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¡40 Aniversario del día de la Soberanía Total!.|


Por: José Dídimo Escobar Samaniego

En año 1982, el Primero de abril, se dio un hecho histórico y trascendental en la vida de la nación panameña. Ese día por primera vez en nuestra historia, ejercimos la jurisdicción en todo lo ancho y largo de nuestro territorio en virtud de la entrada en vigor de los Tratados del Canal “Torrijos-Carter” que en razón de que fueron ratificados por el Congreso y el Senado conforme las normas constitucionales y legales en los Estados Unidos y el 1 abril de 1979. Treinta y seis meses después entró en Vigencia el Tratado con un Acto Majestuoso que se realizó en Balboa, frente a la antigua Policía Zoneíta que ahora la ocuparían los estamentos de seguridad de la Guardia Nacional de Panamá.

El Gran ausente en este acto lo fue el General Omar Torrijos Herrera, que 8 meses atrás dejó su vida regada en el Cerro Marta y no pudo entrar a la Zona, pero entró para siempre en la Historia.
Le tocó a este humilde hijo de campesinos, siendo el máximo dirigente estudiantil de la FEP, en ese momento histórico, ser el Orador Oficial a nombre del pueblo panameño para tan especial ocasión en donde se desmanteló para siempre la estructura jurídico colonial que nos representó humillación y afrenta a los patriotas panameños. El Orador del gobierno fue otro patriota consagrado, como lo fue, Jorge Illueca Sibauste, en ese momento Vicepresidente del País y fue distinguido meses después como Presidente de la Asamblea General de La Organización de Las Naciones Unidas.

Todavía con el dolor y el luto por haber perdido a nuestro líder nacionalista y popular, ese día fue glorioso y hoy, a treinta y nueve años de esa jornada, quiero hacer un homenaje póstumo a quien fuera mi compañero de esa jornada y fue sentado a mi lado, por lo cual tuve un grato y distinguido honor, se trata de Lester León Graves, aquel panameño que pagó en las cárceles Zonians, la de Gamboa (Ahora Renacer), por ser Negro, aunque una bella joven, la hija de un General sureño, jefe del comando Sur, acantonado en nuestro territorio, se había enamorado de Él, y aunque el amor no conoce color ni nacionalidad, este joven panameño; pagó con sus carnes muchos años, el no consentimiento del padre, que vió en ese acto de amor bello, una gran afrenta para sí, y quedaba así evidenciado la existencia de la colonia extranjera dentro de nuestro propio territorio que conformó lo que Torrijos llamó la “Quinta Frontera”.

Hace pocos años murió Graves, al cual, nunca se le hizo justicia y aunque sea una calle de este país, deberá llevar el nombre de una de las víctimas del sistema colonial que imperó, ultrajó y abusó de muchos panameños a los que, en los recién pasados 100 años, debió dárseles siquiera, un pergamino por su contribución destacada a la conquista de nuestra soberanía; que sí nos da de comer.

Estaba ese día, a mi lado también, Ambler Moss; embajador de los Estados Unidos para la época, Marcos Gregorio Mcgrath, pero lo más importante; estaba el pueblo que llenó en miles y miles, el lugar y gritaban las consignas y entonábamos ¡Colonia Americana No! De Lucho Vejarano y ese día Pille Collado se lució cantando la décima de Chang Marín …

“Quiero sembrar un maíz
en la Zona del Canal.
Y sobre el verde arrozal,
la saloma más feliz.
He de escuchar la perdiz,
allá en la curva lejana,
y encima de la montaña,
clavaré la enseña mía,
Ay, flor de soberanía,
que rescataré mañana.”.

Salidos de ese acto, la esposa del General Torrijos, Raquel Pauzner vda. de Torrijos, nos invitó a su residencia y hubo lágrimas de alegría y grandes emociones, porque si bien no estaba Torrijos Presente para esta Gran Ocasión, todos sabíamos que El General de los Pobres, había sido un instrumento que Dios Había utilizado para traernos dignidad y Libertad a los panameños, y ese día su espíritu se paseaba y gozoso, encabezó el acto popular que signó el desmantelamiento de la estaca colonialista que mancilló nuestra dignidad por casi un siglo.

Gracias Dios eterno, el Dios que nos liberta, y de lo más profundo del fango de la inmundicia, nos sacó con fuerza que conmueve, a este pueblo pequeño, vil y menospreciado y nos diste lugar entre los grandes, aunque seguramente no lo merecíamos, pero a ti te plació, manifestar tu Gracia y tu Misericordia.

No permitamos que ahora, cuatro bellacos, movidos por la avaricia insaciable, se apropien de lo que Dios nos dio generosamente, al pueblo panameño. No permitamos tampoco que los autores del latrocinio reciente, se burlen del pueblo y no consintamos que los perversos que asaltaron con clientelismo y deshonra al partido de Omar, lo mantienen secuestrado para tutelar y apuntalar sus oscuros propósitos egoístas, al margen del papel que le tiene deparado la historia como el motor para la dignificación; que aún falta, de todos los panameños, fundamentalmente los más pobres de mi patria.

¡Así de sencilla es la cosa!

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