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LA REVOLUCIÓN FRANCESA: EJEMPLO DE LIBERTAD PARA LOS PUEBLOS

 

Jaime Flores Cedeño

Los orígenes de la Revolución francesa no debemos buscarlos en los hechos inmediatos, sino en los antecedentes que marcaron el camino de su realización. Francia, en 1789, ya había acumulado siglos de gobiernos monárquicos que provocaron una fisura en las relaciones de producción de tipo feudal extendidas en Europa.

Este sistema germinó en el primer milenio luego de la caída del imperio romano de occidente. Europa fue arropada por espacio de siglos bajo un manto de oscurantismo político- eclesial, donde la palabra y el pensar estaban prohibidos, a no ser, que fuera para inclinarse ante los señores feudales y el dominio papal.

Fueron más de diez siglos de persecución, torturas y crímenes, que no tuvieron límites y se intensificaron con la puesta en ejecución de la “Santa Inquisición”, que envío a la hoguera a científicos como: Giordano Bruno y religiosos de la estirpe de Girolamo Savonarola, ni hablar de los estragos que causó hacia la población aborigen de América al arribo de los españoles que cristianizaban con la cruz y la espada.

El absolutismo del medioevo se enfrentó desde el siglo XV a una nueva clase social de origen burgués. Su transitar fue abriendo espacios con el tiempo, optando por situarse en las periferias de los feudos. Estos proto burgueses eran pequeños y medianos comerciantes impulsados por el ánimo de obtener riquezas.

Con el desarrollo de la burguesía aparecerán corrientes filosóficas de ilustrados, dando lugar al renacimiento cultural de la antigüedad griega y romana. Esta evolución del pensamiento liberal tuvo su máxima elevación en 1789, con la Revolución francesa, que puso fin a la monarquía de Luis XVI, enviándolo pocos años después a él y su esposa María Antonieta, directo a la guillotina.

La población francesa en 1789, era en su mayoría pobre en la ciudad y el campo. Los lujos de la nobleza, el despilfarro y los elevados impuestos, sumado al aumento del precio de los alimentos, principalmente del pan, hicieron estallar la Nación, al grado que el Rey Luis XVI, no le quedó otra opción que convocar a los Estados Generales, institución que no se reunía desde 1614, integrados por el Clero, la Nobleza y el Tercer Estado, representados en los desposeídos (totalidad)  y sectores de la burguesía ascendente, los cuales agrupaban el 98% de la población, tomado en cuenta que Francia contaba para ese entonces con 26 millones de habitantes.

La burguesía triunfante como clase dirigente asumirá la conducción del Estado hasta la asunción de Napoleón, quien se hace erigir como Emperador. El interregno que se extiende de 1789 a 1799 con el 18 Brumario, fue una época de caos político y social, donde la burguesía asumió el mando de la Nación para fortalecer su condición de clase. Los ideales de igualdad, libertad y fraternidad, proclamados en la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, se principiaban de forma exclusiva para Francia, porque en sus colonias prevalecía la esclavitud, esencialmente en el Caribe.

El diplomático francés, Francois René De Chateaubriand, sintetizó este período al decir que: “La Revolución francesa no procede de tal hombre, de tal o cual libro, procede de las cosas…procede, sobre todo, del progreso de la sociedad al mismo tiempo hacia las Luces y hacia la corrupción; por eso pueden verse en esta Revolución tantos principios excelentes y tantas consecuencias funestas. Los primeros derivan de una teoría ilustrada, las segundas de la corrupción de las costumbres. Este es el auténtico motivo de esa incomprensible mezcolanza de crímenes injertados en un tronco filosófico”.

La Revolución francesa implicó la catapulta de una nueva clase social que se extenderá por Europa en el siglo XIX, apropiándose de los medios de producción y de la riqueza colectiva de los estados. Para abultar sus fortunas aplicarán la explotación sistemática del proletariado en las fábricas, viéndose obligados a vender su fuerza de trabajo casi hasta fallecer. Federico Engels describe esta condición en su obra “La situación de la clase obrera en Inglaterra”, que es fundamental para comprender este período histórico.

La burguesía pasó a convertirse en una clase opresora, inclusive, peor, que sus antiguos enemigos feudales, con la diferencia, que lo harán en nombre de la democracia y libertad. Carlos Marx en el Manifiesto Comunista describió su hegemonía al señalar que: “En lugar de la explotación velada por ilusiones religiosas y políticas, ha establecido una explotación abierta, descarada, directa y brutal”.

La Revolución implicó la rebelión de una Nación en contra del poder despótico de la nobleza y el clero. Sus principios y postulados emancipadores sirvieron de ejemplo a los pueblos sometidos del planeta que aspiraban a romper las cadenas de la dominación capitalista.

Los principios emanados de la Revolución de 1789, continúan vigentes en los trabajadores, campesinos, indígenas, estudiantes, profesionales y sectores sociales, que desafían a escala global al sistema oligárquico- burgués, que controla los estados para su propio beneficio de clase y son los responsables de los millones de pobres en el mundo que no cuentan con alimentos, trabajo, salud, vivienda, ni necesidades básicas.

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