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EL FIASCO DE LOS PANDORA PAPERS.|


Por: Octavio Amat Chong

Buen periodismo, pero se descalifica por desconocer a profundidad el tema que investiga. Emprende a palos, ojos vendados, contra una piñata cuyo contenido ignora. El presidente Obama dio una vez respuesta certera a una pregunta, que le hicieron a raíz de publicaciones sobre lavado de dinero, paraísos fiscales y la implicación de grandes empresas y personajes de su país y el mundo. Dijo que había que tener cuidado, una cosa es “defraudación fiscal” (declarar y pagar lo que la ley dice) y otra “la eficiencia fiscal” (declarar y pagar lo menos que la ley permita).

Los papeles de Pandora son una lista interminable de compañías, fundaciones, operaciones y personajes que negocian, producen y mueven grandes capitales, un entretenido recuento de mega ricos. Nada que no se hubiera hecho, de un modo u otro, desde el Medioevo y antes de Cristo. En una parábola, se castiga a un mal gerente de negocio ajeno, que entierra una moneda en vez de invertirla y multiplicarla. Los grandes descubrimientos geográficos, desarrollo científico y exuberante progreso humano hasta nuestros días, habrían sido imposibles sin aglomerar y organizar grandes capitales, funcionando bajo reglas seguras. Así se crearon las sociedades anónimas, los fideicomisos, las compañías de seguro y demás. Otro detalle es que la riqueza siempre emigra a lugares como Islandia, que ofrecen mejores condiciones para crecer. Pero volvamos al tema.

Un ejemplo de defraudación. Un predio agrícola produce 1,000 y paga impuestos al 50% o sea 500, en un país de la OCDE. Si declara menos de lo que debe, digamos 800, paga 400, defraudando 100. Ese podría ir a Pandora. Si, en cambio, con arreglo a la ley, divide el predio en dos y destina uno para forrajes y otro al pastoreo, es posible que pague 200 sumando ambos. Se ahorra 300 (antes de dividirlo pagaba 500). Eso es eficiencia. Admito, es discutible, hay argumentos a favor y en contra. Todo en Derecho es así, por eso hay jueces y abogados.

Incluso Abraham tuvo la osadía de litigar con Dios, hasta que perdió una revisión. ¿Y la ley? Igual, está sujeta a interpretaciones. ¿Adónde queda el delito de lavado? De eso debió ocuparse Pandora, entendiendo por lavado, el mal uso de la ley con el fin de delinquir, de ocultar y sacar provecho de dinero sucio, mal habido. Hablamos de narcotráfico, peculado, terrorismo, contrabando, trata de humanos y otros. ¿Cómo hacemos con los pobres, si los grandes capitales buscan eficiencia? Cambiar las leyes. Ver qué hacer con las gigantes tecnológicas en todos y en ningún lado. Pero no culpen a quienes, con estricto apego a reglas, tratan de maximizar réditos, reducir gastos, pagar sólo los impuestos debidos y ser más eficientes. Y menos a los países chicos, pretendiendo atraer insignificancias, comparadas con los emporios desarrollados, que lo quieren todo.

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