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Panamá: Prohibido enfermarse 

Por: Carlos Ochoa E. 

Para nadie es un secreto, que nuestro sistema de salud es un verdadero desastre, de allí que es frecuente escuchar, que el sistema de salud de nuestro país está enfermo y en “cuidados intensivos”, la frase no una simple alegoría, es una realidad descarnada. Pero cuando se habla de salud, generalmente solo se piensa en la Caja de Seguro Social y el Ministerio de Salud, dejando por fuera el sector privado, donde es evidente y obvio que la salud es un negocio y no un derecho humano, sencillamente si usted no tiene dinero lo dejan morir, ni siquiera en una urgencia lo atienden. 

En las instalaciones de la Caja de Seguro Social ocurre los mismo, si no es asegurado no hay manera que lo atiendan, ni de urgencia, igual que en la salud privada. Muérase. Peor aún, asegurado o beneficiario, no pocas veces si no tiene los documentos que comprueben tal condición, no lo atienden, a pesar de que con la tecnología se puede verificar, en el acto, a través de una computadora, su condición laboral. 

Los que no pagan seguro social son desempleados, un nueve por ciento de la Población económicamente activa (PEA) o están en el mercado informal, esa población tiene que atenderse a través de los servicios del Ministerio de Salud, Puestos de Salud, Centros, Poli Centros u Hospitales, regionales o nacionales, donde lo que abunda es la escases de todo, acompañada del trato nada amigable de no pocos funcionarios que brindan la atención a los usuarios. 

Si bien los costos de la atención en las instalaciones del Ministerio de Salud no son tan onerosos, también pasa igual que en el Seguro Social, “no hay” y no solo no hay medicamentos, tampoco existen otros insumos y productos esenciales y vitales para restablecer la salud y tener calidad de vida. 

Aunado a esta cruda realidad, nos encontramos con un sistema de salud anacrónico y arcaico, pato céntrico, que se fundamenta en atender las enfermedades y no a la persona enferma, conocido como sistema curativo, “biologicista”. La prevención de las enfermedades y la promoción de la salud (estilos de vida saludables), que tanto se pregonan no son más que “canto de sirenas”. O como se dice en bien panameño “puro cuento”, el sistema sigue siendo curativo en un 97 por ciento. 

Si sumamos lo que paga el pueblo panameño en cuotas de Seguro Social, cientos de millones al año; lo que gasta el Ministerio de Salud en atención a la población, más lo que lo que se gasta en atención en las clínicas y hospitales privados, se llega fácilmente a una conclusión nada halagadora, somos un país de enfermos o algo se está haciendo terriblemente mal, en cuanto a políticas y estrategias en materia de salud, no quiero creer que intencionalmente se esté rascando donde no pica, para disimuladamente favorecer a los que han hecho de las enfermedades, no de la salud, el más lucrativo negocio. 

Como el tema está de moda y ahora que se propuso una ley para que los pensionados por vejez (jubilados) no paguen la cuota a la Caja de Seguro Social, quiero referirme a un hecho insólito, salvo mejor criterio. Se llega a pensión por vejez, luego de haber cumplido los 57 años y 62, mujeres y hombres respectivamente, pero eso es un impedimento legal ni físico, para seguir laborando, en la misma empresa u otra, ya que la edad laboral se extiende hasta los 75 años, si así de desea y se puede. 

Si usted sigue laborando después de pensionarse por vejez; su patrono le sigue descontando la cuota de Seguro Social y además el patrono paga lo que le corresponde. Veamos lo que ocurre: de su pensión por vejez la Caja de Seguro Social le cobra el 7,25 por ciento de su pensión, que se supones es para la atención médica. Pero además usted paga 9,0 por ciento de su salario, como cotizante activo y el empleador paga el 12,0 por ciento. ¿A dónde va a parar ese dinero? 

La Caja de Seguro Social no le reconoce absolutamente nada en caso de accidente, enfermedad común, ni riesgos profesionales aduciendo que usted esta pensionada por vejez, pero eso no es indicativo que usted no puede seguir trabajando y además cotizando. Es necesario recalcar que el pago de la pensión es del dinero “ahorrado” por el trabajador a lo largo de 24 años como mínimo. Otro dato interesante es que, de esas cuotas, pagadas después de pensionarse por vejez (jubilación), a la postre, cuando el trabajador se retira definitivamente no le reconocen el 1.25 por ciento, por sobre cuotas, monto que se suma al 60.0 por ciento, que es lo mínimo de una pensión por vejez después de haber cumplido las cuotas requeridas. 

Con esto y otras vilezas que pasan en la Caja de Seguro Social, donde desaparece miles de millones de dólares cada año, en medicamentos e insumos para la salud humana o en gastos injustificados, uno puede pensar que, en la Caja de Seguro Social, hay un agujero negro que nadie ve o que es una réplica del Triángulo de las Bermudas. 

El autor es Profesor de Geografía e Historia y sociólogo 

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