
Por Luis E. Preciado, profesor universitario
Realizar estudios o capacitaciones en el extranjero representa siempre una experiencia enriquecedora. Tuve la oportunidad de participar en un programa académico en China, una vivencia profundamente formativa que trascendió el aprendizaje técnico en comercio transfronterizo y gestión de la cadena de suministro. Más allá de lo académico, la experiencia permitió conocer de cerca una sociedad que ha hecho de la educación, la innovación, la disciplina y la mejora continua pilares fundamentales de su desarrollo.
Durante esta experiencia visité dos ciudades con idiosincrasias distintas, pero claramente complementarias: Kunming, en la provincia de Yunnan, al oeste del país, y Shanghái, una de las metrópolis más influyentes del mundo, al este. Ambas reflejan, desde realidades diferentes, una misma visión de país: crecer de forma ordenada y sostenible, con un fuerte sentido de responsabilidad colectiva y respeto por las normas.
China es hoy uno de los principales actores del sistema económico global. Sin embargo, analizar su desarrollo únicamente desde indicadores macroeconómicos resulta insuficiente. Lo verdaderamente revelador es observar cómo una población tan numerosa ha logrado organizarse en torno a valores compartidos, una planificación de largo plazo y una cultura de resiliencia que impulsa la adaptación constante a los cambios del entorno.
Uno de los aprendizajes más claros fue la forma en que China concibe el desarrollo a través de la educación, la tecnología y la innovación. Los sistemas logísticos, aduaneros y comerciales no operan como estructuras aisladas, sino como parte de un ecosistema integrado que prioriza la eficiencia, la trazabilidad y el control. En este contexto, la tecnología no es un fin en sí mismo, sino una herramienta al servicio del bienestar colectivo y del crecimiento sostenible.
En Kunming, conocida por su clima estable y su entorno natural, se percibe una relación equilibrada entre la ciudad y el ambiente. Los espacios públicos son limpios, los ríos y quebradas presentan aguas claras, y las áreas verdes invitan a la convivencia. La baja contaminación auditiva y el orden urbano reflejan una planificación consciente orientada a la calidad de vida. Este entorno evidencia una sólida educación cívica y valores profundamente interiorizados en la población. Shanghái, por su parte, muestra el rostro más innovador y tecnológico del país. A pesar de su densidad poblacional y su ritmo acelerado, la ciudad opera con un alto nivel de eficiencia. El transporte público es masivo y puntual, y la movilidad urbana está cuidadosamente estructurada. Destaca el uso mínimo del dinero en efectivo y la adopción generalizada de plataformas digitales propias para pagos, transporte y navegación, distintas a las comúnmente utilizadas en occidente. Esta autonomía tecnológica refleja una clara apuesta por la innovación local y la soberanía digital.
La sostenibilidad constituye otro eje transversal. Existe una preocupación constante por reducir impactos negativos, optimizar recursos y mantener ciudades funcionales y limpias. La planificación urbana, el control del ruido y el respeto por los espacios comunes evidencian una sociedad que comprende que el desarrollo debe ser compatible con el bienestar social y ambiental. Avenidas bien iluminadas, baja contaminación auditiva, ausencia de residuos en las calles y una infraestructura limpia resultan particularmente llamativas al compararlas con la realidad de nuestro pequeño Panamá.
Un aspecto especialmente valioso fue la calidad humana y la cultura del servicio. La población demuestra una disposición genuina a ayudar, atender con cortesía y esforzarse para que el visitante se sienta bien recibido. No se trata únicamente de eficiencia, sino de una actitud que transmite orgullo nacional y compromiso por hacer las cosas correctamente. Esta vocación de servicio, junto con la claridad en el cumplimiento de las normas y las consecuencias de su incumplimiento, constituye también una forma de educación y de construcción de confianza social.
A la luz de esta experiencia, resulta evidente que el vínculo entre Panamá y China demanda una lectura estratégica y sostenida en el tiempo, alejándose de enfoques inmediatos o circunstanciales. China ha demostrado que el desarrollo sostenido se construye con planificación, educación, disciplina y una búsqueda permanente de mejora. Panamá, con su posición geográfica estratégica, su vocación logística y su capital humano, tiene una valiosa oportunidad de replicar, pero también mucho que aportar en una relación basada en el respeto mutuo y el beneficio compartido.
En un siglo XXI que exige más encuentro entre culturas y menos confrontación, este viaje deja lecciones significativas sobre resiliencia social, innovación y visión de futuro. Conocer China desde dentro permite comprender que su crecimiento no es producto del azar, sino del esfuerzo constante de una sociedad que cree en la educación y los valores como motores del desarrollo.
Como ingeniero industrial, consultor y profesor universitario, esta experiencia no solo amplió mi perspectiva profesional, sino también mi comprensión cultural y humana. Más que un viaje académico, fue una lección viva sobre cómo una nación puede transformarse cuando existe coherencia entre visión, acción y valores colectivos; me quedo con la esperanza de que aquellas buenas prácticas puedan inspirar y ser adaptadas a la realidad de nuestro país.
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El Periódico de Panamá Revista de Análisis Político, Económico, Social y Cultural.