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Borriguero por iguana |


Por: José Dídimo Escobar S.

Cuando uno observa la viveza de los bribones, que creen que el pago de coimas y el compromiso de las autoridades para encubrirlos les garantiza ocultarse y hasta comparecer a los medios y a la sociedad como bienhechores, termina siendo una tragedia en tanto y cuanto han medido, tal vez, la ingenuidad y la ignorancia del pueblo, pero olvidaron que hay una fuerza espiritual poderosa que los hace huir sin que nadie los persiga.

Así, por ejemplo, desde que se firmó el contrato con Minera Panamá en 1997, el plazo de esta primera prórroga leonina, se inició el 20 de marzo de 2017 y cubre un plazo hasta el 28 de febrero de 2037, y según la empresa, «con derecho a obtener una segunda prórroga por 20 años adicionales», lo cual es una perfecta aberración que encumbre un atraco de miles de millones de dólares, que los panameños necesitamos para no seguir endeudando irresponsablemente, a las futuras generaciones. Minera Panamá, actualmente explota a mansalva toda la región de Coclesito, que ahora es el municipio General Omar Torrijos Herrera, y hacen ver que llevan cobre, pero ciertamente mayormente oro, en miles y miles de toneladas que nos despojan y al país le queda el destrozo.

Son parecidos los metales en cuestión, a una vista encubridora, pero al mismo tiempo son profundamente disímiles en cuanto a su uso y valor.

Panamá ha sido bendecida por Dios con bienes y toda clase de minerales, pero esa bendición debemos cuidarla y defenderla, en tanto que es propiedad y patrimonio de todos los panameños del presente y del futuro, porque, hay ladrones que, han venido para hurtársela, aún con la complacencia de malos panameños, que solo viven para deleitarse en la realización de su propia avaricia y ambición.

El Presidente de la República, Laurentino Cortizo Cohen, ha propuesto desde hace casi dos años, una renegociación del contrato, y el mismo debe pasar por distinguir un metal y otro con suma claridad, porque no nos pueden seguir metiendo borriguero por iguana, y continuar llevándose nuestros minerales en una confusión dispuesta convenientemente, para encubrir un gran atraco y despojo inconmensurable e histórico.

No puede, esa empresa, seguir manejando el puerto, situado en Coclé del Norte o Punta Rincón, como si fuera de su entera y absoluta propiedad, en donde niega que las autoridades nacionales puedan ejercer los controles que la Ley mandata y sin ningún condicionamiento.

Me informaron los trabajadores mineros que sospechosamente, el expresidente Varela, de manera frecuente visitaba la empresa allá en el nuevo distrito, del que él no gusta de su nombre y por mezquindad histórica, no lo reconoció cuando debió, delante de los hombres y de la comunidad internacional, aun cuando el General Omar Torrijos, trascendió nuestras fronteras y la historia, y él, empero, terminó con muchas penas y mucho menos gloria, y con el deseo de la población de olvidar lo trágico de una década de ineptitud y de corrupción rampante, que ahora lo tienen dando explicaciones en el Ministerio Público.

Muchos son los aspectos que deben ser revisados y modificados en el presente y leonino contrato con la Minera, tales como la mano de obra de los panameños, porque hoy día, casi el 60% de la mano de obra es extranjera y todas las virtudes que esta explotación tendría para el país, han quedado solo en el discurso de los que andaban alrededor de la promoción del proyecto, porque gran parte de los más de cinco mil trabajadores peruanos, sudafricanos, filipinos y chinos, no están cubiertos por la seguridad social y están sujetos, muchos de ellos, a la supresión de sus derechos laborables conforme a nuestra legislación laboral y también los fundamentales conforme a nuestra Constitución Política. Demás está señalar que, el exiguo e impresentable porcentaje que Panamá recibe en la actualidad, siendo dueña del bien, quien lo explota no puede continuar apropiándose de casi todo, sino que la única forma decente de trato es; una participación justa de la República de Panamá. Ni más, ni menos.

El Ministerio de Comercio e Industrias, tiene el deber moral, en medio de la situación de extremas carencias que vive la mayoría de los panameños, presentar el borrador del nuevo contrato a la Asamblea Nacional, mismo que subsane los huecos por donde se nos escapa nuestro patrimonio, con el cual tenemos no solo, para enfrentar la crisis, sino, además, apuntalar el desarrollo y la promoción de los dueños de ese bien que es toda nuestra gente. La empresa Minera Panamá sigue, en abierto desafío al orden jurídico nacional, extrayendo y enviando para el extranjero miles y miles de toneladas de oro, sin que la cubriera la legalidad de la existencia o vigencia de algún contrato con la nación, y todo ello lo hacen como un soberano irrespeto a una región del país que lleva el nombre del panameño que reivindicó el interés nacional y procuró todo el tiempo de servirle a quienes incluso eran sus vecinos en Coclesito. Resulta que ahora se les permite en una cohonestación escandalosa, la actividad extractiva y de envío de nuestro oro, sin que exista después de dos años, un nuevo contrato que determine un reconocimiento digno del patrimonio de todos, en un momento en que, precisamente el oro, adquiere su mayor valor histórico.

Conforme a nuestro derecho constitucional, en el TÍTULO IX, de LA HACIENDA PÚBLICA,CAPÍTULO 1°, sobre BIENES Y DERECHOS DEL ESTADO, en su ARTÍCULO 257. Dice textualmente, “Pertenecen al Estado:…

5. Las riquezas del subsuelo, que podrán ser explotadas por empresas estatales o mixtas o ser objeto de concesiones o contratos para su explotación según lo establezca la Ley. Los derechos mineros otorgados y no ejercidos dentro del término y condiciones que fije la Ley, revertirán al Estado”.

Por su parte el ARTÍCULO 259 establece que. “Las concesiones para la explotación del suelo, del subsuelo, de los bosques y para la utilización de agua, de medios de comunicación o transporte y de otras empresas de servicio público, se inspirarán en el bienestar social y el interés público, esta última parte no puede ser desoída por quienes elaboren el nuevo contrato o en su defecto, cancelar el mismo por no apegarse a la norma constitucional en forma evidente.

Quienes hayan medrado en lo oculto de este despojo, deben ser objeto de una profunda investigación, que determine las debidas responsabilidades, porque algún día el sol de la justicia aparecerá, y quedarán atrás, las tinieblas de esta noche oscura en qué; nos han robado nuestra dignidad, decoro y decencia. Porque está dicho desde el cielo que, nada hay oculto que no haya de ser revelado.

¡Por un país decente y una patria para todos!
¡Así de sencilla es la cosa!

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