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Burladores, Evasores y sus cómplices

Por: José Dídimo Escobar Samaniego

Así como Fujimori tuvo a Montesinos, Temer a Rodrigo Rocha Loures, Ricardo Martinelli también tuvo a Jimmy Papadimitriu, y a Adolfo Chichi de Obarrio, todos operadores de actos al margen de la Constitución y La ley.

Aprovechando los resquicios que da el poder, por encargo algunos o realizando operaciones con discreción propia, produjeron el milagro grandioso del acrecentamiento de sus fortunas personales, un despegue del universo de la lama y una erosión terrible al erario público    que es de todos.

La diferencia es tan solo que, en el caso de los asesores del Perú y Brasil, sendos casos están enjuiciados, pagando condena o esperando proceso.  En Panamá no hay nadie procesado, a pesar de haber sido acusado por el propio Martinelli de un depósito oscuro y gigantesco, de más de trescientos millones en el Centro financiero ubicado entre España y Francia, en los Pirineos, que tiene 468 km² de extensión territorial y que se lo inventaron para lavar dinero con toda libertad, protegido ampliamente por Francia, su vecino circundante.

Acá las autoridades han dictado órdenes de captura que nadie las atiende, y en otros casos, ni siquiera se ha indiciado a nadie a pesar de los graves señalamientos expuestos en todos los medios públicos.

Cuando Papadimitriu calculó que faltaba poco para el gobierno de Martinelli, se ofreció como estratega al Vicepresidente de Martinelli que ahora venía por la venganza. En los cálculos de Jimmy, estaba la maniobra perfecta para encubrir los millones que había amasado desde el PAN, pues él era el jefe de Guardia que por lo bajito había acumulado casi setenta millones de dólares, siendo una persona sin mayor significación política, venido a la política desde la administración de buses “diablos rojos”.

Fue muy notorio la compra por Papadimitri, de 50 hectáreas tierras de playa, de propiedad de pescadores en Juan Hombrón por muchos millones, aunque algunos de ellos se vieron obligados a vender o a no recibir nada, por tierras ancestrales, porque la fórmula de compra era apoyada desde el poder, siendo el consentido de Martinelli, sin embargo con la operación de compra de esas tierras, Martinelli pudo constatar que Jimmy se le había escapado de control y que desarrollaba su propia agenda de acumulación veloz, por cuanto nada se movía en ese gabinete ni en el PAN, que no contara con la “coordinación” o aprobación del entonces super poderoso, ministro de la presidencia.

Su habilidad consistió en que, él cuadraba todo, pero al momento de la firma de documentos, o de presidir la Junta Directiva del PAN, él enviaba a su obediente subalterna, María Fábrega, entonces viceministra de la Presidencia.

Lo mismo ocurría con ODEBRECHT. Cuadraba las coimas, pero eran sus ancianos padres, los que aparecían abriendo cuentas en Andorra y recibiendo sin justificación alguna, sumas millonarias supuestamente como resultado de asesoría o “consultorías, que obviamente esas empresas nunca brindaron a empresas del conglomerado del Brasilero, expertas o miembros de la famosa estructuración de proyectos especiales de Marcelo Odebrecht, que a la sazón de la presencia del gobierno de Varela, tuvo sin embargo, a pesar de estar sometida a toda clase de investigaciones en Brasil, en Panamá, se le otorgaron todos los más grandes contratos como la línea dos del metro, la reconstrucción de Colón, y otros jugosos contratos.

La burla a los ciudadanos es amplia y notoria, como evidente es la protección que desde el Estado se le brinda a amigos que son cubiertos bajo las alas del oficialismo y, por tanto, a ningún fiscal ni a la exprocuradora, ni al actual encargado se le ocurrió proceder a investigar, como correspondía, porque su entrega de la capacidad investigativa, estaba sometida a su tarea de encubrimiento de los delitos, en vez de investigarlos.

Estos hechos asestaron una grave puñalada al crédito público de la Procuraduría, que el actual Procurador encargado desde hace casi dos años, debe buscar la manera de hacerle frente a fin de recaudar el crédito público que se perdió y que forma parte de la frustración nacional que ocurre cuando los maleantes de cuello y corbata andan orondos por las calles, sin que sus actos delincuenciales sean objeto de un auténtico y escrupuloso examen e investigación que conlleve a la condena de los delincuentes, y a la recuperación de tanto dinero y patrimonio atracado, que ahora, en medio de la majestuosa crisis que vivimos producto de la pandemia, bien nos podrían resolver la atención y asistencia a los enfermos que hoy no cuentan con los elementos necesarios para la recuperación de su salud .

En otros países, se han hecho las investigaciones, los procesos judiciales, y hoy los autores de similares actos, están pagando en las cárceles sus delitos, y además, han tenido que regresar todo el patrimonio, producto de semejantes “movidas”, cuando el poder sin control, les permitió que se excedieran y vulneraran nuestro Estado de Derecho, al punto que está en condición moribunda.

Y la justicia panameña está ya muy lejos de haber saneado el inmundo accionar delincuencial que todos vimos discurrir y del cual sobran evidencias. Por el contrario, estos tristes personajes, que han evadido hasta ahora una justicia insensible y echa a la medida de los delincuentes de cuello blanco, hoy se dedican a hacer videos y a comparecer a los medios para decirnos, con un descaro supremos, cómo debemos andar en el país.

La burla, si no se investiga y enjuicia a los actores de semejante crimen de lesa patria, producirá, sin duda, un clima de violencia mucha más grave que la que tenemos ahora, porque la falta de justicia es como gasolina, es decir, propicia el fuego de la violencia, y eso, responsablemente lo debemos evitar a toda costa, porque de seguro será más dramático que la actual pandemia y los panameños tenemos que buscar la paz, para poder dedicarnos a la reconstrucción de las instituciones nacionales, una vez pase esta noche oscura.

¡Así de sencilla es la cosa!

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