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A un año de a toma de posesión de Biden.|

El destacado periodista Peter Barker que escribe para el New York Times, escribió hace un año atrás sobre las circunstancias en que azarosamente Joseph Robinette Biden Jr. y Kamala Devi Harris tomaron juramento en un Capitolio que aún se tambaleaba tras el ataque de una turba violenta en un momento en que la pandemia sigue asolando a Estados Unidos.

 

Escribía Petrer Barker entonces que “Joseph Robinette Biden Jr. juramentó como 46.º presidente de Estados Unidos el miércoles, asumiendo el cargo en un momento de profunda crisis política, económica y de salud con la promesa de buscar la unidad tras cuatro turbulentos años que rasgaron el tejido de la sociedad estadounidense”.

Barker escribía la crónica de ese entonces así: “Con la mano en una Biblia de cinco pulgadas de grosor que ha estado en su familia durante 128 años, Biden recitó las 35 palabras del juramento y prometió “preservar, proteger y defender la Constitución”, en una ceremonia presidida por el presidente de la Corte Suprema, el magistrado John G. Roberts Jr., completando así el proceso a las 11:49 a. m., once minutos antes de que la autoridad de la presidencia cambie formalmente de manos”.

El ritual de la transferencia del poder se llevó a cabo poco después de que Kamala Devi Harris fue juramentada como vicepresidenta por la jueza Sonia Sotomayor, con la mano en una Biblia que alguna vez perteneció a Thurgood Marshall, ícono de los derechos civiles y magistrado de la Corte Suprema de Estados Unidos. La toma de posesión de Harris la convirtió en la mujer con el más alto cargo político en la historia de Estados Unidos y la primera estadounidense negra y la primera persona de ascendencia asiática en ocupar el segundo cargo más alto del país.

En su discurso inaugural, Biden dijo que “la democracia ha prevalecido” después de que un presidente derrotado, Donald J. Trump, puso a prueba el sistema político. Trump intentó anular los resultados de la elección y luego, hace dos semanas, alentó a una turba que irrumpió en el Capitolio para detener el conteo final. No obstante, el presidente entrante pidió a los estadounidenses dejar a un lado sus profundas y oscuras divisiones para unirse y enfrentar la pandemia del coronavirus, los problemas económicos y el flagelo del racismo.

“Debemos ponerle fin a esta guerra incivil: rojo contra azul, rural contra urbano, conservador contra liberal”, dijo Biden durante el discurso de 21 minutos en el que mezcló temas urgentes con gestos informales. “Podemos hacer esto si abrimos nuestras almas en lugar de endurecer nuestros corazones, si mostramos un poco de tolerancia y humildad, y si estamos dispuestos a ponernos en los zapatos de los demás —como diría mi mamá—, solo por un momento”.

Biden repitió la palabra “unidad” en distintas ocasiones, y dijo que sabía que “puede sonar como una fantasía tonta para algunos”, pero insistió en que los estadounidenses habían superado otros momentos de polarización y pueden hacerlo de nuevo.

“Porque sin unidad no habrá paz, solo amargura e ira. No habrá progreso, solo indignación extenuante. No habrá nación, solo un estado de caos. Este es nuestro momento histórico de crisis y desafío, y la unidad es el camino que debemos seguir”

La ceremonia, en un día frío y ventoso salpicado de copos de nieve, puso fin a la presidencia tormentosa y divisiva de Donald J. Trump. En su característico estilo, Trump volvió a desafiar la tradición al marcharse de Washington horas antes de la juramentación de su sucesor en lugar de encarar la realidad de su derrota electoral. Su vicepresidente, Mike Pence, sí asistió a la ceremonia.

Trump viajó a Florida, donde planea vivir en la propiedad de Mar-a-Lago. Pero en unos días el Senado abrirá un juicio de destitución para el expresidente, acusado de haber incitado una insurrección al alentar a la turba que atacó el Capitolio el 6 de enero en un intento por detener el conteo final de los votos del Colegio Electoral que ratificaron su derrota.

Fue un día surreal, subrayado por la imagen del presidente recién investido y la vicepresidenta en el frontis oeste del Capitolio, que hace apenas dos semanas lucía ocupado por una multitud acechante de partidarios de Trump. A diferencia de la mayoría de tomas de posesión, inundadas por la alegría y la sensación de un nuevo comienzo, las festividades del Día de Inauguración 59 ilustraron las penurias de Estados Unidos.

Debido al temor de más violencia, la capital, Washington, ha sido transformada en un campo armado custodiado por unos 25.000 elementos de la Guardia Nacional que se unieron a miles de agentes de policías. Gran parte del centro de la ciudad quedó bloqueado al tráfico. Debido a que la pandemia del coronavirus sigue arrasando el país, a los estadounidenses se les pidió que no acudieran, creando un fantasmal espectáculo: el nuevo presidente se dirigió a la Explanada Nacional, repleta no de personas sino de banderas que simbolizaban a una multitud ausente.

Muchas de las tradiciones habituales del día de toma de posesión se obviaron debido al virus, entre ellas un almuerzo con los líderes del Congreso en el Statuary Hall, la algarabía del desfile por la Avenida Pensilvania y los bailes de gala donde se espera que el presidente entrante y su esposa abran la pista.

En lugar de ello, Biden pasará revista a las unidades militares en el frontis este del Capitolio y más tarde procederá a la Casa Blanca escoltado por bandas de música de todas las ramas del ejército, así como por los tambores de la Universidad de Delaware y de la Universidad Howard, el alma mater del presidente y la vicepresidenta, respectivamente. Luego de eso, un “Desfile por Estados Unidos” virtual presentará actuaciones en vivo desde 56 estados y territorios.

Para simbolizar el tema de unidad nacional que Biden ha buscado proyectar, lo acompañarán tres expresidentes —Barack Obama, George W. Bush y Bill Clinton— a dejar una corona en la tumba al soldado desconocido en el Cementerio Nacional de Arlington antes del desfile. En lugar de los bailes formales, la primera y la segunda pareja participarán en un programa nocturno televisado conducido por el actor Tom Hanks.

Eso ocurrió hace un año atrás, no obstante, Estados Unidos de Norteamérica se encuentra hoy sometido, no solo por la variante Ómicron de Coronavirus, ampliamente extendida, sino que los problemas económicos, sociales, políticos y hasta militares no solo no han sido resueltos, sino que hoy adquieren un nivel de alta tensión que requieren de mucha sensatez para su dominio y control.

JDE

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