
Por: Ramiro Guerra.

Se sobreentiende, que los empresarios que son reacios a la negociación de convenciones colectivas, obran con un sentido de mezquindad, en tanto que tienen a su plantilla laboral, como robots únicamente para generar riqueza a su servicio. Procuran introducir en el marco de la relación de trabajo, un régimen cuartelario, lo que les facilita grados perversos de explotación e injusticia.
La negociación colectiva, que tenga como objetivo, la convención colectiva, vino a constituir un gran avance hacia formas democráticas en el manejo de las relaciones de trabajo, de tal suerte que éstas se den mediando un sentido de equidad y equilibrio.
Las convenciones colectivas, constituyen una herramienta para un justo reparto del producto social al igual que inyecta recursos para el consumo en la lógica del mercado.
Oponerse a la negociación de una convención colectiva, no solo es contraproducente para la economía, que no es cualquier cosa, sino que, en la lógica del mercado, afecta a las empresas, en tanto que limita el crecimiento del consumo.
En un escenario, del poder oligarquizado y elitista, hay empleadores que les cuesta entender lo anterior. Son muy apegados a relaciones de servidumbre y antidemocráticas. Rehuyen y rehusan la negociación, la libertad sindical y la huelga.
En nuestro país, existen empleadores con ese talante; algunos de ellos con esos patrones traídos del extranjero y por ello, instalados en el país, son recurrentes en violar los derechos sindicales.
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El Periódico de Panamá Revista de Análisis Político, Económico, Social y Cultural.