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El Devenir Latinoamericano Y Cómo La Region Nos Determinará

Juan Carlos Mas C.

Para algunos observadores e incluso luchadores sociales, lo ocurrido con la firma de los Tratados Torrijos Carter, que puso fin a la presencia física del ejército norteamericano en Panamá, significó el fin a la lucha de liberación nacional, pues se logró el tan anhelado sueño de generaciones de un sólo territorio y una sola bandera.

Esta apreciación, desgraciadamente, quedó muy lejos de la verdad, además desconoce el verdadero papel del país istmeño en la historia del poder imperialista y su dominio, en lo particular, sobre Latino América. La famosa frase del General Torrijos durante la ceremonia de firma del Tratado Torrijos Carter, “Seguimos bajo el paraguas del Pentágono”, nos da cuenta de manera muy concisa de lo que en verdad estaba ocurriendo. En Panamá, se estaba cerrando una fase del estado de sujeción imperialista, la fase colonial, para abrir otra, la neocolonial. Es aquí donde nos encontramos ahora, por lo que con esta explicación, la creencia de algunos, a la que hicimos alusión al inicio de esta reflexión, es incorrecta.

La nueva fase del proceso de liberación nacional que cursa en nuestro país, signada por el neocolonialismo, está sustentada en el Tratado de Neutralidad que Panamá tuvo que aceptar para lograr los avances importantes que se generaron con la salida norteamericana de nuestro territorio. Esta salida a la situación colonial de Panamá, solución inexplicable para muchos de acuerdo a la historia mundial y debido a la importancia del istmo en la geopolítica del imperio, es una muestra gráfica de que en la lucha social para avanzar es muy importante tomar en cuenta la correlación de fuerzas existente, tanto en lo nacional como en el entorno internacional, y que la desesperación para el avance a marcha forzada es una mala consejera. Aquí cabe recordar la famosa frase del emperador Napoleón cuando se alistaba para ir al campo de batalla y decía a su asistente de cámara: “vísteme despacio que voy de prisa”.

Invocando precisamente cláusulas del Tratado de Neutralidad, los Estados Unidos dieron el gran golpe al “Proceso de Liberación Nacional” mediante la cruenta invasión del 20 de diciembre de 1989, con el fin expreso de establecer las nuevas reglas del juego para Panamá en su fase neocolonial, ahora sin su presencia física en el istmo.

Esta nueva situación de Panamá creó las condiciones para que el objetivo fundamental de la lucha revolucionaria pasara de lo anticolonial (la recuperación del territorio) a la lucha por la democracia contra el poder hegemónico de la burguesía tradicional ahora devenida en financiera. En otras palabras, se creó la condición objetiva de que, pegándole a las fuerzas hegemónicas del país, se les pega a los mandantes de los intereses imperiales en Panamá, mostrados estos ahora en pretendida ausencia física. En este sentido y siguiendo la lógica de los acontecimientos, con la invasión a Panamá en diciembre del 89 se nos impuso un modelo de gestión política que permitiera el manejo estable del país de cara a los intereses geopolíticos norteamericanos. En este acuerdo post- invasión, participaron los partidos que en ese momento eran los más influyentes, el Partido Panameñista y el Revolucionario Democrático /PRD, dando como resultado la alternancia en el poder de los mismos durante los últimos 20 años, hasta el 2009.

Así las cosas, en Panamá se instituyó el llamado bipartidismo como la fórmula norteamericana de administración estable del país post invasión, enmarcada dentro de las normas del neoliberalismo y la política del despojo y empobrecimiento de la mayoría de la población. En este proceso, el Partido Revolucionario Democrático, creado en su momento por el General Omar Torrijos, actual  partido integrante de la Internacional Socialista, al igual que el Partido Democrático Constitucional   del exdictador  Ben Alí en Túnez y el partido de Mubarak expresidentes de Egipto, dio un golpe de timón a su conducta política, convirtiéndose en una organización de centro derecha, colaboradora consecuente en muchas de las acciones encaminadas al fortalecimiento del dominio imperialista en la región y coparticipe, junto a las fuerzas de derecha nacionales, en la acción depredadora contra nuestro pueblo.

A raíz del evento electoral que tuvo lugar en mayo del 2009, se estableció una nueva situación a la ya anteriormente comentada, caracterizada por un fortalecimiento de las posiciones de derecha, con el ascenso al poder de un gobierno enteramente empresarial, portador de las posiciones más recalcitrantes del capital financiero, que estuvo dispuesto a encarnar a toda costa, la continuidad del viejo modelo de bipartidismo, que fue establecido desde el año de 1990 a partir de la invasión (anhelo frustrado por razón del veto yanqui a esta novedad). En esta nueva situación, el Partido Revolucionario Democrático luce muy debilitado por sus propias luchas internas, sin que esto signifique su abandono, por parte de los arquitectos de la política norteamericana para la región, como una salida en caso de que la derecha en el poder no asuma el rol designado a ella para continuar con el modelo de dominación neo colonial para Panamá.

El tablero político que hoy se nos muestra en Panamá también tiene su lado positivo, si lo vemos desde la perspectiva de la unidad y lucha de los contrarios. El debilitamiento de la influencia política del PRD en gran parte de las capas medias y pobres que seguían el así llamado legado de Omar Torrijos de cara a la liberación nacional, conocido como el torrijismo, ha abierto las puertas a una nueva correlación de fuerzas donde la izquierda política de este país (incluyendo fragmentos periféricos del PRD) podría jugar un papel cada vez más importante en la lucha social, por alcanzar nuevos estadios de participación en los destinos de la nación.

Panamá desde 1903, cuando se separa o la separan de Colombia, se ha caracterizado por un desarrollo basado en un modelo económico en donde se ha priorizado lo relativo al comercio y los servicios, por lo que las actividades primarias de la economía han jugado un papel muy accesorio. Este modelo, de acuerdo a las nuevas necesidades del país, engendradas en gran medida por la culminación del proceso de unificación de nuestro territorio y la apertura de nuevas potencialidades de desarrollo, se ha convertido en una retranca, una camisa de fuerza, que nos sumerge en una crisis permanente en donde los de arriba ya no pueden gobernar (cada día es mayor el deterioro de la institucionalidad) y los de abajo ya no quieren ser gobernados de esa manera.

En este sentido el modelo que nos caracteriza hoy, pese a la ostentación de grandes inversiones y el gasto de millones en publicidad sobre un futuro luminoso, se caracteriza paradojalmente porque la macroeconomía luce exitosa mientras que  el empleo permanente y decente  está estancado o decreciente, la canasta básica aumenta escandalosa e incontrolablemente, la producción de bienes industriales y agrarios está en reflujo, los servicios sociales como la educación, salud y vivienda se deterioran, la seguridad pública y  jurídica se desestabilizan lo mismo que la sostenibilidad ambiental que se pisotea y viola por la cada vez más creciente codicia del capital extranjero por apoderarse de nuestras riquezas.

Así las cosas, la  nueva situación en la correlación de fuerzas comentada anteriormente, visto desde el lado positivo, crea la posibilidad de que el principal contendor político de la derecha que hoy nos gobierna, ya no sea el centro derecha representado por el PRD principalmente, sino  la izquierda política  caracterizada por una diversidad de fuerzas cuyo denominador común es  su oposición al actual estatus-quo dominado por un modelo económico  excluyente y caduco que  permea a la súper estructura de la sociedad panameña .produciendo su desfase con respecto a las necesidades del desarrollo nacional

Si bien es cierto que actualmente la izquierda, tomando en cuenta todo el espectro que la caracteriza, está aún dividida y atomizada, la práctica reciente crea una esperanza de que es posible un mayor grado de unidad para enfrentar los acontecimientos que se generan por el endurecimiento de las políticas de despojo y disminución de los derechos democráticos de los trabajadores.

Este proceso de crecimiento y fortalecimiento, en la lucha por la democracia, de la unidad de las fuerzas de izquierda, debería conducir a la creación de un frente único (no solo coincidencia electoral)que sería el llamado a disputarle  a la burguesía financiera tanto de  derecha y centro derecha, la posibilidad de un  cambio estructural del modelo social imperante que permita una nueva democracia nacional participativa, no excluyente de cara a la culminación del proceso de liberación nacional en el camino hacia el socialismo. Ese proceso nos llevaría a necesarias opciones que exponemos en otro escrito.

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