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 Clientelismo Electoralista

Por: Gonzalo Delgado Quintero

El clientelismo está a flor de piel y es de doble vía. Es una actitud de quien ofrece, pero también, de quien pide. Del ¿qué hay pa mí?. Esta mala práctica está regada, nada  escapa a ella.  Hay quienes seguirán corrompiendo el sistema electoral con esta forma de hacer proselitismo, porque es lo único que pueden ofrecer.

Visto así, pareciese que Francis Fukuyama, en el caso panameño, tendría asidero al decir del fin de la historia y de las ideologías. Al menos las conocidas tradicionalmente, porque de todas formas la ley librecambista de mercado es una ideología. Quizás, por ello, volver a los senderos del torrijismo será muy difícil, como casi imposible, sería hablar de panameñismo, liberalismo, social cristianismo o social democracia, porque lo que queda es una mínima expresión de esas ideologías en los partidos que hoy se han convertido en instrumentos para llegar al poder con el único propósito de defender el neoliberalismo reinante y para los efectos, recurrir a personas desideologizadas para que lideren la cosa pública y si son proclives a la corrupción clientelista, mejor aún.

Los partidos fueron tragados por personas ambiciosas y parece que no va a cambiar esa negativa y tóxica práctica del maletín y la chequera; todo lo contrario, el clientelismo, la compra de conciencias y de votos no se podrá contener de ninguna manera. Quedan pocos defensores de las buenas ideas adentro de los partidos y no están al mismo nivel para hacer la pelea contra estos grupos beligerantes. Eso ocurre en todos los colectivos.

Mientras el pueblo espera y la bruma no deja ver aún el asomo de la esperanza de un verdadero cambio; lo que sí se vislumbran es la aparición de figuras fantasmagóricas que no representan realmente nada bueno. Unos no tienen liderazgos reales, sin estamina para hacer la gran pelea estelar en el 2024 y no son personas que puedan conducir al país. Otros que ya lo hicieron y aun creyéndose grados de popularidad, en verdad, solo arrastran interminables estelas de corrupción, tan largas que actualmente se siguen dirimiendo en los recintos de justicia.

Con esos tipos de liderazgos ¿qué se puede hacer? La respuesta es nada, absolutamente. Por eso, el 2024 pinta gris. Y es que la oposición no tiene propuestas y la única que concita algún apego social es una de las figuras más emblemáticas de la corrupción; mientras que el gobierno ya tiene más historia que vida por delante.

Pareciese que la estrategia es promover ignorancia política, cultural y socialmente inducida. En este escenario, con raras excepciones, duele reconocerlo, pero la gran mayoría estará mentalizada en un afán desmedidamente electoralista, no se está pensando más allá, no existe ninguna propuesta coherente de ninguna parte o naturaleza.

El clientelismo electoralista es, sobre todo, la forma, modo y estilo de esos grupos del poder económico y político que no les interesa y más bien, ven como un peligro la mejor formación política de los miembros de bases de los partidos. En conclusión, estamos perdiendo poco a poco el país. Ya estamos perdiendo hegemonía regional como plataforma multimodal de transporte, (caso de Costa Rica y Colombia) con los puertos de contenedores. En tanto, esos grupos, solo se preocupan en preparar la mesa con las viandas del clientelismo, sin ningún tipo de visión. Esa conducta no favorece a nadie en el país.

El autor es periodista, escritor y analista

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