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Utopía Y Dialéctica

Por Ramiro Guerra M. Abogado y cientista político.

 

El sustantivo certeza, hoy solo tiene sentido en cuanto a la existencia. Existo y punto.

Lo puntual y cotidiano en nuestro tiempos, al decir de Zygmunt Bauman, es la incertidumbre. Acota este autor que, lo que se tiene como a largo plazo, en un día, veinticuatro horas se disuelve, se diluye por la velocidad de los cambios.

Certeza, tal vez de lo que fue, no de lo que vendrá. Vivimos en una sociedad preterizada; rápidamente quedamos sumergidos en lo que fue y pudo ser.

Es la dinámica de la incertidumbre. La educación forma y forja para ser un dato del mercado, un cliente consumista. ¿Hacia donde se dirige nuestra sociedad? Muchos nubarrones en el horizonte; la visibilidad se traduce en un cortoplacista.

Lo coyuntural reemplaza en su totalidad la estrategia. Esto se traduce en más y más incertidumbre. Lo trivial deviene fundamental. (Ver artículo de mi autoría, «Lo trivial en filosofia»).

No se trata de enfoques pesimistas, sino describir el como se desenvuelve el concepto de la temporalidad en nuestro tiempo. El sujeto queda a merced de severos grados de enajenación que da por verdadero todo lo que se ofrece en el bazar del pensamiento y el hacer o no hacer.

Lo trivial y la incertidumbre, son signos de nuestros tiempos. Es la época donde lo utópico puede ser la diferencia o como escribiera Antonio Gramsci, pensar siempre en que el optimismo es una gran fuerza productiva.

Escribió Raúl Leis, las utopías mueven la historia. No hay que temer a ser minoría. Volver sobre los caminos de la certeza, un gran desafío. Lo trivial en filosofía conduce a afirmar, que todo lo que ocurre a nuestro alrededor, se tiene como verdadero.

Se reitera en la afirmación de Aristóteles, en el sentido de que no hay, ni existe la contradicción. Postula la no contradicción. Lo trivial en filosofía, rivaliza con el escepticismo, la duda y la crítica.

Karel Kosik, en su libro Dialéctica de lo Concreto, críticamente desnuda la posición mencionada, cuando enfáticamente señala que el fenómeno o los fenómenos, traducen información superficial, que no dan cuenta del cómo se desenvuelven las contradicciones que suelen ocultar el fenómeno o tales fenómenos.

Estos suelen inducir al síndrome de la manipulación; irrelevante si es intencionado o no, sencillamente la no revelación de la esencia que el fenómeno no externaliza y por eso hay que se cauteloso (duda) de que todo los que se nos dice, es verdadero.

Hoy, hay que estar advertido sobre la constante recurrencia a la fenomenología como única y verdadera revelación de lo verdadero.

Los factores de poder mediáticos son expertos y eficientes en esto de la exaltación fenomenológica.

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