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Discurso sobre nuevas corrientes juveniles

Por Pedro Rivera
A manera de hipótesis y ojos de cubero, subjetivo como toda pretendida objetividad, percibo groso modo que las movilizaciones anti mineras de octubre de 2023, más de cuatro corrientes de jóvenes diferenciados por su condición de clase, agendas de lucha, visión del mundo y estilos de vida.
La pregunta es: si algún día esta variopinta juventud liderará el destino de la nación demarcándose y tomando distancia de los valores neoliberales de la sociedad de consumo y del “supuesto” mercado libre que de libre no tiene nada.
La incertidumbre es válida. La quinta sexta y quien sabe cuántas más seguirán perfilándose en tiempos cada vez más cortos y escenarios geopolíticos impredecibles, incluyendo la variable apocalíptica.
En los primeros momentos esta disímil juventud encabezó una movilización fina, unidireccional, romántica, unitemática, exquisitamente organizada. Trazó objetivos prístinos y paradigmáticos, apelando al instinto, a la emocionalidad y “raciocinio solidario” sin egolatrías visibilizadas, promovida mediáticamente con acierto, sacando provecho a la universalidad del tema: calentamiento global y defensa del medio ambiente.
En esta movilización participaron sectores de la juventud burguesa, pequeñoburguesa y aburguesada, descendientes de las hegemonías tradicionales  y antisistema, verbigracia, un puñado de hijos de nuevos ricos, educados en colegios privados y universidades extranjeras, la mayoría de ellas estadunidenses, preparados para administrar las instituciones y los negocios del Estado neoliberal.
Pero también se visibilizó a una juventud arcoíris, constituida por multicapas medias, de cierto nivel de escolaridad, de alto, mediano, tolerable poder adquisitivo, encriptada en el sistema, leales al status quo aunque lo nieguen, bregante de las reglas de juego del sistema, heredera y adaptada a una sociedad económica y cultura transitista. Una juventud modelada a imagen y semejanza del establishment.
Esta juventud en  forma general se sustenta, adopta y adapta a la institucionalidad regente, a la ética neoliberal, a la dolarización, a la cultura de masas, concomitadas con la cuarta revolución industrial; con el desarrollo de la ciencia y la tecnología, con la sociedad de consumo, con las innovadas fuerzas productivas y nuevas relaciones de producción, apegada al modelo de economía transitista, una de cuyas consecuencias es el cambiante carácter de las clases sociales, cada vez más complejas y alejadas de las clásicas, de las formas y métodos de lucha empleados, proclive a rechazar a la izquierda ortodoxa. No quiere cambiar el mundo sino mejorarlo sin tocar las estructuras, es decir, perfeccionarlo.
Una juventud de moralidad abierta, sí, pero alienada por las ofertas culturales de la sociedad consumo, por los mass media fácticos, por las redes sociales, adictos a un sistema de educación concomitada con la apología de delito, la violencia, el narcotráfico, el belicismo. Un sector muy amplio postula que lo feo y sucio es bello y lo mismo les da acudir a conciertos de reguetón, pero también a ferias de libros y manifestaciones políticas solidarias.
Se trata, También, de una juventud refractaria a las ideologías orgánicas y tradicionales, sobre todo as satanizadas por las hegemonías occidentales, pero no por eso insensible y ciega, ni incapacitada para percibir las diferencias de clase, los daños colaterales provocados por el desarrollo tecnológico, la corrupción y las injusticias sociales enmascaradas por la “democracia” entre comillas. Juventud susceptible a indignarse y comprometerse con los cambios sociales que sean históricamente inminentes.
Esta juventud es diamante en bruto, apta para alinearse bajo el paraguas de los nuevos paradigmas políticos, éticos, incluso estéticos, análogos a las posiciones antibelicistas y ecologistas por las que abogan, por la sostenibilidad de la vida en el planeta, lo que es bueno por tratarse de objetivos que serán apapachados por los revolucionarios y los grandes conglomerados humanos del ya futuro. Solo es cuestión de que descubran las causas estructurales de los conflictos y aprendan hacer camino en consideración de las nuevas realidades.
Es el mundo en el que nacieron, crecieron y ayudaron a construir sus padres. Un puñado de ellos—los progenitores— exmilitantes de izquierda, luchadores sociales, algunos que compartieron escenarios en donde aún se festina o se conduele el derrumbe del socialismo, no real, como se dice, sino “irreal” como lo fue.  Hay que reconocer que las vanguardias juveniles, orgánicas, étnicas, ideológicas, urbanas, suburbanas, sin sustentos de masas, algún día recuperarán la iniciativa de cambiar el mundo radicalmente en los nuevos escenarios anunciados.
Otro sector de la juventud la integran trabajadores de la vieja y nueva guardia, hoy más que nunca unidos a la clase empresarial por sus contradicciones, modelo de relación emergido de la primera revolución industrial, a la que se adhieren gremios docentes, médicos, intelectuales y otros profesionales, muchos de ellos desideologizados y desmarcados de us orígenes. La impresión que tengo, lo digo con respeto, pero con temor a las furibundas descalificaciones, es que se han distanciado de la realidad, o la realidad se desmarcó de ellos, al punto que le dan más importancia a los enfrentamientos coyunturales que a la organicidad con fines estratégicos.
Las movilizaciones contra la minería participaron tangencialmente, de una u otra manera, jóvenes de la marginalidad social variopinta, aquella ubicada en los tugurios suburbanos de la periferia urbana, precaristas por razones obvias, muchos viviendo en condiciones de pobreza extrema, en casas condenadas, insolventes morales, indigentes éticos, llamados lúmpenes, susceptibles a ser reclutados por las organizaciones del crimen organizado, las que ya debieran ser percibidas por los politólogos como lo que serán, variables latinoamericanas del terrorismo creado en Asía, África y Medio Oriente con fines políticos desestabilizadores y golpistas.
¿Y la juventud originaria abyalense? ¿Se pueden desconocer? Demostraron que no. Serán cada vez más protagónicos. Sus agendas son divergentes con aquellos que ven a Panamá como mercancía, o franquicia, a la que los turismólogos mercadean como “marca Panamá”.
Esta juventud está posesionada por motivaciones ancestrales, es decir, por condicionamientos biopsíquicos, alimentados por energizantes culturales, como lo son la lengua materna, las heredades genéticas, las cosmogonías, las tradiciones y las rabias. Para este sector, al que en otros contextos definí como “país excluido”, las protestas les vienen de lejos, se inició con la invasión de los aborígenes europeos a Abya Yala-América, y aún no termina, sigue en pie y, en nuestro tiempo, se vincula automáticamente a toda protesta o insurgencia contra el establishment, sin consideración de las causas convocantes. ¡Remembra Victoriano Lorenzo al que asesinaron por esa razón!
En resumen, los sectores de la juventud insumisa movilizadas contra la contra la minería es claro indicio de que esa juventud hallará el camino del cambios estructurales que traza la humanidad. Al fin y al cabo, no es sino a través de la lucha contra los síntomas como se descubren las causas de las enfermedades. Al combatir el hambre es como se descubre lo que la provoca. Al combatir la tibiez de la sábana es cuando se descubre que causa la fiebre.
No se puede descontextualizar el examen de la juventud panameña del macrosistema geopolítico. Esta generación hereda un mundo enfrascado ya, pero ya, en la convencionalmente llamada tercera guerra mundial, cohabitante de una sociedad planetaria, dando saltos de canguro desde el trampolín de la unipolaridad al de la multipolaridad. Significa que la lucha por un mundo mejor es la causa que los convocará en el cercano futuro.
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