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La A.S.E.P., es la institución más inoperante del país.

Autor. José R. Acevedo C.

La Autoridad de los Servicios Públicos, A.S.E.P., fue concebida con tres fines fundamentales. El primero, ser el ente regulador de las empresas de generación y distribución de la energía eléctrica, concediendo y autorizando, modificando o resolviendo los contratos de concesión que inciden sobre nuestra matriz energética; la regulación de las tarifas por venta de energía y consumo energético y por supuesto, la más importante actuar como protector del consumidor desde la perspectiva que las empresas de producción y trasmisión de energía, cumplan con sus obligaciones contractuales.

Las productoras de energía o generadoras, deben abastecer al país de energía cumpliendo los respectivos protocolos, en especial de seguridad y las de transmisión deben tener la infraestructura adecuada para que la energía llegue sin contratiempo a los respectivos hogares y negocios.

Desde hace más de diez años, los residentes de la Provincia de Panamá Oeste sufren de cortes, apagones, interrupción continua, casi a diario del servicio de energía eléctrica, que les conducen a un estrés y lesiones psicológicas invaluables, que afectan sin duda su calidad de vida. Estos conciudadanos y habitantes de esa región se encuentran en un estado de impotencia y abandono de parte de la A.S.E.P., porque no tienen quien pueda defenderles.

Si la ineficiencia fuese premiada con un Oscar, la A.S.E.P., lo obtendría ante otra entidad estatal con mucha ventaja.

En los contratos de concesión se reglamenta como condición sine qua nom (sin la cual no) para obtenerla y mantenerla, la eficacia en la prestación de ese servicio público.

No hay excusa aceptable para que la empresa de distribución eléctrica preste un servicio tan ineficiente. Tampoco se puede tolerar la omisión de las autoridades que se han quedado de brazos cruzados y no actúan sobre la empresa para que haga las correcciones o se le resuelva su contrato.
La Constitución en su artículo 17 determina que, las autoridades están investidas para proteger a sus habitantes. En este caso, la autoridad no lo protege, lo maltrata, no le tutela su derecho, más bien, delega poder a la empresa y no asegura su comodidad, al contrario es cómplice del maltrato ciudadano.

Con una autoridad y dirigencia que omite sus deberes, se hace demorado tomar los correctivos sobre estas y las empresas involucradas.

Un país se identifica como de primer mundo por la calidad de los servicios públicos. Tenemos muchos rascacielos, pero los cables eléctricos y demás están a la vista, visibles y entrelazados como verdaderas redes de tela arañas. Seguro que no es una impresión agradable para un turista y además, si se le ocurre instalarse en el área oeste, sufrirá las consecuencias del malísimo y perverso servicio público de electrificación y de agua. Estará en igualdad con el residente, salvo que su estadía sería perentoria, seguro no tendrá interés de regresar, frente a esa persona que seguirá sufriendo día por día, tal ineptitud.

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