
Por: José de la Rosa Castillo
18 de febrero de 2026
Profesor Universitario de Relaciones Internacionales
Mientras el color rojo y las danzas del león inundan las calles de Ciudad de Panamá para celebrar la llegada del Año Nuevo Chino, el ambiente festivo esconde una realidad mucho más pragmática y estratégica. Lo que para muchos es una muestra de hermandad cultural, para otros es el recordatorio de que Panamá se ha convertido en el principal tablero de ajedrez de la influencia asiática en el hemisferio occidental, bajo la mirada vigilante y, a veces, asfixiante de Washington.
Una Herencia de Siglos y el Giro del Acero
La relación entre Panamá y China no comenzó con los acuerdos diplomáticos de 2017; se remonta a 1854 con la llegada de los primeros trabajadores para el Ferrocarril Transístmico. Esa huella es hoy identidad nacional. Sin embargo, en 2026, esa «herencia de sangre» ha evolucionado hacia una «infraestructura de acero». China no solo es el segundo mayor usuario del Canal, sino que su presencia en nuestras costas ha pasado de ser comercial a ser una pieza clave de su iniciativa de la “Franja y la Ruta”.
El Canal en la Mira: La Presión de Washington
Este avance no ha pasado desapercibido para Estados Unidos. En los últimos meses, las presiones desde el Departamento de Estado hacia el Gobierno Nacional se han intensificado, centrándose en la seguridad de los datos y el control de los puertos. Washington mira con recelo la consolidación de operadoras vinculadas a capitales chinos en ambos extremos de la vía interoceánica (Balboa y Cristóbal), advirtiendo sobre el riesgo de que infraestructuras críticas caigan bajo la influencia de una potencia rival.
Las visitas de alto nivel de funcionarios estadounidenses no son meras cortesías diplomáticas; son recordatorios de que, para el Pentágono, el Canal de Panamá sigue siendo una zona de interés vital para la seguridad hemisférica. El mensaje es claro: cada contrato firmado con una empresa estatal china es analizado en Washington como un posible retroceso en la alianza histórica entre Panamá y Estados Unidos.
El Ajedrez de la Neutralidad: Sacar el Mejor Provecho
Ante este escenario, Panamá no puede permitirse ser un espectador pasivo. En este juego de ajedrez global, nuestra mayor ventaja es nuestra ubicación y nuestra neutralidad constitucional. El desafío del Gobierno Nacional no es elegir un bando, sino maximizar el provecho de ambos mundos.
De China, debemos atraer inversión de alta tecnología y financiamiento para infraestructuras necesarias (como el tren hacia el interior o la gestión hídrica), pero bajo condiciones de transparencia que no comprometan nuestra jurisdicción.
De Estados Unidos, apalancar nuestra posición estratégica para exigir mayores incentivos comerciales, transferencia tecnológica y apoyo en seguridad, recordándoles que la lealtad de un socio se cultiva con cooperación, no solo con advertencias, amenazas y propagando mentiras.
Para que esta estrategia de «sacar el mejor provecho de ambos mundos» no se convierta en una peligrosa cuerda floja, existe un requisito innegociable: la transparencia absoluta en las licitaciones públicas. En un clima de desconfianza geopolítica, cada contrato de infraestructura o concesión portuaria debe ser un libro abierto.
El favoritismo, real o percibido, hacia uno de los bloques solo sirve para alimentar las sospechas de Washington o provocar el repliegue de Beijing, dejando a Panamá en medio de una tormenta diplomática innecesaria.
Al fortalecer nuestras instituciones y asegurar procesos de licitación competitivos y auditables, el Gobierno Nacional envía un mensaje claro: en el Istmo, el único interés que prevalece es el panameño. Solo con reglas del juego claras podremos convertir la rivalidad entre potencias en una competencia de beneficios para nuestro desarrollo, transformando las presiones externas en oportunidades de inversión productiva.
Celebrar la cultura china es un acto de justicia histórica hacia una comunidad que ayudó a construir este país. Pero la celebración no debe nublar nuestro juicio crítico. Panamá debe ejercer una **neutralidad activa**. Si sabemos jugar nuestras cartas, el Istmo puede seguir siendo el punto de encuentro donde el capital estadounidense y la eficiencia asiática convivan para beneficio del desarrollo nacional. Al final del día, el Dragón y el Águila pueden seguir disputándose la hegemonía global, siempre y cuando entiendan que en Panamá, las llaves de la casa las manejamos nosotros.
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El Periódico de Panamá Revista de Análisis Político, Económico, Social y Cultural.