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Silicon Valley Bank el primer acto de una crisis general

Juan Jované

La quiebra del Silicon Valley Bank (SVB), ocurrida del 10 de marzo, resultó un hecho impactante, no solo debido que este banco era el decimosexto entre los mayores bancos de los Estados Unidos. Su colapso significó la segunda en tamaño en la historia de Estados Unidos,  así como la más grande desde la crisis del 2008. Entender su origen y su impacto resulta, entonces, fundamental para entender la realidad y su devenir.

Antes que nada se debe señalar que la corrida bancaria en el SBV se da en medio de una fragilidad financiera global, la cual está marcada por los peligrosos niveles de endeudamiento público y privado, que se expresa a nivel global en una relación deuda – producto interno bruto equivalente al 350.0%. Cualquier disrupción suficientemente importante en los flujos crediticios puede llevar a una crisis financiera global muy profunda. A esto se debe agregar el actual elevado riesgo de una importante recesión producto de la política de la Reserva Federal de los Estados Unidos.

En este contexto partiendo del hecho que el SVB estaba especializado en ofrecer crédito y servicios de depósito a las empresas tecnológicas, incluyendo las llamadas starups, se puede encontrar una primera pista, aun cuando no la más importante, de su caída. En efecto, como lo señala José Castillo, este banco vio en un primer momento un elevado nivel de negocio, habilitando crédito por US $ 300,000 millones a estas empresas. Sin embargo, más adelante las mismas en su conjunto no resultaron tan rentables como se esperaba, por lo que empezaron a achicarse.

Dado esto la cartera el banco gira crecientemente hacia la compra de bonos, el precio de los cuales empieza a declinar con las sucesivas alzas de la tasa de interés por la Reserva Federal. La fragilidad que esto produce en esta institución financiera se hace evidente cuando la misma anuncia que ya había tenido que vender con pérdidas una cantidad significativa de valores en su poder, y que planeaba vender unos US$ 2,250.0 millones en nuevas acciones. Es así que se encienden las alarmas entre los depositantes, los cuales deciden retirar sus depósitos, generando una típica corrida bancaria.

Algunos economistas, como es el caso de Paul Krugman, han visto en todo esto un hecho relativamente aislado, que no podía conducir a un problema sistémico. Esta es una posición equivocada, ya que la quiebra del SVB si tuvo efectos de contagio, que llevaron a la necesidad de rescatar a los depositantes (US $ 151,000 millones), así como a medidas del Banco Central Suizo para intentar estabilizar al Credit Suisse (US$. 54,000 millones). A esto se agrega el salvamente bancario del First Republic Bank (US$. 30,000 millones), así como los nuevos créditos de la Reserva Federal para respaldar la liquidez de los bancos (US$. 164,800 millones).

Otros economistas, entre los que se encuentra Joseph Stigliz, han argumentado, con buena razón, la carencia de una adecuada regulación bancaria. La desregulación bancaria, promovida por los intereses del capital financiero, permitió entre otras cosas que bancos como el Silicon Valley, operaran con una reserva de apenas el 5.0% de sus depósitos y alcanzara un grado de apalancamiento de 7.96.

Es claro que en la quiebra de Silicon Valley actuaron varios factores: el incremento de las tasas de interés, la falta de regulación y un elemento vinculado a una burbuja. El mismo, desde luego tuvo claros signos de contagio, los cuales, por ahora, se enfrentaron con un alto costo. Esto no significa que el fenómeno no se pueda reproducir a una mayor escala en el futuro cercano, dando lugar a la crisis. El capital financiero se encuentra en una contradicción o permite un mayor nivel de inflación, retrasando la crisis, o la provoca inmediatamente.

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