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Elogio del Idioma Español.|


Por: Rafael Ruiloba

El idioma español nos fascina porque es un idioma que evoluciona por el poder de la imaginación para configurar lo real como experiencia humana, por medio de la seducción comunicativa, por medio del juego irónico del discurso, por medio de los avatares producidos por la conciencia crítica de la realidad.

Cito como fundamento a don Miguel de Cervantes Saavedra, en cuyo homenaje se celebra el día del idioma: “que su nombre es Dulcinea, que su patria es el Toboso, un lugar de La Mancha; su calidad por lo menos ha de ser princesa. Pues es reina y señora mía, su hermosura sobrehumana, pues en ella se vienen a hacer verdaderos todos los imposibles y quiméricos atributos de belleza que los poetas dan a sus damas: que sus cabellos son de oro, su frente campos Elíseos, sus cejas arcos del cielo, sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve y las partes que a la vista humana encubrió la honestidad son tales , según yo pienso y entiendo, que solo la discreta consideración puede encarecerse y no compararlas”.

Para Cervantes el idioma español es un lúdico aguijón que tiene conciencia para atrapar la realidad y hacerla humana. Por medio de él trasunta una forma de ser y el hablante es capaz de ubicar con precisión la referencia, los hechos, la información, los conceptos, los valores y la explicación por medio de comparaciones, hipérboles entre lo dicho y lo no dicho para recrear las imágenes visuales auditivas y kinésicas donde se une sentimiento y acción para ponerlas al servicio del habla objetiva. Así, en el español de Cervantes, el poder de la imaginación está al servicio de la realidad.

Veamos este retrato de Quevedo que nos revela el español que heredamos: “Señor don Manuel hoy cuento yo cincuenta y dos años, y en ellos cuento otros tantos entierros míos. Mi infancia murió irrevocablemente; murió mi niñez, murió mi juventud, murió mi mocedad; ya también falleció mi edad varonil. Pues ¿Cómo llamo vida a una vejez que es sepulcro donde yo propio soy entierro de cinco difuntos que he vivido?…Ninguna cosa me da más horror que el espejo en que me miro: cuanto más fielmente me representa, más fieramente me espanta. ¿Cómo, pues, amaré lo que temo? ¿Cómo desearé lo que huyó? ¿Cómo aborrecerá la muerte, que me libra de lo que aborrezco y me hace aborrecible?”

El escenario de la palabra es lenguaje, el acto de comunicación por medio de la imaginación para poder expresar el dolor de la vida. La palabra del idioma para describir la realidad de la vida se refugia en los lenguajes del cerebro, lo visual, lo auditivo y la relación sentimiento y acción. De esta manera la palabra le da sentido a la vida.

“Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de la tierra de las barbas, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras”. Nos dice Pablo Neruda.

Del español de la conquista, al idioma actual trasunta la imaginación exaltada para capturar la realidad exuberante de América. Y de la épica del avasallamiento y la muerte, el idioma español se enriquece con los aportes referenciales de los miles de ojos, caras, manos y voces que crearon las molduras de las lenguas indígenas y dieron origen a un español permeado por las modalidades dialécticas de los hombres del maíz ; que por la versatilidad del español, no evolucionaron hacia una nueva Babel, sino que desembocaron en un español renovado que no olvidaba la tradición del gerifalte gongorino, detrás de quien sobrevuela el halcón palumbario de la picardía española, para que la imaginación sea renovada por la rebeldía americana, que sin sacrificar el paraíso de la tradición, creó una nueva tradición retórica capaz de estremecer el corazón y movilizar la comprensión de la realidad.

El Ingenioso Hidalgo, genial creación de Miguel de Cervantes y Saavedra

Acaso esto no explica el éxito del idioma español en la poesía de Rubén Darío, la cual renovó la imaginación contextualizando nuestra humanidad en la universalidad de la cultura, acaso esta renovación no nace del Quijote. “Rey de los hidalgos, señor de los tristes, que de fuerza alientas y de ensueños vistes, coronado de áureo yelmo de ilusión; que nadie ha podido vencer todavía, por la adarga al brazo, toda fantasía, y la lanza en ristre, toda corazón.”

Acaso el éxito del idioma español en la poesía de Octavio Paz incorporando la tradición oriental y el mundo mitológico precolombino puede explicarse de otra forma.” Así como del fondo de la música /brota una nota/ que mientras vibra crece y se adelgaza/ hasta que en otra música enmudece,/ brota del fondo del silencio/ otro silencio, aguda torre, espada,/ y sube y crece y nos suspende /y mientras sube caen /recuerdos, esperanzas,/ las pequeñas mentiras y las grandes,/ y queremos gritar y en la garganta/ se desvanece el grito: /desembocamos al silencio/ en donde los silencios enmudecen.”

Decir español hoy día, es decir diversidad de pasados y de interlocutores, los cuales están animados y congregados por el español heredado de Cervantes, en el cual resuenan los estruendos de la vieja batalla entre el ideal y la realidad. En el español nuestro, los antiguos mitos renuevan el terrible infierno del viejo lector ciego que se mira en el espejo para comprender en el Poema de los dones que se acabaron los caminos, que la vida no es más que una reiterada ruina circular, que la cultura está regida por el azar combinatorio de los mismos signos. Porque el viento sopla desde Luvina, y nos trae el origen de las desgracias, con una alegría penosa que punza nuestra cotidianidad porque ella todavía arde en el infierno del Popol Vuh… O participamos en la batalla sin esperanza de un quijotesco coronel que lucha por orgullo y sube por las escaleras de Job: el génesis, el diluvio, la arcadia, para enfrentar la soledad, una de las máscaras de la muerte; para sobrevivir a la luz extravagante del amor de Úrsula Iguarán y llegar a la última convicción de que somos creaciones de las palabras. Esta serie de metáforas explican el poder de la imaginación que anima al idioma español y le permite contender con la realidad.

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