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De la aristocracia del talento y la meritocracia al burdo clientelismo burocrático

(Un artículo dedicado a Steve Anderson)

Por Gonzalo Delgado Quintero

Steve Anderson

Cuando en 1979 se funda el Partido Revolucionario Democrático (PRD) pasé a ser parte de la juventud, en ese momento dirigida por Luis “Lucho Gómez”, después con una mayor experiencia también participé en el periodo de Luis Carlos Cabezas. Esa etapa fue muy importante en cuanto a nuestra formación política, porque entonces, había una real preocupación por la formación política y profesional de los jóvenes.

Tuve la oportunidad en esa época de conocer y hacer amistad con muchachos talentosos y sorprendentes, de alguno de ellos no recuerdo sus nombres, pero todos me han de dar la razón, sin reclamos, cuando sí, recuerdo nombres como el de Andrés Muñoz, a quien por su estatura le decíamos Tatto, en alusión al personaje de la serie televisiva “La Isla de las Fantasías” y su frase famosa: “Llegó el Avión. Pero Andrés fue un gran político, conocedor de las ciencias políticas y el derecho y funcionario talentoso de muchos años en la ACODECO.

En ese periodo conocí a Ernesto Santos Rodríguez, Ricardo Rentería, Manuel Scott, Gustavo Torreglosa, Hermiselda Perea, Israel Martínez, que pertenecían al Movimiento de la Juventud Panameña (MJP), una organización juvenil surgida desde la histórica DIGEDECOM. En esos tiempos también conocí a Rubiel Cajar, a los hermanos Raúl Gómez y Roberto Gómez Guerrero (qepd), Javier “Patacón” Ortega, Dora Sáenz, Héctor Alemán, Rafael Tejada, Abraham Martínez, Dídimo Escobar. En esa misma época conocí a Juan Mackenzie (qepd) y por supuesto a su hermano Steve Anderson, cuyo fallecimiento reciente nos deja un gran vacío y tristeza perenne.

Años después, todavía muy jóvenes, nos incorporamos en el Frente de Servidores Públicos del PRD, dirigido entonces por Benjamín Colamarco, una instancia que propició la creación de la Federación Nacional de Servidores Públicos (FENASEP) coadyuvando el esfuerzo que orientaba Héctor Alemán y otros copartidarios. Héctor Alemán fue el primer Secretario General de la FENASEP.

Entonces se hacía mucho énfasis en la necesidad de la preparación académica y laboral de los funcionarios que trabajaban en las diversas instituciones del Estado.

Hace pocos meses atrás cuando se desarrollaban las primarias conversaba con Steve, de lo que era el propio partido de antes que propiciaba seminarios nacionales e internacionales, se seleccionaba en base al mérito cada puesto que se iba a ocupar, se realizaban exámenes de admisión y psicológicos; también, se incentivaban y creaban condiciones para que toda persona que no había culminado estudios ya fueren primarios, secundarios o universitarios terminara sus estudios. En tanto, para los profesionales que ocupasen puestos, se ofrecía capacitaciones continuas de afianzamiento y actualización.

En las instituciones se fueron creando los departamentos y direcciones de capacitación, algunas adscritas a las direcciones de Recursos Humanos de las diversas instituciones, pero el fin era lograr el mayor desarrollo del recurso humano institucional. Al menos, así fue en la década de los 70 y 80 y muy bien vigilado por el Ministerio de Planificación y Política Económica. Con el cambio hecho a ese ministerio, ahora MEF, se perdió igualmente, la posibilidad de desarrollar de manera planificada, las capacitaciones gubernamentales del recurso más valioso del país.

Hoy, lo que se observa es terrible. Hoy, lo que impera no es el valor que debe tener el esfuerzo de un joven profesional que se quemó las pestañas e hizo un gran sacrificio para conseguir un título universitario. Hoy lo que se impone es la recomendación del diputado con influencia en las diversas instituciones que dice en una carta, nómbrese a esta persona con tanto de salario por el simple hecho de haber caminado en la campaña electoral de su circuito.

Por ello, en casi todas las instituciones se observan nombramientos de personas con salarios muy superiores a las capacidades académicas, laborales y profesionales, mientras que a muchos profesionales con una gran preparación académica, con comprobadas experiencias, con excelentes hojas de vida, en una especie de tómalo o déjalo, son nombrados con sueldos pírricos porque precisamente, ese salario que le debió corresponder por razones de mérito y preparación, ya le fue asignado al bien recomendado que no puede, porque no está capacitado, retribuir con trabajo, lo que se le están pagando y que finalmente termina siendo un garrafón que se la pasa mariposeando.

Este tema de las recomendaciones clientelistas que hacen los políticos, solo está incrementando el pensamiento del despropósito en los jóvenes. Eso de que, para qué estudiar si es mejor apoyar a un diputado o cualquier otra figura, que al fin y al cabo son los que me van a resolver un buen nombramiento.

Estamos en el contrasentido del camino hacia un Estado moderno, profesionalizado y dinámico; que no sea corrupto, coimero y clientelar. En este tema, uno apenas de los tantos entuertos que hay, todos tenemos algo de culpa al haber permitido que hoy en día, el lumpenazgo y la yeyezada se hayan tomado las estructuras políticas y, ahora, sean los que mandan.

Nuestra esperanza es que se acabe con la maleantería politiquera, con la narcopolítica, la corrupción y el clientelismo que cada vez más, carcome a la sociedad envilecida  en los antivalores que niega el civismo y se va trastocando y encostrando con la evidente actitud de un votante diezmado que de manera exacerbada actúa bajo el  criterio del que hay pa’ mi.

La necesidad del Estado panameño tanto en el escenario nacional como el internacional, impone retornar al principio de la buena administración, para ganar capacidades que puedan atender todos los requerimientos que necesita mantener el país y que pueda suplir las exigencias que aún nos mantiene como un punto de referencia mundial. Para estos efectos, la aristocracia del talento y la meritocracia deben imponerse al momento de los nombramientos para no estar observando la tragedia pública del mal manejo de algunos altos funcionarios, quienes de manera displicente pareciesen no importarles las críticas objetivas que le hace la opinión pública.

Este escrito lo dedico y a través del mismo expreso mi profundo sentir por el prematuro fallecimiento de nuestro amigo ideológico, Steve Anderson, una persona desprendida, de pensamiento superior y de fino actuar político que emprendió el camino al encuentro de otros de su generación como Roberto, Andrés, Juan su hermano y muchos otros que también se nos fueron en esa marcha por el sendero que conduce a la eternidad.

El autor es periodista y escritor

 

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