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La corrupción es como una enfermedad que no se cura.|

Y DISFRUTA HACER IMPOSIBLE UNA BUENA SALUD DEL ESTADO Y LA NACIÓN.


Por: Ramiro Guerra Morales. Abogado y Cientista Político.

 

Históricamente, cuando de este tema se trata, las ironías están a la orden. Pequeño aún, antes de 1968, la jerga popular hacía chistes de politicos corruptos, ladrones.

 Presupuestos elaborados para la construcción de puentes, carreteras y escuelas y en los registros contables, aparecían como obras realizadas, pero en realidad no existían.

Este es un mal que nos viene desde el inicio de la república. El origen de muchas

fortunas de ayer, como de hoy, son desconocidos. Lo real y concreto, esa ruindad de servirse del control del poder político y el Estado para enriquecimiento personal, familiar y grupal sigue carcomiendo la democracia y todo el entramado institucional.           

Cuentan nuestra gente del llano que un político de la república, en un mitin ofreció construir un puente y el pueblo reunido, a carcajadas le gritaba, señor político no tenemos río y el muy obtuso respondió, se lo construyó. 

Abuelos cuentan que los terratenientes de la época, se jactaban que sabían dónde empezaban sus tierras, pero ignoraban donde terminaban. Tuve un tío que laboró en una institución que se llamaba el IVU, (Instituto de Vivienda y Urbanismo), contaba que todo era negocio y salpique.

¿Qué ha cambiado? Políticos que se hacen millonarios. Lo grave de toda esta miseria humana es que ha contaminado a la sociedad; una frase que repugna, «si ellos roban, yo también lo puedo hacer. «O el famoso «que hay pa’mí» (para mí).     

Tenemos un sistema político, donde la lógica del chantaje opera de ida y vuelta, entre los factores de poder. Leyes que son condicionadas al intercambio metálico. Empresarios que, a cambio de ganar la realización de obras, ofrecen sumas millonarias para verse favorecidos.     

En este tipo de escenarios, el clientelismo es una forma degradante de hacer política, es el pan nuestro de la política.  En una ocasión escribí que, para algunos, es un gran negocio preservar el status quo.

Cambiar la Constitución es un desafío a sus intereses. Moliere y su obra Tartufo, se quedaría corto al tratar de describir la miseria y maldad de tantos impostores que abundan sin pudor. Lo cínico abunda

El Dr. Carlos Iván Zúñiga, acuñó una frase para describir esta realidad, «donde se pone el dedo, salta la pus”. Me causó horror escuchar al  exprocurador decir (palabras más o palabras menos), nada se puede hacer mientras hayan leyes que tutelen la impunidad y compliquen la labor de investigar y llevar a los fariseos, al banquillo y ser condenados. Y así tenemos plumíferos que abanican, «el aquí no va a pasar nada».

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