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El último trote

(Fragmento de esta obra inédita)

Por Gonzalo Delgado Quintero

 

El tiempo pasó tanto, pero tan rápido, que ni siquiera nos dimos cuenta lo transcurrido, hasta que ya no podíamos realizar algunas actividades físicas, deportes y otros. Llegamos al punto en que nuestra mente creía, pero el cuerpo no quería ni podía. Los años pasaron tan de prisa, que no nos dimos por enterado, incluso teníamos muy presente, algunos momentos sucedidos en la escuela de cuando niños que  todavía están vívidos en nuestra mente y que nos trae a flote el subconsciente, mientras estamos en la fila esperando y vemos a un viejo conocido pasar, precisamente, en ese ínterin, cuando nos dirigimos a marcar nuestro código en el cajero para cobrar la pensión de vejez.

Después de los años de la primaria, le siguió toda la jornada completa de la secundaria, la universidad y otros estudios superiores, solo para referir el tema temporal estudiantil y allí estuvimos, mientras trascurrían los años. También se nos fueron esos momentos porque nos absorbieron otras actividades y entretenimientos devoradores de tiempos irrecuperables.  Pero la vida que solo tiene un sentido direccional, que no es una película que pueda retornar a su origen y verla nuevamente, la vamos viviendo y nos va llevando y a la vez la llevamos y la hacemos. Porque, en efecto, la vida es unidireccional y sin retorno, sea cual fuere el camino que se haya transitado.

Además, la historia tanto social como individual es el resultado de las decisiones tomadas sobre lo que te llevó a proceder y permitió lograr un producto como resultado plasmado en lo que hiciste. Lo que sea que hayas hecho, esa es la historia; no de lo que a lo mejor pudiste haber hecho y no llevaste a cabo, eso es nada.

Todavía algunos nos preguntamos si en realidad estamos viejos, y lo dudamos mientras llevas al nieto o la nieta agarrada del brazo, más bien para que no te dejen atrás. Ese dilema te mantiene perplejo ante esa circunstancia de no haberse dado cuenta que el tiempo pasó, porque fue tan rápido que ni cuenta tuvimos de ello, muchas veces por andar apresurados y entretenidos en actividades superfluas.

Y es que todo pasó tan rápido que por estar trabajando, sin contarlos, ya habían pasado años, lustros y décadas y en todo ese espacio, no tenías mucho tiempo para darle a tus hijos, porque madrugabas y éstos de repente, sin que lo advirtieras, crecieron y repito, como la vida no tiene vuelta atrás, habían crecido y por tanto, tenían su propia hoja de ruta y ya en esa trazabilidad, tú eras una parte agregada de sus agendas de vida.

El tiempo pasa rápido e inadvertido y nos va llevando en el carrito, inexorablemente nos envuelve y marchamos atrapados por él, y la mayoría cumplimos cabalmente, sin meditarlo siquiera, con esos preceptos de vida. Nacimos, crecimos, nos reproducimos y hemos llegado al punto de sin retorno o al menos de las no postergaciones porque ya se tiene más historia que vida por delante.

Algo muy importante es tener en cuenta que solo se vive el presente que es lo único real y eterno. El pasado y el futuro solo son parte de nuestra mente; pero ese imaginario, en el caso del pasado es un referente importante que nos ayuda para no equivocarnos en el presente en función de la prospectiva de vida.

El tiempo es un proceso inexorable del universo que determina diversas mediciones. Existe el tiempo cósmico que es muy diferente a los tiempos que vivimos los seres vivos en la tierra como parte de los componentes de la estructura biológica temporal de nuestro planeta, único dador de vida. Los procesos de vida en la tierra tienen un periodo de tiempo continuo definido por la fecundidad, nacimiento, crecimiento o desarrollo, reproducción y muerte. Un individuo de cualquier especie viva, tendrá un periodo de vida muy corto. En este aspecto biológico el tiempo es ínfimo.

Me ha tocado vivir en una época, en este hermoso país, en estos tiempos considerados como la era del conocimiento. Hemos tenido tiempos muy buenos, pero también muy difíciles. Nuestras circunstancias históricas siempre han estado jalonadas por fuerzas foráneas, pero hemos aprendido a sobrellevar en gran medida, ese peso determinante, a veces sin percibirlo de manera racional; no obstante, nos resistimos hasta por instinto al sometimiento que nos han querido imponer siempre, y esa resistencia ya es parte de nuestro sentimiento e imaginario social como panameños. Esa lucha ha sido durante mucho tiempo.

Para los asuntos terrenales, el tiempo es vida, y por tanto, todos, quienes hayan existido y estén viviendo, les sucederá lo mismo aunque los detalles sean disímiles.

Este escrito lo he pensado hacen muchos años, es parte de una obra mayor; pero surgió como posibilidad, después de la muerte de mi padre Balbino y aunque había quedado suspendido, lo ha venido reavivando el hecho de que cada vez más han fallecido personas muy cercanas y conocidas. Esas posibilidades, no me excluyen. En esa línea familiar murió mi cuñada; También, un primo, dos primas, tres tíos, después murieron tres amigos, tres compañeros de trabajo, y debido a la pandemia, murió mi hermano Hernán, hace dos años. Esta dolorosa muerte, solo fue para los efectos generales, un número más de tantas víctimas de la Covid-19, mientras que nuestra familia se consumía en la tristeza como también le ocurría a miles de otras familias panameñas y a nivel mundial.

Hace días atrás murieron tres personas amigas: Carlos Zavala, Raymundo Cedeño y Leoncio Obando. Sus partidas nos han dolido sin dudas. Pero de ellos nos queda una lección aprendida. El punto, al final para mí, es que los tiempos de vida deben ser dedicados en gran medida a llevar a cabo lo que nos gusta de manera responsable, que si el trabajo te agrada, estás aprovechando tu tiempo, pero si no, estás entonces, desperdiciando ese tiempo tuyo que no regresará. Que todo lo que hagas debe tener un sentido para ti y no tanto, para otros. Que lo más importante al final, son los tuyos: tu familia (esposa, esposo, hijos, nietos, madre, padre, hermanos, abuelos, primos, tíos). Que si tienes buenos amigos, aprovéchalos, sobre todo, esos que más coincidan con tus gustos y formas de pensar que no significa pensar iguales. Esto debe llevarte a compartir tiempo de calidad con esos seres que quieres y te quieren, porque se acaba nuestro tiempo y se nos va la vida.

Y recuerde que aprovechar el tiempo, no es necesariamente, dedicarse a ganar dinero, sino a realizar lo que te gusta de manera provechosa para ti y los demás, ¡ese es tu mejor legado!

El autor es periodista, escritor…

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