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Mecánica Nacional


Miguel Montiel-Guevara 2-1-2024

Encabeza este artículo el título de una de las mejores películas mexicanas de los años setenta que tuve el placer de ver. Describe el intríngulis biopsicosociocultural de la sociedad mexicana de su tiempo. La nuestra también tiene su mecánica nacional. Al respecto apunta el poeta Pedro Rivera, con una dosis de asombro: “Hay algo en la psique colectiva de los panameños que amerita estudios psicosocioculturales serios. El aparentemente más carismático líder de Panamá, de todos los tiempos, o sus asesores, conocen mejor que nadie la idiosincrasia de un numeroso sector de la población panameña. (…) Al preguntarles por qué generalmente responden con candidez infantil: <robo, pero hizo>”.

Paradoja moral. No es el único caso, aunque sí el más notorio. Antes hubo quien mandó al pueblo panameño a “comer yuca con miel” y nunca perdió la preferencia popular como número uno de la política panameña. Guardadas proporciones ocurre lo mismo con el personaje de la consigna electoral clientelista “el que no da, no va”. Pero todo tiene su razón de ser. Explicar lo que pareciera inexplicable no es en realidad tan difícil si buscamos y rebuscamos aquí y allá fundamentación que no sea simplemente el “carisma del personaje”. Para eso vayamos a la filosofía que, según dicen, es “fuente de sabiduría”.
Étienne de La Boétie fue un filósofo francés. Se interesó desde muy joven en los autores clásicos griegos y latinos. En 1548, con dieciocho años escribió el libro Discurso sobre la servidumbre voluntaria, publicado en 1572 por su mejor amigo Michel de Montaigne. Agradezco su conocimiento a Pablo de Francisco desde España.
Sobre La Boétie y su libro hay información abundante en Wikipedia. Escritor humanista, filósofo, poeta, traductor y magistrado francés partidario de la tolerancia religiosa. El Discurso de la servidumbre voluntaria resulta ser más interesante por tratarse del primer tratado político sobre el poder que se escribe desde la perspectiva de los que sufren el poder, no desde la perspectiva del que lo ejerce.
Ricardo Ayuela Gally, escritor mexicano, uno de sus estudiosos apunta: “Igual que para Tomás Moro y Maquiavelo, para La Boétie la política es (…) un ámbito más de la acción de los hombres, para bien o para mal. Pero a diferencia de Maquiavelo, que le dice al príncipe que debe ejercer y conservar el poder sin importarle la moral, y de Moro, que le dice al príncipe cómo conservar la moral sin perder el poder, a La Boétie lo que le importa no es el príncipe sino sus súbditos”.
Lo que asombra a La Boétie, no es que el poder sea tiránico, esa es en última instancia su naturaleza, sino que los súbditos lo acepten con agrado. Ese parece ser, sino es que lo es, el de los casos nuestros aludidos. ¿Por qué es así? Para La Boétie el misterio no está en los tiranos que se imponen por las armas, la guerra o la conquista, sino en aquellos gobernantes que no necesitan ejercer la violencia para mandar y que incluso cuentan con el beneplácito de sus siervos. «Una persona sola no tiene poder en realidad, a este poder le bastan tres condiciones: la fuerza de la costumbre, los distractores emitidos desde la cima y la complicidad de un pequeño grupo. (…) necesita un círculo de incondicionales que actúen en su nombre y cada uno de estos alfiles requieren a su vez de su propio núcleo de fieles hasta alcanzar el mayor número de beneficiados que el sistema pueda albergar.» Frases lapidarias. Matriz de la cleptocracia panameña, sobre la cual tanto he escrito.
Concluye Ayuela Gally: “Aun así, esta pirámide sólo representa una parte pequeña de la sociedad que, si simplemente se negase a obedecer, haría que toda la estructura se derrumbara. Pero la gente no suele ser consciente de su poder. Ni siquiera en las democracias se suele hacer el correlato de la fuerza del voto individual”.
Así pues, ni confusión, ni perplejidad deben producir los fenómenos socio-políticos de “robo, pero hizo”, “comer yuca con miel”, “el que no da, no va”. Mecánica nacional panameña. Termino reiterando que “la corrupción no tiene ideología. Para acabar con ella hay que acabar con la impunidad”. Sea,

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