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EL GRAN LEO MESSI

Por Gonzalo Delgado Quintero

Es simplemente extraordinario. El toque sutil, el dominio del balón, el pase preciso, el quiebre para evadir al contrario, saber la posición de los compañeros y los del otro equipo, la fuerza y la resistencia para enfrentar jugadores más corpulentos y de gran estatura, todo eso. Pero hay algo más, es algo así como lo definen en el boxeo, y es tener “el ojo del tigre”. Ese deseo infinito de ganar, como si en ello, estuviera en juego la vida misma. Eso fue lo que demostró Leonel Andrés Messi Cuccittini. El Gran Leo Messi.

Y ese deseo, se nota que lo pudo trasmitir al resto de sus jóvenes compañeros. Algunos de ellos, con más ganas que experiencias. Pero, observaba la cohesión de equipo, más que en la propia Francia, que es uno de los equipos más letales y completos en la actualidad a nivel mundial. Messi tenía el “ojo del tigre, pero Ángel Di María, el resto del equipo y el director Lionel Scaloni, también.

Esas son situaciones psicológicas que de la manera que sea son de mucha presión. En esas circunstancias, hay diversas reacciones en las personas. Hay quienes bajo esa gran tensión se paralizan, pero otros se agigantan.

El juego de Argentina había desmovilizado al de Francia el primer tiempo y parte del segundo. Y no es que no querían, es que no había podido descifrar al equipo albiceleste y su última carta era su estrella más reluciente, Kylian Mbapé y digo su estrella más reluciente, porque todo el equipo galo es estelar.

Y es que, sin menoscabo de ninguno colega, estaba oyendo los comentarios de David Samudio, una verdadera enciclopedia de conocimiento del fútbol, con 10 mundiales cubiertos, periodista del detalle consagrado a este deporte. Él expresaba, y aunque no estoy en todo de acuerdo, pero con Remón, decían que Francia no estaba a la altura de un juego de campeonato y exponían sus motivos, creo que más bien no podían y esperan su momento. Ellos, que de ninguna manera lo son, pero deben declararse neutrales, llamaban a que el partido subiera de tono, parece que lo intuían y así sucedió.

Y como Dios sabe lo que hace, el juego se desarrolló con relativa tranquilidad, hasta el minuto, calculo, 77. Creo que el Todopoderoso quería hasta entonces proteger a los cardíacos que incluso, podían mantenerse sin sus medicamentos; pero no, porque en se momento se produce el penalti. Lo cobró, por supuesto que, Mbapé; logró golear, pero por poquito le es atajado el tiro por el Divo Martínez, cuyos saltos y reflejos parecen más bien, los de un tigre de Bengala. Ya se comenzaba a vislumbrar, lo que sería uno de los mejores cierres de mundial de todos los tiempos.

Dos minutos después, el mismo jugador francés, Mbapé, empatada las acciones. Allí inició todo, una hora de emoción extrema, no soy argentino, pero soy latinoamericano y no solo eso, sino que soy un fanático de Leo Messi, y él se merecía ganar un campeonato mundial. Siempre había ido a Brasil, porque me gusta el juego bonito, pero había expresado que iba en este mundial a Argentina por tales motivos, además, ese equipo venía cortando, aunque los campeones franceses, habían empatado y atacaban.

Por supuesto que Francia tenía a todas sus estrellas con Mbapé a la cabeza, pero Argentina tenía a Messi, quien además, en este juego final tenía a su compadre Di María, a quien en el primer tiempo le habían cometido un penalti ejecutado magistralmente por Messi, y el propio Di María  había concretado el segundo gol.  Pero después, en los minutos 80, el partido estaba empatado.

Di María es para Messi, lo que Claudio Caniggia era para Diego Armando Maradona. Tremendas duplas. Hay que observar que los dos goles de Francia vinieron después de la salida del Fideo. Pero, por encima de esto más importante es anotar que, en efecto, de manera explosiva, el juego subió a un nivel extremo, intenso, no apto para cardíacos como dicen. Messi hace el tercer gol faltando 10 minutos para terminar el tiempo extendido de los 30 minutos, pero nuevamente Mbapé, golea por tercera vez y ya no quedaba de otra, el tiempo llegaba a su fin y, siendo así, solo quedaban los tiros del punto de penaltis.

Así el juego, se presentaban dos situaciones entre los equipos. La capacidad de los tiradores de penaltis y los reflejos e intuición de los porteros. Le tocó a Francia disparar primero. Mbapé una vez más, toma el liderazgo y dispara el primer tiro; parecía que este extraordinario jugador, quien según dicen nació en Cameron, parecía aguarles la fiesta a los argentinos. Pero vino, el mejor, Messi, y anotó por Argentina.

Ya el portero Martínez le había adivinado al propio Mbapé y ante el siguiente tirador francés, como si tuviera radar de anticipo, contuvo el tiro del  jugar galo. Y de allí en adelante, el control fue del portero, en un cierre con broche de oro complementado por los tiradores argentinos que pudieron finalmente asirse con la victoria y sobre todo, logrando el anhelado título de campeón del mundo, el único galardón que no tenía el gran Leo Messi. Gracias Francia, gracias Argentina, gracias a todos los equipos, gracias porque este ha sido el mejor mundial que yo recuerde.

El autor es periodista y escritor

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