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Torrijos: entrega, probidad y amor.

Por: José Dídimo Escobar Samaniego

En mis estudios de historia económica, uno de los períodos que más me impresionó, fue la crisis de 1929, llamada también la Gran Depresión.

Las limitaciones y estrecheces conceptuales, en las que no se admitía la intervención del Estado en la Economía, llevó al estancamiento y al borde de la tumba al capitalismo. Sus efectos fueron devastadores para casi todos los países que tenían un desarrollo mínimo capitalista en ese entonces. La inseguridad y la miseria fueron una epidemia implacable y a pesar de jugar con la rebaja de precios a extremos no hubo manera de poder sacar del marasmo a la economía. Los más pobres sufrieron en carne viva y muchos murieron en ese período dramático de la historia por causa del orgullo de la teoría económica que se resistía a la intervención del Estado en la Economía Nacional.

Hace apenas dos meses atrás visité el estudio, el claustro universitario y la tumba de Adam Smith en Edimburgo, Escocia, lugar donde desarrolló una de sus obras cumbre, “La riqueza de las naciones», misma que lo catapultó a que se le llamara el padre de la economía.

Sin embargo, tuvo que aparecer en el escenario un John Maynard Keynes, con una visión que era una herejía entre los pensadores económicos del capitalismo de inicios del siglo pasado, hace apenas 95 años atrás. La principal conclusión del análisis de Keynes, era una apuesta por la intervención pública directa en materia de gasto público, que permite cubrir la brecha o déficit de la demanda agregada.​ Está considerado también como uno de los fundadores de la macroeconomía moderna.

Cuando Omar Torrijos asumió la dirección política del Estado panameño en 1969, después del golpe de Estado fallido del 15 de diciembre de 1969, en razón del saboteo económico de los poderosos empresarios estimulados desde los Estados Unidos de Norteamérica y que fueron los que patrocinaron ese golpe de la derecha, Omar de una manera creativa y con los limitados recursos que contaba el Estado a fines de los años sesenta, decide estimular la economía nacional y apuntalar el desarrollo económico aún sin la participación de los sectores empresariales tradicionales que en ese entonces saboteaban abiertamente el desarrollo económico, sacando del país sus riquezas para generar crisis económica y por consiguiente un malestar general que, según ellos, les permitiría recobrar el poder político que habían perdido.

Torrijos impulsa al sector industrial -organizado desde 1945 en el Sindicato de Industriales de Panamá (SIP)- pero con muy poco peso en las decisiones económicas y además busca formas para su financiamiento y desarrollo. Nunca antes en la historia se le dio mayor impulso al sector industrial nacional.  Torrijos nacionaliza la Fuerza y Luz y el Estado toma control de los bienes estratégicos como lo son la energía y las comunicaciones nacionales. En ese mismo periodo de los primeros años de la década del 70, crea Torrijos las Juntas Agrarias, los Asentamientos Campesinos y se le da un gran impulso al cooperativismo como formas de organización económica novedosas que han tenido mucho éxito en Panamá, hasta que el General Paredes propició una reforma constitucional en 1983 que dio deliberadamente al traste con el proyecto económico de Torrijos.

Pero el Estado no se quedó allí. Se impulsó el desarrollo de ingenios azucareros que en manos del Estado fueron motores del desarrollo económico en provincias centrales, Chiriquí y Panamá Este. Se construyeron cementeras, hidroeléctricas de gran capacidad de generación, se desarrolló la más ambiciosa red de caminos de producción, carreteras, puentes y puertos en todo el país, a tal punto que se integró el país que estaba desarticulado. Se construyeron aeropuertos, miles de escuelas, puestos, centros de salud y hospitales como nunca y todo esto sin endeudar peligrosamente al Estado panameño. Se masificó y se democratizó la Universidad Nacional para que los hijos del pueblo pudieran convertirse en profesionales en todas las ramas del saber. Ante el déficit de maestros y educadores en general, se crearon 4 escuelas normales adicionales a la escuela Normal de Santiago y en solo 6 años había un superávit de maestros en el país y por primera vez se le dio cobertura educativa a toda la geografía nacional, al ver esta realidad la oposición política a Torrijos penetró a los sectores docentes y convirtió una lucha reivindicativa de los educadores por un aumento de sueldo en una lucha política que terminó destruyendo al reforma educativa y sin que hasta ahora, casi 50 años después, se hay planteado siquiera una verdadera reforma educativa para ponernos a tono con la realidad técnico científica del mundo actual.

Nunca antes se construyeron tantas viviendas dignas para los sectores marginados y la clase media como en aquel tiempo y a precios accesibles.

La transformación económica de Torrijos fue muy importante, pero aún mayor fue el logro, por la Gracia de Dios, de nuestra aspiración nacional de ser soberanos en todo el territorio y recuperamos la Zona y el Canal de Panamá que ahora la oligarquía corrupta y traidora, se lo quiere engullir y lo ha entregado nuevamente en forma vergonzosa a quienes nos enfrentamos por tener aquí una colonia que siempre humilló a nuestra patria.

Torrijos realizó esa hazaña, sin que sus detractores hasta el día de hoy, puedan demostrarle y enrostrarle que atesoró bienes del Estado, y que se hizo rico por cuenta del alto y valioso servicio que prestó a la nación. Torrijos no nos dejó los exorbitantes compromisos con una majestuosa y casi inmanejable deuda externa pública, que hoy llega a la friolera de más de casi 60 mil millones de balboas.  Mucho de este dinero ha quedado en manos de facinerosos y de los más ricos que, hoy se burlan de todos los panameños, porque la justicia ha sido incapaz de cumplir su misión y su función.

Sobrevinieron los que impulsados por ambiciones desandaron los caminos de Omar y entregaron el plan estratégico del desarrollo torrijista, se enriquecieron con las privatizaciones perversas que se dieron en contra del pueblo y dejaron en manos de privilegiados los bienes que nos pertenecían a todos.

El país necesita recuperar su extraordinario potencial, sobre todo poder entregar a nuestra juventud un escenario distinto al que hoy tenemos, en donde la corrupción se ha encargado de destruir, con especial atrocidad, los sueños de justicia y desarrollo humano y que podamos los panameños hacer cosas novedosas para no seguir como caballos trapicheros en el mismo trillo una y otra vez, sin poder salir del embrujo de la angustia y la tragedia.

En la actualidad, algunos políticos que han andado por los laguneros de la corrupción, pretenden hacer uso del discurso y de la obra de Torrijos, como si esa hermosa obra tuviera ligada a sus andanzas. Afortunadamente el pueblo que, recuerda con profunda añoranza a Omar por su complicidad con el pueblo, tiene muy claro lo que dijo Jesucristo «Por sus frutos los conoceréis». Es decir, no es por lo que digan, sino por lo que hacen y lo que han hecho, da vergüenza y peor aún, que quieran arroparse desesperadamente, con vileza y frialdad, de la obra de un hombre que llevó con humildad y gallardía en su corazón, los mismos sueños y anhelos del pueblo panameño.

Hoy, en el que podría haber sido su cumpleaños 97, recordamos, con gratitud a Omar, aquel que le sirvió a la patria panameña y que procuró la dignificación máxima de todos los panameños y que no tuvo que robar para hacer, ni privatizar para privilegiar a los que más tienen, ni gobernar solo con los que más tienen, porque su compromiso con los de abajo fue sincero y no de boca, así lo demuestran los hechos.

¡Así de sencilla es la cosa!

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