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Las legislativas en Colombia como termómetro de las presidenciales.|

 (y por qué son decisivas para el uribismo)

Es sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela. Ha sido ganador del premio municipal de Literatura 2015 con su libro Dale más gasolina y del premio Clacso/Asdi para jóvenes investigadores en 2004. Colaborador en diversos medios de Europa, Estados Unidos y América latina.
El próximo domingo, 13 de marzo, se realizarán en Colombia las elecciones legislativas donde se elegirán los 107 curules del Senado así como los 172 de la Cámara de Representantes.

Con todos los ojos puestos en las presidenciales de mayo, las parlamentarias pueden servir como modo de comprobar la correlación de fuerzas políticas en Colombia y las verdaderas probabilidades de un cambio político, tal como lo esperan las encuestas realizadas. Es bastante probable que ningún partido se imponga sobre el resto, sino que un crisol de formaciones políticas se posicionan en el Parlamento.

Ya en las pasadas parlamentarias de 2018, los grandes partidos venían debilitándose y unos cinco partidos lograron una votación superior al 10 %, pero con un resultado muy similar entre ellos, aventajados en poco margen por el partido Centro Democrático del expresidente Álvaro Uribe, que siendo la primera fuerza del país consiguió un 18 %.

Ahora, en estos comicios se espera el impacto de la emergencia de las candidaturas de izquierda –que han acumulado mucha fuerza y que en aquella elección apenas superan el 3 %– y, además, siempre según las grandes encuestas del país, un declive del uribismo y los partidos tradicionales.

Lo novedoso de este evento será que 16 curules del Congreso estarán reservados a las víctimas del conflicto armado, lo que es una conquista de la mesa de negociaciones de La Habana.

El reciente diálogo de EE.UU. con Venezuela y la intención de regularizar la distribución de combustible puede terminar siendo como un balde de agua fría contra el oficialismo colombiano.

Por otra parte, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), que hace un par de semanas convocó un paro armado nacional, ahora ha declarado un alto al fuego durante las elecciones.

Elecciones y tsunami geopolítico

Las elecciones servirán también para medir el impacto de las atribulaciones geopolíticas que a Colombia le llegan muy de cerca.

El país es «socio global» de la OTAN, con la que firmó un acuerdo de seguridad en diciembre de 2021, lo que no significa que sea miembro pleno, pero sí que viva muy de cerca el conflicto geopolítico debido a su constante tensión con el Gobierno venezolano, aliado a Rusia, al que no reconoce y con quien diariamente se intercambia discursos lacerantes. Además, Colombia comparte con Venezuela una frontera con históricos altos grados de conflicto armado.

El problema de esto es que el reciente diálogo de EE.UU. con Venezuela y la intención de regularizar la distribución de combustible puede terminar siendo como un balde de agua fría contra el oficialismo colombiano, porque su denuncia al Gobierno venezolano suele ser una constante en su repertorio discursivo que se irá volviendo inefectiva, especialmente cuando habrá un nuevo Ejecutivo en poco tiempo.

Para el uribismo y el conservadurismo, aliados a EE.UU., esta elección es clave porque, pase lo que pase en las presidenciales, podría ser su plataforma central para frenar u obstaculizar cualquier intento de cambiar la orientación política de Colombia.

De esta manera, la vinculación entre uno de los candidatos presidenciales colombianos con el Gobierno venezolano, promovida por los poderes políticos, debería perder su efectividad en tanto que el principal aliado de la derecha colombiana, la Casa Blanca, está conversando con su enemigo principal.

El discurso típico de la derecha y el uribismo, que se ha perpetuado en el poder durante los últimos 20 años, en contra de la guerrilla y también del Gobierno de Venezuela ya no parecen tener la misma efectividad. Pero además, y esto es lo que más pone interés en la contienda, es que Colombia ocupa un lugar estratégico para EE.UU.

Es una especie de «cabeza de playa» para el Ejército de EE.UU, que se involucró de manera directa en el conflicto armado colombiano durante largos años para luchar contra las insurgencias revolucionarias estableciendo varias bases militares.

Con una Latinoamérica convulsionada, giros izquierdistas en países aliados como Chile y Perú; con la neutralidad geopolítica de Brasil, México y Argentina en torno al conflicto actual en Ucrania, no es un momento especialmente hegemónico para EE.UU. en una región que ha terminado siendo un terreno inflamable como para seguir avivando conflictos.

Así, si en Colombia se alzase con el poder un Gobierno de izquierda, como contemplan las encuestadoras, esta no será una buena noticia para Washington.

Para los partidos del uribismo y el conservadurismo colombiano, aliados a Washington, es clave esta elección parlamentaria, porque, pase lo que pase en las presidenciales, podría ser su plataforma central para frenar u obstaculizar cualquier intento de cambiar la orientación política del país.

Esa es la importancia que reviste la elección de este domingo.

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