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La minería explota el país, roba la soberanía, contamina y se lleva los minerales. |


Por: Gonzalo Delgado Quintero

A raíz de un incidente medio – ambiental en Donoso, provincia de Colón, debido a la explotación que realiza en esta zona, Minera Panamá, que afectó de manera evidente las aguas de algunos afluentes, y aunque no somos expertos, se nos ha pedido nuestra opinión y por tanto, hemos escrito más bien preocupados por esta situación, iniciando por señalar que lo sucedido implicaría una investigación prolija de lo que vienen ocurrido. Esta debe ser una supervisión encabezada por el Ministerio de Ambiente (MIAMBIENTE).

Esta institución informó en principio que la turbiedad del río Pifá era, probablemente, debido a un daño en la tubería que conduce el material extraído de la actividad minera y después cambió la versión por medio de un boletín a través del cual se aclaraba que se había producido una rotura en el punto de la soldadura de la tubería transportadora de agua para el relave de material.

Sin embargo, independientemente de estos daños ecológicos, innegables, la minería en este caso a cielo abierto, es una actividad que produce extraordinarios impactos ambientales imposibles de revertir; además rompe con cualquier patrón de asentamiento humano y cultural y va creando un ruido visual no retornable.

Como sea, es la depredación del medio ambiente, sin contemplaciones, sin mitigación real y que al no poder disimular ni ocultar, entonces, recurren a profusas campañas de publicidad engañosas para adormilar a la opinión pública en concubinato con medios de comunicación social al servicio de ellos. Al final los beneficios y amplias ganancias solo es del provecho exacerbado de un pequeño grupo que se dedica a este tipo de explotación por diferentes partes del mundo. Sobre el beneficio que deja la minería en nuestro país, éste es ínfimo si lo comparamos con otros países no tan lejanos como Chile y Perú.

Este pequeño grupo se queda con el cobre, bronce, oro, plata y demás, mientras que la población en general y las comunidades que viven cerca del área minera, solo quedarán con los nefastos resultados de la lixiviación (disolvente) de la tierra por el uso de los químicos tóxicos que son utilizados y que regularmente son el cianuro, mercurio y ácido sulfúrico. Esto es lo que viene a ser la extracción de la materia que la vuelven soluble mediante estos disolventes y que permite la selección del material buscado. Al final, la ejecución de esta explotación sólo deja grandes cráteres y pobreza comunitaria, cuando se clausura la actividad y después es imposible desarrollar cualquier actividad agropecuaria o de otra índole, porque todo queda envenenado por cientos de años. Donde hubo minería, de pueblos fantasmas hay muchas historias.

Con Minera Panamá hay muchos problemas; pero dos que sobresalen en estos momentos. El primero es el poco aporte al país en comparación con lo que sustraen en minerales, sin que haya una supervisión real del tipo de material que se están llevando por encima de lo que establece el contrato leonino que mantienen con el Estado y por supuesto, el otro problema es el daño ecológico que están ocasionando, sobre el cual tampoco hay mayor vigilancia.

En la parte económica acaso están fijadas bien las reglas de royalties, que permitan las designaciones de las cantidades que se deben pagar al dueño (Estado) a cambio del permiso para ejercer la actividad, tal y como es obligado en otros países mineros. Dónde están fijadas las regalías que puedan asegurar los ingresos para Panamá en los años con pérdidas tributarias. Los recursos minerales pertenecen a todos los ciudadanos; al Estado, que es soberano para llevar a cabo cómo y en qué condiciones se deben desarrollar las actividades de explotación cuyos resultados deben ser a favor de un desarrollo inclusivo de la economía del país.

En Chile la participación que tiene este país representa el 11 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB), mientras que en Perú es del 8,5 por ciento. Cuánto es lo que percibe Panamá.

El segundo que corresponde a la parte ecológica de los problemas, queda en esa área y se distribuye principalmente a través de nuestros ríos y quebradas, todos los residuos y las sustancias químicas dañinas al medio ambiente, tanto a la flora, a la fauna, a la tierra y a las personas. Hay investigaciones que confirman la permanencia y magnitud de estos daños.

Son fuentes de contaminación con metales pesados de gran vulnerabilidad para los ciudadanos y susceptibles a la intoxicación de las personas. Estas actividades desconocen las legislaciones que protegen el medio ambiente y la propia Constitución Nacional.

Producen enfermedades ambientales, daños a corto, mediano y largo plazo como resultado de la utilización e intoxicación con cianuro; además, el envenenamiento agudo y crónico por dosis letal debido a la utilización de arsénico con sus efectos sobre el organismo por complicaciones cancerígenas y otras enfermedades. Intoxicación con plomo y todas las secuelas que deja la actividad minera que se prolonga muchos años después de terminada esta actividad.

En fin, realmente qué está ganando el pueblo con toda esta actividad. Es lo mínimo satisfactorio, no. Se paga al país como corresponde, no. Se mitigan los daños ecológicos, no. Entonces quién se está beneficiando. Pausa y volvemos.

El autor es periodista y escritor.

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