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Cuando el pueblo despierta manda y el Gobierno obedece (II)

La multitud en las calles 

Abdiel Rodríguez Reyes

El autor es doctor en filosofía y docente universitario

 

Como nunca en nuestra historia reciente, en los últimos treinta años por lo menos, tantas personas se han manifestado en las calles. Hasta el momento la multitud busca acabar con la minería en Panamá. Cada vez que el presidente brinda un mensaje a la nación, la cuestión se empeora más. Ya no se trata de diálogo, ahora el tema es asumir la responsabilidad histórica de tumbar la Ley 406 y establecer una moratoria total de minería metálica a cielo abierto.

La multitud, aunque con cierta diversidad en los medios y fines para manifestarse logra su expresión en las calles. Será importante caracterizar esta multitud.  Ya que, como diría Gramsci “no existe en la historia espontaneidad pura”. Habrá quienes saquen provecho del malestar colectivo, porque queriéndolo o no, son instrumentalizadas. Las protestas son a lo largo y ancho de todo el país. Son múltiples las manifestaciones, los cierres, las marchas paralelas, los vituperios y un largo número de acciones.

En Ciudad de Panamá están, por un lado, lo que llamaremos provisionalmente “independientes” o espontáneos, sus convocatorias salieron mayormente de la Cinta Costera hacía calle 50; los otros, las alianzas populares, mayormente convocan de la Iglesia del Carmen o Parque Porras a Plaza 5 de mayo. En momentos coinciden estos sectores en un mismo lugar o ruta. Adicional, cada sector, bastión de lucha y comunidad se autoorganiza a través de diferentes formas de protestas. Todos forman parte de una multitud cuyo objetivo coyuntural es el mismo: tumbar la Ley 406.

Para lograr ese cometido por el momento encontramos dos posiciones: por un lado, quienes plantean que, la única vía es esperar el fallo de inconstitucionalidad y, la otra salida es a través de la derogatoria. Entre los primeros, constitucionalistas experimentados como Carlos Bolívar Pedreschi y Graciela Dixon, Panamá vale más sin minería y Sal de las redes, entre otras agrupaciones, señalan que, de no ser a través de un fallo de inconstitucionalidad de la Ley 406 a través de la Corte Suprema de Justicia, Panamá entraría en una debacle en los tribunales internacionales. Por el otro lado, la Alianza ¡Pueblo unido por la vida! Y bastiones de lucha plantean la “Derogación, de la Ley 406, moratoria indefinida […]Cierre de Minera Panamá […]”, también la Facultad de Derecho de la Universidad de Panamá, plantea “la inmediata derogatoria del contrato ley minero, la aprobación de la ley moratoria minera, y la defensa de los intereses nacionales”. En esa misma línea el doctor en Derecho Internacional Carlos J. Bichet sentenció que: “con derogación o con inconstitucionalidad habrá arbitraje internacional” y cuestiona los “argumentos puramente jurídicos neutrales”, máxime cuando estamos ante un problema inminentemente político y no únicamente legal. En esa misma línea la abogada y catedrática Anayansi Turner planteó “¡derogatoria ya!”.

En la tercera alocución del presidente convocó a la Asamblea Nacional a sesiones extraordinarias. Ya las procuradurías avanzaron emitiendo el criterio de inconstitucionalidad, y se espera en los términos el fallo de la Corte Suprema de Justicia. Por esas vías se estaría pulseando. Ante la petición del presidente, de convocar a un referéndum, el Tribunal Electoral consideró la falta de condiciones y la Asamblea buscó subterfugios para arroparse en la penumbra de sus propias decisiones. Mientras tanto, la represión no se detuvo en la agitada segunda semana de la multitud en las calles, son cientos los detenidos y la agresión contra dirigentes en su legítimo derecho de protestar se constituye como la norma.

Ya no existe confianza en las instituciones política. De hecho, Adriana M. Rosario Surilllo, se plantean la pregunta: ¿Quién confía en el gobierno en las Américas? El porcentaje de confianza de Panamá es de 44%, por debajo del promedio (véase: Perspectivas #162 del Barómetro de las Américas). Cada día se le empeora la situación al Gobierno y con las medidas desesperadas tomadas puede enredarse aún más en su laberinto. Y ya empiezan las aparentes fisuras a lo interno, las disputas interpartidarias y el oportunismo de algunos no se harán esperar.

Sabemos cómo empezó esto, pero no sabemos cómo va a terminar. Ante esta situación inédita de la multitud en las calles, de hasta cierta performatividad de moda, somos conscientes que, incluso echando por tierra la Ley 406 no habrá ninguna transformación en el país al menos que, nuevamente recurriendo a Gramsci, a esta espontaneidad se le dé una “dirección consciente”, porque no faltarán “grupos reaccionarios que aprovechen el debilitamiento objetivo del gobierno para intentar golpes de Estado”. Para decirlo, en otros términos, si no se canaliza todo este descontento en una alternativa política para la toma de decisiones colectivas, los oportunistas de siempre aprovecharan la coyuntura para sacar provecho de la crisis.

Hasta el momento, lo logrado es el resultado de la multitud en las calles. Hoy coinciden en la unidad de múltiples determinaciones contra el extractivismo en Panamá, y muy a pesar de las contradicciones, en última instancia la moratoria indefinida a cielo abierto ya sería un avance concreto. Si como dijesen M. Hardt y T. Negri, ese conjunto de singularidades llamado “multitud” se mantiene en las calles y es capaz de actuar en común, es muy probable la consecución de sus demandas.

 

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