de que, en efecto, todo es debido a este conflicto iniciado hace cinco meses y que contrajo aun más la dinámica económica que ya venía siendo afectada por la pandemia de la Covid 19. El beneficio de esta crisis mundial solo se refleja en el evidente crecimiento exponencial de las ganancias de la industria armamenticia.

La crisis social generada por la pandemia, seguida de la guerra ucraniano-rusa y del debilitamiento de los modelos económicos de las últimas tres décadas, ha saturado las capacidades comprimidas del recipiente de las culpas. Esta circunstancia de devaluación general que ya se estaba sufriendo se tornó más crítica con la Covid y para apretar aun más la correa, vino este conflicto en Europa del Este.

Ya éramos mucho y se parió la abuela. De por sí, el niño era llorón y lo pellizcaron. Me refiero a la  circunstancia del gobierno. Tuvo que subsanar las deudas y el desorden fiscal dejado por los dos gobiernos anteriores, hacerle frente a la pandemia, a dos huracanes (ETA e Iota) y 12 tormentas más y ahora, esta crisis. Sin lugar a dudas, no ha sido fácil, pero también, en ese recipientes de culpas, se contiene algo de desperdicio propio.

El mal manejo de los problemas heredados, donde no hay en firme, ni una sola acusación, la nunca aclarada situación con los respiradores, que nunca fueron comprados, pero sobre el cual, no se tuvo la capacidad de dar una explicación diáfana por la total incapacidad de la instancia de comunicación y que condujo al debilitamiento irreparablemente de la imagen del gobierno a lo que se le debe añadir la frágil y laxa forma de atender algunos problemas, lo que fue abriendo espacios a las apetencias oportunistas de algunas figuras políticas en la Asamblea Nacional de Diputados (AND), entre otras cosas, empujó en caída libre a la gestión gubernamental. Un descenso todavía sin visos de ralentizar y menos detenerse.

Y todo ha sido mera falta de capacidades de un verdadero equipo de gobierno. El Presidente Laurentino Cortizo Cohen, dio oportunidad a figuras nuevas, tanto de edad como en el hecho de nunca haber participado en la gestión pública y creo que ese fue su mayor error. Al gobierno no se va a aprender, se entra sabiendo qué vas a hacer. Es una dinámica en la que se conjuga el conocimiento dual de la técnica y la política. Es un proceso técno-político, al buen decir de Carlos Matus. Y en ese proceso, entender cuáles son los actores del juego social. Algo que todavía no se ha entendido bien.

Por eso es que aún no se quita, ni se quitará de la psiquis colectiva, el criterio de una co-gobernanza del país, que fue remachada con evidentes acciones en la dinámica de las pasadas elecciones internas del Partido Revolucionario Democrático y lo que sucedió en el reciente ¡¿cambio?!, sin cambios, en esa augusta cámara (AND), el pasado 1 de julio, son entre muchos otros, el resultado de alargados problemas sociales desatendidos y que obviamente, iban a reventar en cualquier momento, independientemente del gobierno que estuviere al frente de la nave del Estado. Bueno, le tocó a éste y punto.

Los pueblos entienden, aguantan, solo a pelear se plantan, pero nunca se detienen. Acaso creían que los panameños se detendrían. Pues, no, simplemente porque lo que está ocurriendo es estructural y precisamente, el resquebrajamiento sociopolítico, es el resultado del tope al que ha llevado el propio modelo económico. O acaso alguien cree que la guerra en Ucrania está al margen de esa crisis económica actual provocada por los promotores del modelo neoliberal. Es lo contrario, con esa guerra ellos, quieren reflotar su economía, algo que también será imposible.

Lo que vaya a suceder en Panamá, por ejemplo, llegar a acuerdos consensuados en la mesa recién instalada en Santiago de Veraguas, bajar o congelar el precio de los combustibles, normalizar el transporte, volver a clases, reactivar la cadena de proveeduría de alimentos, restablecer la situación comercial y empresarial en todas sus formas, vienen a ser temas multidimensionales que requieren igualmente múltiples capacidades entre las que impera, ceder intereses personales o de grupos, arriar las banderas de la politiquería e izar el pabellón nacional que es el que nos identifica a todos los panameños.

Es entender que mientras no haya desarrollo social sostenido, de nada sirven acuerdos parches. Es necesario tener en cuenta que el país somos todos y no un pequeño grupo que se viene, desde hace rato, sirviendo con la cuchara grande, mientras que la mayoría aun no ve cimentada siquiera sus esperanza para el mejor futuro de sus hijos y nietos. A eso y por muchas otras cosas más, es a lo que se debe que se haya prendido la mecha del combustible que aun arde en este momento en nuestro país.

El autor es periodista y escritor.

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