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Una visión biopsicosociocultural de las guerras.|


Por: Pedro Rivera

Cuando hay dos bandos en conflicto es muy difícil tercerizar. Generalmente la comunidad se bandaliza, con «b» de banda, a la manera de si no estás conmigo estás con mi enemigo, así: blanco y negro, sin grises, sin café con leche, ni chocolate, ni té.

La racionalidad en esta dimensión participa en segundo plano, subordinada, en este juego de máscara contra cabellera, sin árbitro, de fanáticos danto gritos en las graderías, mientras los dueños del espectáculo operan atrincherados en los bunkers con sus cajas registradoras debajo de los sobacos.

Se debe saber que la psique humana está Bio químicamente configurada. El entramado de neurotransmisores y flujos hormonales, en permanente interactuación con el medio ambiente social y cultural, tienen un peso definitivo en la conducta humana.

Este complejo entramado cerebral regula las relaciones individuales y las diversificadas agrupaciones humanas, en sus contextos, siempre transitorios, con apego a las normas atinentes a la supervivencia, ya sea en etapas de paz conflictuada o de enfrentamientos letales.

En otras palabras, los seres humanos rivalizan en forma individual o colectiva, agrupados territorialmente [en familias, clanes, tribus, reinos, naciones, países, estados, confederaciones, imperios. supra imperios] en disputa, hoy, de la globalizada biosfera, a la que han convertido en un gigantesco coto de caza.

Hay que destacar que todos los seres vivos, incluyendo a los mamíferos, escogen al espécimen que consideran más aptos, bautizados alfas, para encaminarlos según cada contexto, en la dirección de sus atávicos intereses de supervivencia territorial.

A lo largo del proceso evolutivo, este cromañón antropocéntrico, autoidentificado como sapiens-sapiens, ha creado —sigue creando— en un esfuerzo por humanizarse, una serie de normas, principios y valores para garantizar el todavía precario equilibrio entre instintos, emociones, racionalidad y naturaleza.

Las mentalidades científicas deben entender este fenómeno del mundo orgánico, no para incidir en las coyunturas, lo cual es imposible, pero sí a largo plazo para elaborar una estrategia encaminada a elevar la condición humana, sin necesidad de recurrir a la ingeniería genética, ni a los experimentos del tipo Josef Mengele, el Ángel de la muerte.
No te rías.

 

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