Por Jaime Flores Cedeño
Prof. De Filosofía e Historia-Abogado.

El 23 de febrero, ayer, se cumplió 130 años de la partida física del doctor Justo Arosemena Quesada, considerado el “Padre de la Nacionalidad panameña”, pocos se acordarán de esta fecha, porque la memoria histórica con el paso de las décadas parece borrarse producto de la política de adocenamiento y aculturación, que actúan como germen en las sociedades capitalista, donde se le da preponderancia a todo lo superficial, cotidiano y mundano.
El ilustre prócer al que nos referimos tuvo una trayectoria pública limpia, no fue tildado en sus años de vida política como corrupto o algo parecido, elevó a lo más alto al Istmo de Panamá con su proyecto de “Estado Federal”, que sentaba las bases de la nacionalidad panameña. Murió sin tener mayores recursos, porque vivía de su salario, no acumuló propiedades, ni grandes negocios desde el poder, que de ello no escaparon políticos liberales y conservadores del siglo XIX.
Su tumba en el cementerio Amador reposa en el abandono, a la espera de que algún día se construya un Mausoleo que dignifique todo lo que aportó a la Patria, en cuando a nacionalidad, civismo, honradez y humildad. Ocupó muchos cargos a lo largo de su vida y nunca se le identificó como prepotente o soberbio. Creía en la enseñanza desde la niñez, dedicó páginas a dignificar a la juventud, fue antiesclavista, liberal, diplomático y ensayista, entre tantas facetas de su vida ejemplar. Importante anotar, que a pesar de provenir de una familia burguesa criticó la segregación mal denominada “los de adentro” y “los de afuera”, que mantenía dividida a la urbe del “arrabal” llamado así despectivamente por la población blanca.
Su nacionalismo se mostró con esplendor luego del “Incidente de la Tajada de Sandía”, al decir: “Por eso, en fin, después de tantas provocaciones y de tantos abusos los yankees han apelado al suceso desgraciado del 15 de abril, como un pretexto seguro para exigencias y reclamaciones absurdas, para prodigar calumniosas imputaciones a la población y a las autoridades de Panamá, ya para hacer amenazar nuestra soberanía, insultar so pretexto de tomar medidas de seguridad y preparar expediciones de filibusteros que han estado a punto de lanzarse también sobre Panamá”, frase esta ocultada por los textos oficiales de historia.
Por su loable trayectoria fue descrito por el Dr. Octavio Méndez Pereira como: ‘Un gran cerebro luminoso, robusto y espontáneo, que ha dejado huella indeleble en las letras, en la historia, en las instituciones y en la diplomacia de América. No fue a la política buscando aplausos, honores o triunfos efímeros. No hizo promesas vanas, ni excomulgó ni insultó como energúmeno, ni tuvo envidia de nadie. Puso sencillamente al servicio de su patria todas sus luces y se echó todo entero a la realización de sus ideales elevados’.
Desde el Parlamento fue proponente de significativos proyectos de ley de impacto nacional como los códigos de: minería, enjuiciamiento en asuntos civiles, penal, leyes complementarias del código penal, organización judicial y código civil. Su destacada labor legislativa lo llevó a ocupar la presidencia de la Convención de Río Negro en 1863.
Loables fueron las palabras del líder del liberalismo colombiano de la época, Aquileo Parra, quien describió su actuar legislativo de la siguiente forma: “Arosemena, aparte de su reconocido talento y de su vasta ilustración era el más hábil parlamentario que he conocido, sin exceptuar al mismo Ancísar, tan perito en la materia. Durante largas y aún cansadas sesiones seguía Arosemena atentamente el curso del debate, sin cambiar de posición ni lugar. Pensaba con serenidad y apreciaba con criterio insuperable las razones que se exponían en pro y en contra de lo que se discutía; y cuando ya el debate estaba para concluir, hacía uso de la palabra, para resumir y condensar con claridad y agregando los suyos propios, que eran siempre de gran fuerza, ejercía casi siempre decisiva influencia en el resultado de la discusión”.
Después de la Convención ocupó diferentes cargos diplomáticos, entre estos: enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en el Perú, de 1863 a 1866; ministro residente en Francia e Inglaterra de 1871 a 1872; enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en Francia e Inglaterra, de 1873 a 1874; ministro residente en los Estados Unidos de América, de 1879 a 1880; ministro residente en los Estados Unidos de Venezuela en 1881 y enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en dicho país, desde septiembre del mismo año hasta junio de 1882.
A 130 años de su deceso recordamos las palabras que ofreciera el doctor Belisario Porras, el día del sepelio del prócer al manifestar: “Justo Arosemena, sobrevivirá como una enseñanza hoy más que nunca cuando la fe se apague y los caracteres se pierdan, sobre todo, para las generaciones venideras que, han de inspirarse en sus acciones y en sus doctrinas y que han de relatar su vida múltiple de gran diplomático, de sabio político, de escritor eminente, de jurisconsulto, y muy particularmente de hombre sincero que se rindió siempre convencido y fervoroso culto a la verdad y la justicia”.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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El Periódico de Panamá Revista de Análisis Político, Económico, Social y Cultural.