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A la “bulla de los cocos”, botaron los libros.

Por: Berna Calvit

Comunicadora social

Con el paso de los años mi capacidad de asombro es casi nula; casi nada me resulta novedad. Para recordarme hechos que se fueron de viaje en “la nave del olvido” es raro el día en que, con distintos personajes, me entero de situaciones similares a las que quedaron atrás, olvidadas gracias a un pueblo desmemoriado. Ante lo que acontece hoy viene como anillo al dedo la canción ”Periódico de ayer”, cantada por Héctor Lavoe que aunque es sobre el amor también le viene bien al suceso del momento: “…sensacional cuando salió en la madrugada, a mediodía ya noticia confirmada y en la tarde materia olvidada”. La desmemoria archiva lo de ayer para que nos ocupemos por un rato en lo de hoy. Y así vamos. Sin esfuerzo podría citar muchos casos que en su momento fueron noticias de primeras planas y atención nacional pero que, como dice la canción, hoy son “periódico de ayer”.

Entre ellos recuerdo la desaparición de 42 piezas de bronce de los Juegos de antaño y ¡hasta un tractor! que estaban en un depósito en el Parque Omar; se señaló entre los responsables a dos miembros del Servicio de Protección Institucional, pero no se supo a qué negocio dedicado a la fundición de metales fueron a parar porque para usar las figuras como adornos, imposible. Estruendoso caso, el helicóptero HP-1430 que en 2001, al regreso de Punta Mala amarizó en Farallón (se quedó sin combustible); pasajeros y piloto sanos y salvos, y rescatado también el equipaje; la aeronave fue hundida a balazos y tocó fondo (en todo sentido).

Para que no le caigan las telarañas del descuido y el olvido, que en la Casa Museo Belisario Porras en Las Tablas se guardan (todavía) cartas, pinturas, vestimentas, libros, condecoraciones y otros artículos del doctor Porras, tres veces presidente de Panamá. Según denuncia en 2021 del profesor Rommel Escarreola, “es lamentable la condición del inmueble” que está deteriorándose entre polillas y humedad. El Ministerio de Cultura, a cargo de su custodia, responde que la dificultad es “la falta de presupuesto debido a la pandemia”. No obstante, el alcalde de Las Tablas, Ángel Barrios, afirma que “el lugar ha sido abandonado por todas las administraciones que han pasado…”.

Estos casos me llevan a la Biblioteca Eusebio A. Morales del Instituto Nacional (IN). Me resulta imposible pasar por alto la simpleza, y por lo mismo, sorprendentes explicaciones del Ministerio de Educación (Meduca) y de la rectoría del IN sobre la destrucción, desaparición, quema, o lo que sea que haya sucedido en noviembre de 2019 con el 98% del material que según informe existía en la biblioteca institutora. ¿Cuándo puso el IN en conocimiento del Meduca las condiciones de la biblioteca? La orden de deshacerse del materia, dicen que por el riesgo a la salud de estudiantes, profesores y personal administrativo, ¿Se dio después de inventariar lo que se podía salvar? ¿No sirvió, para identificar las obras dañadas la portada, contraportada, lomo, alguna página? ¿O fue a la “bulla de los cocos” la botadera de libros? Los daños que causan ácaros (bibliófagos), hongo, polillas y humedad al papel, telas y casi cualquier material (incluso caucho), deberían ser conocimientos básicos para el manejo y mantenimiento de una biblioteca y de nuestros libros en casa. En este capítulo de silencios no he sabido que se solicitara asesoría de la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero; del Depto. de Bibliotecología de la Universidad de Panamá o de la Autoridad del Canal de Panamá. El daño en el 98% de lo existente en la biblioteca no es responsabilidad del actual gobierno; este “libroricidio” es el resultado de varios años de negligencia y abandono. ¿Por qué el silencio sobre la situación de la biblioteca, que solo se hizo pública gracias a que la Lic. Gólcher tuvo necesidad de consultar obras en el IN? ¿Existen registros del mantenimiento que recibía la biblioteca? Hay otro detalle que valdría la pena considerar: ¿Se guardan registros de consultas hasta el día del “libroricidio”? La internet es útil para encontrar información, pero para conocer el valor de las obras destruidas, habría que saber cuáles, sobre todo de autores nacionales, estaban en el registro documental de la biblioteca.

Al Meduca le tomó varios meses explicar lo de la desaparición y como si fuera de escasa importancia el daño hacia “el acervo bibliográfico” que menciona el catedrático, Enrique Avilés, es que ahora, “después de los pavos” se proporcionará al IN una biblioteca con aire acondicionado, libros nuevos, estantería moderna, bancas cómodas y bonitas, etc. La importancia de lo perdido, “Ay, pues se perdió, qué lástima, clavo pasado”.

En conclusión, que el problema en este y otros casos de abandono y desaparición de bienes culturales, museos, teatros, galerías de arte y centros educativos son las termitas, los hongos y la humedad en los cerebros de los burócratas para quienes la memoria histórica, la cultura en general, es asunto de poca importancia. Están en “las mesas” y las comisiones para el bla bla que todo lo plantea y poco o nada ejecuta. Pero para mantener el poder existen, ¡eso sí!, los fondos necesarios para planillas brujas, nombramientos abultados con fines politiqueros, coima, “cash back”. Y así, otro capítulo del que en un par de días se podrá decir “Pilindín pilindao, este cuento se ha acaba’o”.

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