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¿Qué nos pasa?.|


Por: José Dídimo Escobar Samaniego

El mundo está revuelto, confundido, como lleno de mosto y como zoquete, con dificultad extrema para entender los tiempos actuales, y actuando lejos de la realidad, pretendiendo buscar respuesta, donde no la hay.

Hemos perdido el camino y también la razón. Andamos como ciegos, en pleno medio día, tanteando con las manos, porque nuestra mirada ha sido nublada por nuestros actos que no se compadecen con la justicia y están apartados del derecho.

Ahora en varios países, los hombres no requieren de desarrollar una relación sana con una mujer para formar un hogar y para complacerse de manera natural y sana, con su pareja y esposa y además de disfrutar, procrear los hijos y hacer familia, institución fundamental de nuestra sociedad.  Solo tienen que ir a una tienda, comprar una “muñeca” que con inteligencia artificial, simula los requerimientos de una “belleza excelsa” y además, inflada y conectada a la corriente eléctrica, complace al hombre en todas sus fantasías sexuales, y hace del hombre un ser esclavo de una relación entre ser humano y una cosa, sustituyendo sentimientos hacia nuestros iguales, por caer en el “amor a las cosas”, llevando la dignidad humana a un nivel de catástrofe y desaparición. El Hombre termina despreciando a su propia condición humana, no requiere, equivocadamente, de ningún humano y termina excluyéndose de la interrelación personal que vivifica la dignidad y la propia naturaleza humana y termina en el desierto de la soledad infinita.

Lo mismo ocurre con la mujer que, puede comprar su “muñeco”, y lo usa cuando quiera, con la única dificultad que, de una cosa, por no tener alma, no pueden surgir sentimientos, y mucho menos los más nobles, como el Amor y la pasión humana, que son los que nos hacen distintos, y con la capacidad de poder compartirlos para agrandarlos y generar la felicidad humana, que de manera equivocada, buscan quienes así deciden difuminar sus vidas, con artificios que, solo la simulan brevemente.

Hace algún tiempo, publicamos en este Periódico, una noticia en donde en Singapur se autorizó a empezar a producir carne con sabor a pollo, producida artificialmente. Nuestra decadencia, es tétrica, porque el conocimiento humano avanzado que, debe llevarnos por el camino de luz, también puede, como en efecto lo hace, introducirnos en un túnel oscuro, en donde no tomamos en cuenta la dignidad humana y ello nos lleva derecho a la vileza y la ignominia, incluso, tomando supuestamente en consideración, el sofisma del respeto a la naturaleza.

Pero lo mismo ocurre en el campo de la música, donde el ruido, lo soez y lo de mal gusto, ha sido encumbrado al pináculo de “arte”. Es como si, todos decidiéramos una vía suicida, tal como algunas especies marinas que de manera inexplicable suelen varase en playas, sabiendo que, alejados del ambiente acuático, solo les espera la muerte segura.

La degeneración de la que hablamos, porque la vivimos, pretende que los conceptos estéticos que la humanidad ha atesorado, corran la misma suerte de los valores éticos y morales que han entrado en una franca decadencia, sin que sean suplantados por una propuesta que los fortalezca, sino pretendiendo una supuesta libertad y generando un desorden que, solo le sirve a los que deliberadamente, quieren apuntalar el despelote que, lleva directo a la decrepitud.

Por algo las sagradas escrituras expresan que, “en donde está tu tesoro, allí estará tu corazón”.  Nuestro corazón, ha estado detrás de las cosas, y ellas, ya ocupan para muchos, el lugar de Dios, y también el de nuestros congéneres. Poco o nada nos ha servido la lección que nos dejó Jesucristo cuando nos dijo: “Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”. Lucas 12:15

Hoy la avaricia nos sacude de una manera terrible. En el caso del COVID-19, la carrera por la vacuna o cualquier medicamento, no está movido por el amor al prójimo y la solidaridad, sino por, las pingües ganancias que, de la oportunidad se pueden derivar.

Espero que esta reflexión les llegue a muchos y nos volvamos de la impiedad, y nos arrepintamos de tanta maldad porque escrito está: “Pero cuando yo diga al impío: «Ciertamente morirás», si él se aparta de su pecado y practica el derecho y la justicia, {si} el impío devuelve la prenda, restituye lo que ha robado, anda en los preceptos de vida sin cometer iniquidad, ciertamente vivirá, no morirá”. Ezequiel 33:14-15

Aún podemos retroceder de las profundidades de la vileza, y permitir que renazca en nuestros corazones, la naturaleza original con que fuimos creados por, Nuestro Señor Jesucristo.

¡Así de sencilla es la cosa!

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