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Otro General Latinoamericano

Por: Dr. Juan Carlos Mas

Recientemente el presidente de Colombia Gustavo Petro reunido con López Obrador hizo alusión a la figura histórica, compartida entre México y Colombia, del General José María Melo reivindicando sus valores patrióticos y latinoamericanistas.

Me enorgullezco de haberlo mencionado en dos novelas históricas mías, y lo menciono reivindicando su carácter de héroe vinculado a Panamá por cuanto que estuvo casado con una panameña de nombre Juliana Granados a quienes algunas fuentes le dan carácter de indígena y ligada a Chiriquí.

A continuación, cito humildemente extractos de las novelas mencionadas:

Extractos del libro “TESTIGOS DE TIEMPO” 

X

UN BOLIVARIANO PATRIOTA E INTERNACIONALISTA 

El General José María Mleo, casada con la panameña, Juliana Granados, chiricana Ngobe

–-¿Sabías que, en todos los problemas de aquella Nueva Granada, en diversos grados y medidas siempre estaban entremezclados los panameños de uno y otro bando? –-, había dicho Aurelio a su siempre atenta y ya más adulta hermana Felipita.

–-¿Como va a ser? Cuéntame por favor, todo los que tu logras saber en tus idas y venidas desde la capital siempre me interesa.

–-Verás, te contaré lo que me conversaron allá en Panamá entre tantas charlas de fonda…

Los problemas de Panamá no podían quedar circunscritos al debate entre economía de tránsito y economía agropecuaria; también incidían en las altas estructuras políticas los argumentaciones y acciones que debían ser tomados en torno a la viabilidad del proyecto central de Nación Neogranadina.

Quien quiera encontrar explicación en las páginas de la historia a sucesos y personajes, unos muy publicitados y otros siempre escondidos en páginas de lecturas pasadas rápidamente como quien no quiere fijarse en los detalles, deberá recordar que la historia es producto del enfrentamiento de clases antagónicas en todas sus etapas: desde la época esclavista, pasando por el medioevo y los tiempos modernos. Siempre hay que escudriñar, tras los matices políticos y religiosos de cada momento, al protagonismo de los enfrentados en representación de cada clase.

Hemos hecho esta referencia de partida para entrar a entender por qué se esconden las ejecutorias de un patriota de América como el General José María Melo a quien la historiografía panameña reiteradamente le menciona de soslayo marcándolo como “dictador”, como una semilla extraña y ajena al eterno alternarse de conservadores y liberales, en aquella Colombia de la cual también fuimos parte y aportamos consecuentemente al camino conjunto de una historia compartida antes de separarnos.

–-Pero, ¿era o no era Melo un dictador? –-, había preguntado uno de los comensales en el sitio de comidas al que acudía Aurelio.

–-El concepto de dictadura depende de quien ejerce el poder y contra quien. Casualmente Melo venía de Europa en donde se discutían esos temas, donde ya un joven investigador y escritor llamado Carlos Marx se aventuraba a decir que en toda sociedad de clase hay una dictadura de los de arriba contra los de abajo, aunque no se note–-. dijo uno de los asistentes a quien todo el mundo le llamaba “doctor”.

–-Tal vez todas esas influencias influyeron en como percibían las gentes a Melo y como percibía él sus propias obligaciones políticas y sociales–-, argumentó otro comensal.

–-No nos andemos con sofisticaciones y leguleyadas, el problema más importante que tenía Melo es que era indio–-. aclaró Aurelio.

–-Bueno eso abona más a mi argumento–-. dijo el anterior comensal.

Nuevamente intervino el doctor y precisó: –-Nacido en Tolima y crecido en Ibagué, el pronto rechazo de la oligarquía a su protagonismo en parte estaba ligado a su ascendencia indígena de la etnia “pijao”. Su claro análisis lo llevó a alistarse tempranamente en las huestes de Bolívar, peleando en las batallas de Bomboná, Pichincha y Ayacucho recibiendo condecoraciones del Libertador.  Menciono esto porque en aquellas gestas, en la cual el resultado del combate era la vida o la muerte, los patriotas se batían con denuedo en aquel momento puntual de sus vidas y merecían los reconocimientos pertinentes para aquel episodio vivido; pero la vida, que es un conjunto de facetas que dan valor final al diamante de la existencia, no solo es el momento de gloria sino la continuidad y la entrega sistemática a una causa y no el reposo y el premio después de un minuto de entrega. Esta situación que transformó a muchos héroes en sátrapas y traidores a sus pueblos no fue el caso de nuestro titán: José María Melo fue un patriota popular para toda la vida y ese, que es su mérito, también es la desgracia que lo expulsa de los libros de historia.

Cuando se desintegró la Gran Colombia, Melo pasó a Venezuela y se activó en los grupos que trataban de impulsar desde ese país la reconstrucción del legado de Bolívar. En ese empeño recibió la fuerte oposición de comerciantes importadores que no creían conveniente para los nuevos países la imposición de aranceles para proteger la producción local. Tras ese fracaso se dirigió en 1838 a Europa donde pudo vivir el entusiasmo transformador que la naciente clase obrera desplegó en los sucesos culminados en 1848 cuando ya Melo había regresado a Colombia. En aquel periodo conoció las tesis de Fourier, de Saint Simon y las agitaciones obreras cartistas en Inglaterra. Cuando regresó a Ibagué casó con la panameña Juliana Granados.

En otra oportunidad Aurelio, nuestro protagonista y relator de circunstancias vividas, siempre en el periódico trajinar de reses, se encontraba en el ya conocido y concurrido sitio de comidas y licores del arrabal de Santa Ana; como en toda mesa de taberna el tema obligado era lo que les era común a todos; los vaivenes de la política. De mujeres se hablaba también, pero con cuidado para no pisar terrenos ajenos, no vaya a ser que la hembra que uno pretendía comentar fuera patrimonio del convecino de mesa. Pero en política todos tenían vela en ese entierro, así pues, a escucharlos: –- ¿Cómo es eso de las Sociedades Democráticas? –-preguntaba un parroquiano.

–-Bueno–-, intervino un segundo–-, es que la gente se cansa de estar siempre de aquí para allá con liberales y conservadores que al final se arreglan en torno a la mesa en que ambos comen o en las mullidas camas de las distintas familias de adentro, aquí y allá.

–-Pero, ¿quiénes son?

–-Son trabajadores como tú y yo, gente que siempre ha sabido trabajar los telares, las artesanías, que ponen su tradición heredada en hacer cosas, artefactos, muebles y todos los elementos que le van dando forma a la vida diaria en un pueblo y una ciudad.

–-Ahora de repente se dan cuenta de que vienen las mercancías del exterior en barcos ingleses y norteamericanos y las ponen más baratas arruinándoles su trabajo y echándolos en brazos de la miseria.

–-Pero aquí en Panamá somos expertos en eso de estar trayendo cosas de afuera para revender–-. terció otro.

–-Tú lo has dicho, pero eso es en la ciudad de Panamá. En el interior seguimos sabiendo producir lo que la tierra permite, carne y los productos de las plantas.

–-¿Y por qué se llaman Sociedades Democráticas? –- volvió a preguntar el primero.

–-Porque para ellos la democracia es lo que sabe hacer el pueblo y lo que en consecuencia propone.

–-Y Melo… ¿Qué pito toca en esa fiesta?

–-Es uno de abajo que luchó como el que más con Bolívar y los suyos, pero tiene algo en su contra: es indio pijao.

En efecto a su vuelta al teatro político, Melo decidió participar de las Sociedades Democráticas, formadas por artesanos que defendían la protección de la producción nacional frente a la introducción libre de mercaderías extranjeras que los arruinaban; las Sociedades Democráticas también rechazaron el Tratado de Comercio y Navegación con Estados Unidos que abría el paso a la facultad de ese país para intervenir en Panamá.

Algunos de los oligarcas (liberales-conservadores) en su frenesí librecambista aspiraban a que toda Colombia se incorporará a los Estados Unidos (pronto se verá cómo fueron trocando esta disposición a la entrega total por la entrega parcial de Panamá). También es importante señalar que las Sociedades Democráticas se oponían a los intentos de los librecambistas de abolir a los resguardos indígenas con el fin de incorporar ese grupo poblacional a la maquinaria del libre mercado como mano de obra barata.

Los artesanos eran hombres humildes que perpetuaban su paso por la vida a través de la confección de artículos del diario vivir permitiendo que el mañana encuentre un espacio en donde recomenzar.

En su debut político las Sociedades Democráticas apoyaron la candidatura presidencial del general José Hilario López, que en su programa inicial levantaba la abolición de la esclavitud. Al ganar, López propuso la supresión de la esclavitud y una reforma agraria que tenía como base el reconocimiento de la propiedad de la tierra solo al que la trabajaba. Esta intención fue enfrentada por una primera rebelión de la coalición de liberales y conservadores reaccionarios pero la misma fue derrotada con el concurso del General Melo. Poco después la conjura reaccionaria produce el desplazamiento de López (quien ya estaba declinando en sus ímpetus reformadores iniciales) y el ascenso del vicepresidente Obando. Este, que ya había entrado en la historia como organizador de la conjura que llevó al asesinato de Sucre en Berruecos, se negó -consecuentemente con su pasado- a acceder a las demandas populares; en consecuencia, las Sociedades Democráticas actuaron y entregaron el poder a Melo.

El gobierno popular de Melo no pudo poner en marcha el programa concebido -o por concebirse- porque su gobierno de ocho meses de duración se vio obligado a enfrentar la insurrección oligárquica de conservadores coaligados con los liberales, los que habiendo recibido suministros bélicos de parte de los Estados Unidos le declararon la guerra a Melo y a los artesanos-obreros de las Sociedades Democráticas.

El pecado de aquella revolución había sido dejar de lado el estéril bipartidismo y dar entrada a una clase proto-obrera en la historia de ese país. La participación de Tomás Herrera en los conatos separatistas istmeños ha sido presentada como parte de un continuum independentista. Esta posición pretende ver a los diversos pronunciamientos en ese sentido como una carrera de relevos que trasciende a las clases sociales en aras de forjar la nación panameña, cuando en la realidad sus protagonistas tenían concepciones sociales contrapuestas. No había entonces un concepto unívoco de nación.

Al frente de la sublevación estaban dos panameños de filiación oligárquica: Tomás Herrera y José de Obaldía.

Al ser derrocado José María Obando el 17 de abril de ese año, el vicepresidente José de Obaldía se reunió con Herrera y otros personajes en la Legación de Estados Unidos.

Como es sabido, Herrera -declarado “presidente en armas” desconociendo al Presidente Melo- murió de un balazo recibido por un francotirador revolucionario que resistía parapetado en las afueras de Bogotá; en consecuencia José de Obaldía asumió la presidencia. Aquello ocurrió así: luego del ataque desplegado por el ejército restaurador oligárquico sobre el costado sur de la ciudad de Bogotá, entró Herrera en acción al mando de los batallones 1º y 6º de línea, Libres y Tundama, resultando gravemente herido en la esquina de las carreras Pamplona y Bárbula,  y falleciendo poco después de haber vencido a Melo en esa toma de Bogotá.

Los vencidos fueron obligados a realizar, en calidad de prisioneros, un viaje terrestre hasta Panamá hacia la prisión del Castillo de Chagres, travesía de la cual Melo logró sobrevivir gracias a su entrenamiento militar.

XI 

EL INTERNACIONALISMO DE MELO 

–-¿Y cómo terminó esa saga de Melo? –- había inquirido casi ansiosa Felipita.

–-Con que saga, ¿no? Se ve que las lecturas te van muy bien hermanita, ya que, a las historias heroicas de los hombres, que los antiguos griegos llamaban mitos, allá entre los pueblos nórdicos de Europa le dieron en llamar sagas y así se ha quedado entre nosotros.

–-Te contaré, aunque mi voz suene muy otra: desde Panamá, Melo logró evadir el castigo y se fue hasta Nicaragua para enrolarse junto a los patriotas de ese país que enfrentaban la invasión de los filibusteros estadounidenses de William Walker.

Una vez vencido el invasor yanqui, Melo logró ser contratado en El Salvador como instructor militar y de ahí pasó a México para enrolarse en la defensa del gobierno patriota de Juárez.

En 1860 cumpliendo una misión defensiva en la frontera con Guatemala y habiendo sido herido en una celada fue capturado. En esa condición le fue dada la orden de fusilarlo sin juicio (igual sucedió al Che Guevara 107 años después).

Su cadáver insepulto fue recogido por sus paisanos indígenas chiapanecos que le dieron sepultura. Hoy en Chiapas hay una estatua en su honor.

 

Extractos del libro “Sagas del Istmo” (novela) 

Luis proseguía en su repaso mental: –-La lucha entre el absolutismo español y el progresismo de esa tierra corría pareja con los vaivenes de la lucha iberoamericana. Al heroísmo de las mujeres americanas también hay que sumar el de las mujeres hispánicas que dieron sus vidas en la lucha contra el absolutismo, de las cuales es insigne ejemplo la entrega de Mariana Pineda, natural de Granada, es decir andaluza, sumada a la causa progresista y republicana, a quien le fue hallada una bandera con los colores morados de los comuneros de Castilla, razón por la cual fue sentenciada a muerte mediante garrote vil en 1831.

Nuestro narrador se arroga el derecho de culminar estas reflexiones: En aquel clima de agitación revolucionaria un patriota neogranadino llamado José María Melo, que además era de la etnia indígena “pijao,” participó tomando conocimiento de las incipientes teorías socialistas en la Europa de aquellos años.  En realidad, en aquellas tierras neogranadinas, de la cual era oriundo, era muy poco vista la incorporación de los indígenas a la gesta emancipadora, no porque no quisieran, sino porque si alguno la demandaba no la justificaba con promesas atinentes a una inserción en condiciones de protección de sus territorios.

–-Es cierto, coincide Luis: –-Melo quien estaba casado con una natural de Panamá de origen gnobe, fue el protagonista de la única brecha revolucionaria y cultural que se produjo en la Colombia de aquellos tiempos y tal vez de todos los tiempos. Cansados de las disputas eternas entre liberales y conservadores salieron a las calles todos los artesanos proto-obreros: de telares, canteras, minas y demás oficios urbanos para protestar contra la imposición de tratos aduaneros preferenciales a los productos ingleses y estadounidenses porque consideraban que perjudicaban a la industria nacional. Tomaron la ciudad e instalaron un gobierno popular el cual, después de algunos fallos en su dirección, que no comprendía la demanda, terminaron por forzar la imposición como jefe del gobierno popular de los artesanos a José María Melo.

Y vuelve a acotar nuestro narrador: No era sorprendente que después de varias propuestas e intentos que no se han de narrar aquí las miradas se volvieran hacia Melo; este había participado de la fundación de las Sociedades Democráticas que organizaron los artesanos e intelectuales socialistas influenciados por Saint-Simon y Fourier, por Louis Blanc y por Proudhon.

Luis interrumpe estas aseveraciones del narrador y aclara: –-Los líderes de los artesanos consideraban que el mensaje de la Biblia era socialista, en defensa de los pobres. Estas sociedades apoyaron  la libertad de los esclavos  y se opusieron al comercio desregulado con  InglaterraFrancia y Estados Unidos, ya que las importaciones los arruinaban e impedían el nacimiento de la industria nacional; exigieron el respeto a los resguardos indígenas,  la abolición de la esclavitud y rechazaban el Tratado de Comercio y Navegación con Estados Unidos, firmado por el presidente liberal Tomás Cipriano de Mosquera, que le daba facultades a ese país para intervenir en Panamá; proponían abolir la esclavitud y una  reforma agraria legitimando a los que cultivaban, no estaban de acuerdo con la propiedad de tierras ociosas; también proponían regular las tasas de interés para liberar al pueblo de la usura.

Su padre Carlos deja a un lado su silencio de apoyo al esfuerzo interpretativo de su hijo y señala su punto de vista.

–-No es de extrañar que, dado el peso de las relaciones crecientes de los terratenientes y comerciantes istmeños con los Estados Unidos, aquellos encabezaran la lucha contra la dictadura popular de Melo. Dos panameños Tomás Herrera y José de Obaldía encabezaron el ejército reaccionario y latifundista que intervino para poner fin a aquel experimento popular.

Luis retoma el hilo de su exposición y remata con la descripción del final: –-Las tropas conjuntas de los oligarcas conservadores, coaligados con los liberales que se les unieron, habían logrado aislar y cercar a las milicias de las Sociedades Patrióticas. Estaban avanzando desde los poblados aledaños de Bogotá en una limpieza metódica de resistentes.  Ya estaban entrando, casi triunfantes, al interior de la ciudad y Tomás Herrera se vanagloriaba de su inminente triunfo, cuando desde una esquina un artesano, tirador revolucionario, parapetado tras escombros, le vio y lo condecoró con una bala certera.

–-¡Santo cielo! Dios te da, pero te quita también–-, exclamó una anciana que veía desde una ventana. –-Creo que Él, corrige sus errores cuando se da cuenta. Eso fue todo para don Tomás que quería ser presidente.

Nuestro narrador estima que le es pertinente la atribución de rematar la historia y afirma: En consecuencia, de aquel disparo le tocó asumir la presidencia a Obaldía, otro panameño proveniente de la tierra chiricana, quien debió efectuar la represión de los artesanos y confinó en la cárcel a José María Melo quien fue a dar con sus huesos al Castillo de San Lorenzo.

Es muy importante que se conozca que aquellos prisioneros de la lucha artesana fueron obligados a hacer gran parte del recorrido a pie hasta la prisión y en consecuencia muchos murieron en la travesía, solo gente muy formada en los rigores de marchas logró llegar por sus pies hasta la prisión.

No obstante, Melo logró evadirse y pasó a Costa Rica, de ahí a Nicaragua donde luchó contra la invasión de William Walker; una vez vencido el filibustero se fue al Salvador donde consiguió el cargo de entrenador de las milicias cuscatlecas; más tarde pasó a Chiapas donde murió en 1860 en defensa del proceso de Reforma mexicano encabezado por Benito Juárez contra los conservadores antipatriotas y pro- franceses.  Chiapas le rinde homenaje en un monumento humilde pero significativo

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