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El valor de tu existencia |


Por: Geraldine Emiliani

La investigación científica demuestra que el 55% del efecto persuasivo de un mensaje depende de lo visual. Las palabras están, pero muchas veces, se las lleva el viento debido a la falta de consistencia y de credibilidad. Necesitamos ver para creer. Hay que trabajar con esmero para que los aspectos visuales sean fundamentales en el mensaje. Sin descuidar los otros aspectos, claro. Pero con la conciencia de que por los ojos entra más de la mitad de la potencia de un mensaje.

Hay quienes mediante la retórica hacen magia y manejan muy bien el arte del convencimiento y sin darte por enterado reducen la compleja situación de la realidad en ficciones y no dejan ver más allá. Bajo esta perspectiva, hay dos situaciones: puedes dejar que sus ideas te atraigan o confundan o, a través de lo que tú pienses puedes decidir libremente.

Considero que la libertad se conquista conociendo por qué pensamos de cierta manera, por qué creemos lo que creemos, sabiendo las razones que nos motivan a crear realidades y cómo las creamos. Sin embargo, a través del pensamiento también se crean ideas e imágenes sobre el ser humano y sobre el mundo, las cuales se convierten en reglas y programas de conducta sin sentido.

El vacío existencial caracterizado por la falta de sentido en que vive nuestra sociedad moderna fue vaticinado hace muchas décadas por Viktor Frankl, neuropsiquiatra y fundador del Análisis Existencial y de la Logoterapia: psicoterapia centrada en el sentido de la vida. Sobreviviente de cuatro campos de concentración Nazi, Frankl afirma que la vida tiene sentido bajo cualquier circunstancia, aún en situaciones límites como el dolor, la enfermedad, separaciones, pérdidas, etcétera.

Continúa Frankl diciendo: “La vida de cada hombre es como un sendero, una gran aventura, que supone un crecimiento hacia lo máximo de su ser, de su madurez; pero al mismo tiempo, en crisis y desgastes emocionales. Es un camino a favor del sentido, en el que el hombre tiene que abrirse paso por sí mismo, tomar decisiones por su cuenta y luchar batallas por su propio bienestar. Hay que tener vocación de vida y así se rompe la soledad del ensimismamiento. Hay que tener el arrojo de comprometer la vida. Salirte de su propio caparazón. No dejar que otros protagonicen tu existencia”.

El estilo salvaje de la criminalidad y la corrupción con sus causas y efectos, donde el subsistema de justicia debiera estar pendiente de todos esos cambios para tener una mayor incidencia con respecto a las actitudes insociables; así como, la degradación de la familia en todos sus aspectos y, para su destrucción, la figura sexual del hombre y la mujer puesta en duda; nos indica que existe un vacío existencial como forma de vida.

El hombre se desarrolla en la cultura y en la educación, son los elementos comunes que hacen posible lo social y aquí es donde se puede ver el fundamento de la conducta del hombre, esa necesidad imperiosa por habitar en un espacio propio con sentido, coherencia y verdad. Si nuestros antepasados se hubieran rendido, pensando en un destino ciego o sólo en porvenires negativos, no estaríamos nosotros aquí. No hay que amargarse la vida y pasar el tiempo sufriendo. Tenemos que cambiar de actitud. Simplemente con cambiar de actitud la vida puede ser feliz o ser un desastre. La sociedad en la que tú y yo vivimos tiene una necesidad enorme de personas emocionalmente sanas y fuertes, que se nieguen ferozmente a ceder a sentimientos de muerte, desprecio y tristeza. No dejes en manos de otros tu futuro.

Una comunidad se sostiene por la fuerza de su cultura, de su educación y por la necesidad de pertenencia. Es preciso idear mecanismos para que el individuo valore, se identifique y se sienta orgulloso de pertenecer a un determinado contexto social cosa que redundaría en el cuidado de lo común, y en fin de cuentas, en un cuidado de la justicia, del orden, de lo que hace que una comunidad se mantenga con derechos y deberes.

Quien no se empeña en descubrir quién es y en decidir hacia dónde va; quien no fija el timón y empuña los remos de su libertad para seguir su camino, acaba viendo como el flujo de su vida le arrastra a donde no quería llegar. La vida es cuestión de estar vivo y no dejarse llevar por la corriente.

 

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