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Un Capítulo Desconocido De Nuestra Historia Patria

 

(FORO del CEEAP sobre la Franja y la Ruta, PARLATINO, 7 de septiembre de 2023)

(Julio Yao, ex Asesor de Política Exterior y Negociaciones ante EE.UU.; Presidente Vitalicio y Presidente Encargado del Centro de Estudios Estratégicos Asiáticos de Panamá (CEEAP)

Dr.  Yuan Dongzhen, Subdirector General  del Instituto de América Latina (ILAS), de la Academia de Ciencias Sociales (CASS);

Respetados miembros de la Delegación de ILAS;

Su Excelencia, Wei Qiang, Embajador de la República Popular China;

Dr. Eddie Tapiero, Expositor;

Lic. Roberto Montanez, Fundador del CEEAP,

Dr. Elmer Miranda, Directivo.

Yuan Donzhen, Julio Yao, Roberto Montañez, Embajador WEI Qiang, Eddie Tapiero

Distinguido auditorio:

Damos calurosa bienvenida al Dr. Yuan Dongzhen y a sus prestigiosos acompañantes.   Como el primer país que ingresó a la Nueva Ruta de la Seda en diciembre de 2018, durante la visita del presidente Xi Jinping, los panameños estamos ávidos de conocer de viva voz la visión de China al respecto.

La antigua Ruta de la Seda se originó miles de años antes de nuestra Era y era conocida entonces como la Ruta del Jade.  Fue el proyecto comercial, económico y cultural  más abarcador y ambicioso de la historia.  Ahora trata de recuperar su antiguo rol.

Hoy, 7 de septiembre,  es el 46º aniversario de los Tratados Torrijos-Carter de 1977 y también el 10º aniversario del lanzamiento de la iniciativa de la Ruta de la Seda por el presidente Xi Jinping.  Con tal motivo, permítasenos hacer una digresión que estimamos relevante, relativa a nuestra historia Patria.

La Declaración Conjunta Tack-Kissinger de 7 de febrero de 1974, que era la base del nuevo Tratado del Canal, eliminó la perpetuidad que buscaba EE.UU. desde el siglo XIX.

Cuando el General Omar Torrijos y el canciller Tack me confirieron el alto honor de redactar exclusivamente y sin intervención de terceros la Declaración final, “ajustándola al máximo a las aspiraciones de Panamá” (Tack dixit), le pregunte al canciller quienes me colaborarían, y me respondió que nadie (ni él mismo) cambiaría ni una coma del texto que yo redactara.  Me sentí abrumado por la fe ciega que ponían en mi ambos patriotas.  Ello se debía al hecho de que Omar y Tack me habían solicitado diseñar la estrategia de Panamá en el Consejo de Seguridad de la ONU de marzo de 1973, en el cual virtualmente obligue al gobierno a dar un giro radical para salvarnos de un seguro fracaso.  Hice un cambio fundamental a la Declaración.

El Punto 8 de la Declaración, acordada entre el canciller Juan Antonio Tack y el Secretario de Estado, Henry Kissinger, rezaba como cito a continuación:

  1. “Estados Unidos de América y la República de Panamá, reconociendo los importantes servicios que el Canal Interoceánico de Panamá brinda al tráfico marítimo internacional y teniendo en cuenta la posibilidad de que la vía acuática podrá llegar a ser insuficiente para dicho tráfico, convendrán bilateralmente en previsiones sobre obras nuevas que amplíen la capacidad del Canal.”

Este Punto permitiría a EE.UU. permanecer indefinidamente en nuestro país con el pretexto de las “obras nuevas” y que era necesario impedirlo.  Así lo hice y añadí la siguiente frase al Punto 8:

“Esas previsiones se incorporarán en el nuevo tratado de acuerdo con los conceptos establecidos en el Principio 2.”

¿Y qué decía el Punto 2?  Decía:

  1. “Se eliminará el concepto de perpetuidad. El nuevo tratado relativo al Canal de esclusas tendrá una fecha de terminación fija.”

De esta forma impedimos que Washington viera las “obras nuevas” como forma de arrancarnos la perpetuidad en cifras.  Obsérvese, además, que la Declaración sólo se refería a un tratado, no a dos.  El segundo, de la Neutralidad, no estaba contemplado y, por ende, era violatorio del Acuerdo Conjunto.

Solo entonces, hecha la nueva redacción, procedió el canciller a firmarla.  Tuve especial cuidado de no mencionar la “neutralidad”.  Pero a fines de 1975, la Inteligencia norteamericana (CIA), conforme a documentos desclasificados, se percató del descuido de Kissinger en la redacción y de nuestra astucia en cerrarles el paso.

Debido a ello, Kissinger reculó y declaró conjuntamente con el negociador Sol Linowitz, dos años después de la Declaración, que, “Panama no debe hacerse ilusiones con el Canal ni con ser independientes (soberanía)”.

Tales conceptos eran una provocación para dar al traste con todo el proceso, una ruptura  en las negociaciones, y así lo entendieron Torrijos y Tack.

Ellos me consultaron sobre qué hacer para sortear la crisis; les recomendé no responderle directamente  y decidieron enviarme a México para, desde esa plataforma, refutar a los negociadores de Washington, lo cual hice con la ayuda de Mario Velásquez de TVN.  Organizamos un almuerzo con 400 invitados, en el Hotel Fiesta Palace, fundamentalmente corresponsales de prensa y radio.

A partir de ese momento, Washington arrecio contra Panamá, y los conspiradores  expulsaron a Tack como canciller y, luego, como jefe de las Negociaciones.

Conformaron un nuevo equipo de negociadores bajo el ex rector de la Universidad, Dr. Rómulo Escobar Bethancourt.

El canciller y yo fuimos marginados, y presenté renuncia al cargo cuatro meses antes del Plebiscito.

Ahora bien, un despacho de EFE del pasado 3 de septiembre se refiere al Canal a Nivel y a la escasez del agua.  Pero no mencionan al General Noriega, quien, junto a  Omar Torrijos, negociaba desde 1977 con Japón para construir un nuevo Canal y  resolver la escasez de agua a tiempo.

Yo envié una entrevista a Noriega en su prisión de seguridad de Miami en 1993, y el militar me contestó en mayo de 1993 que Washington se oponía a que Japón controlase el Canal.  EE.UU. se hizo nombrar en la Comisión Bilateral, la que  se convirtió en Comisión Tripartita.  Empero, jamás EE.UU. nombró a su representante ni asistió a reunión alguna porque su objetivo era boicotear las  negociaciones y estudios.

Cuando la Comisión Tripartita se reunió tras la invasión, bajo un régimen de ocupación, los representantes panameños, al igual que los panameños en la Comisión del Canal, fueron cambiados.  El candidato a Administrador, Tomas Altamirano Duque, propuesto por Noriega y quien debió asumir el 1 de enero de 1990, fue desplazado por Gilberto Guardia.

El Informe Final de la falsa Comisión Tripartita se decantó por el Tercer Juego de Esclusas y desecho el Canal a Nivel, lo cual fue criticado acremente por el embajador de Japón, Sugiyama, durante nueve horas, calificando la acción como “arbitraria” e “inconsulta”.  El embajador advirtió que el Tercer Juego de Esclusas era un “cuchillo de doble filo”, tal como ahora atestiguamos con la escasez del agua.

En un Memorándum “Secreto-Sensitivo” del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, de 8 de abril de 1986, tres meses antes de la invasión, que me hizo llegar el Presidente Encargado, Manuel Solís Palma, y del que se hicieron solo siete copias, están las siguientes conclusiones:

“El asunto básico es aún garantizar el control de Estados Unidos sobre la vía interoceánica.   Perder el Canal tendrá serias consecuencias. Japón se ha integrado con entusiasmo al comité tripartito, asegurando por anticipado su parte del control del Canal. Japón es el reto fundamental para Estados Unidos, y dentro de 15-20 años podría convertirse en la potencia industrial líder a nivel mundial.  Si, además, controla un nuevo Canal en América, podría eventualmente ejercer influencia económica decisiva en el Hemisferio Occidental, expulsando a Estados Unidos de su área natural de influencia.

“Necesitamos … asegurar nuestro control sobre el Canal mucho más allá del año 2000. Informes sobre corrupción entre oficiales de alto nivel de las FDP ofrecen una oportunidad para  legítimamente derogar los tratados Torrijos-Carter.

“Nuestra política debe desarrollarse a lo largo de las siguientes líneas:  una campaña de acciones encubiertas para desestabilizar a Panamá, acusando a las Fuerzas de Defensa, particularmente al General Noriega, de tráfico de drogas, de cooperar con terroristas latinoamericanos, fraude electoral durante las elecciones presidenciales, y de estar vinculados a los servicios de inteligencia de Cuba y Estados Unidos.  Los proyectos deben claramente especificar que la seguridad permanecerá en manos de Estados Unidos y que Panamá no debe esperar una jurisdicción individual.”

EEUU hizo de todo contra Panamá antes de invadir (sanciones, bloqueos económicos, comerciales, financieros, crediticios, golpes militares, campañas subversivas, etc.).

Quien explica mejor lo sucedido en torno a Japón y el Canal, es John Perkins, agente de Inteligencia.   En entrevista con Amy Goodman, de ¡Democracia Ahora! (Democracy now!) dijo:

“Omar Torrijos había firmado el Tratado del Canal con Carter…  nuestro Congreso   lo ratificó por un solo voto.  Torrijos se adelantó a negociar con los japoneses para construir un canal a nivel del marTorrijos habló con ellos de ese tema, lo que molestó mucho a Bechtel, cuyo presidente era George Schultz y su vicepresidente, Casper Weinberger.  Intentaron convencerlo de renegociar el Tratado del Canal y no hablar con los japoneses.  Se negó rotundamente.  Era un hombre de principios.   Entonces murió en la caída de un avión en llamas, conectado a una grabadora con explosivos dentro…  Yo estaba allí, trabajando con él.  Sabía que nosotros, los sicarios económicos, habíamos fracasado.  Sabía que los chacales se acercaban.  Y acto seguido, explotó  su avión con una grabadora que contenía una bomba.  No cabe duda de que fue organizado por la CIA, y muchos investigadores estadounidenses han llegado a la misma conclusión.   La oligarquía pre-Torrijos, que habían servido como títeres desde 1903 hasta que Torrijos se hizo cargo, fue restaurada.  Washington nuevamente controló la vía acuática, no importa lo que digan los documentos oficiales.”

Fue un militar estadounidense quien, en el antiguo local del Correo en Ancón, antigua Zona del Canal, hizo explotar la bomba, exclamando en voz alta,  “¡Dios mío!  ¡Hemos matado a un gran hombre!”

Noriega lo resumió así:  “Quiero aclarar esto muy bien:  la campaña de desestabilización lanzada por Estados Unidos en 1986, que culminó con la invasión a Panamá en 1989,  fue el resultado del rechazo de Estados Unidos a cualquier escenario en el cual el control futuro de un Canal  de Panamá  pudiera estar en manos de un Panamá independiente  y soberano – apoyado por Japón.” (Manuel Noriega and Peter Eisner, America’s Prisoner:  The Memoirs of Manuel Noriega, Random House, New York, 1997).

EE.UU. impidió que Panamá estableciera relaciones con la República Popular China a través de la injerencia del expresidente George Bush (padre)  en el gobierno de Martin Torrijos, ya que aquel  viajó de incógnito a Panamá en 2016, a Puerto Piñas, en Darién, donde “le ordenó a Martin Torrijos (en presencia de su canciller, Samuel Lewis Navarro) no abrir relaciones con China” (Julio Yao, op.cit., págs. 71 y 95).

Como si fuera poco, la Autoridad del Canal de Panamá incluye cláusulas  en el reglamento de licitaciones de la ampliación del Canal que obstaculizan la participación directa de la República Popular China.   Todo ello, en venganza por el hecho de que los puertos en ambos terminales del Canal fueron adjudicados a Hutchison Ports y no a la Bechtel Corporation.

Saque cada uno sus conclusiones.   ¡Muchas gracias!

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