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El Clientelismo: Virus Mortal para la Democracia.

Por: José Dídimo Escobar Samaniego

 

La Práctica política de obtención y mantenimiento del poder asegurándose fidelidades a cambio de favores y servicios, a eso se le llama clientelismo. Es una de las aberraciones más crueles y perversas contra la dignidad humana y en Panamá, su manifestación, no es un secreto que las autoridades electorales, la consienten y se hacen de la vista gorda.

En el Título Séptimo del Código Electoral, que desarrolla el Artículo 136 constitucional, en su numeral 1 dice: “Se prohíbe: 1. El apoyo oficial, directo o indirecto, a candidatos a puestos de elección popular, aún cuando fueren velados los medios empleados a tal fin…”.

Es el caso que, funcionarios electos por ejemplo para Diputado, no solo atienden las tres claras funciones establecidas por la Constitución Política vigente, sino que, en una clara transgresión de la propia Constitución Política, se extralimitan y asumen tareas propias del Órgano Ejecutivo, en las que reparten becas, nombran personas en los ministerios o entidades del Estado, obteniendo contratos para nombrar a su aparato político electoral con el dinero público, y que es evidente a los ojos del pueblo y de todas las autoridades, incluyendo las electorales, los usos de las partidas 172, 080. 002, 004, del presupuesto nacional. Diputados que, en solo un año le han sido asignado recursos superiores a los 15 millones de Balboas, especialmente en los procesos preelectorales, sin que tal asignación, tenga algún atisbo de fundamento constitucional y legal.

La Asamblea en su conjunto sobrepasa los 180 millones anuales en medio de los procesos electorales, de los cuales 150 millones son para contratar personal del diputado que hacen tareas políticas electorales de las campañas electorales de cada uno de ellos, pagada con nuestros impuestos y generando, además, no solo el delito electoral muy claro, sino que dicha conducta y actos, generan una absoluta falta de garantía, equilibrio e igualdad de armas y reglas similares para las partes, lo cual vicia absolutamente, nuestros procesos electorales. Lo mismo ocurre con los Representantes de Corregimiento y alcaldes en todo el país. Después de las reformas electorales aprobadas hacen pocos meses, se institucionalizó un adefesio electoral que por ningún lado puede garantizar un proceso limpio y transparentes de donde salgan legítimas nuestras autoridades.

La pobreza y miseria en la que viven, más de un tercio de los panameños, viene a convertirse en un campo abonado, en donde encaja una “generosidad” que se financia con el dinero público, pero luego es cobardemente cobrado en las lides electorales, y así hay personas que lejos de ser un ejemplo para la comunidad, vienen a convertirse en los verdugos que se han reelegido hasta en siete ocasiones, por lo cual les agrada que permanezca la impresentable desigualdad existente, es decir hasta la promueven en su actuar pernicioso y calculado y sería bueno que se acordaran de aquella frase de Simón Bolívar que dice: “La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el fin de los Gobiernos Democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo Ciudadano el Poder. El Pueblo se acostumbra a obedecerle y él a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía. Un justo celo es la garantía de la Libertad Republicana, y nuestros ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo Magistrado, que los ha mandado mucho tiempo, los mande perpetuamente.”

Uno de los Magistrados de Tribunal Electoral, lleva 32 años en el cargo, rumbo a los treinta y cinco, como una de las muestras, de que, como koalas, se aferran al poder público, a sus privilegios, sin tomar en cuenta el daño y perjuicio que le causan a la democracia, tal como advierte nuestro Insigne Libertador.

En los partidos políticos, financiados por el Estado, lejos de utilizar los recursos públicos para preparar y formar ideológicamente a los cuadros políticos, los utilizan para el clientelismo y compran cruelmente las conciencias de los delegados como mercancía y así ejercen dominio de los partidos, que de democráticos tienen, lo que yo de astrónomo. No escribo, ni hablo por informes de terceros, sino que me ha tocado vivir esa trágica experiencia de la cultura que han sembrado, “Qué hay pa’ mí” o “El que no dá, no vá”. Así, nuestra democracia termina siendo un sofisma y más aún, un grotesco esperpento que, avergüenza a las personas decentes del país y atropella y lastima profundamente, la dignidad de todos.

La no reelección en períodos consecutivos y hasta un máximo de reelección en tres períodos no consecutivos; es decir, si alguien se le escoge tres veces en períodos no consecutivos, no podrá ser candidato nunca más.

Creo que esto disminuiría el clientelismo político y la corrupción. El remedio para acabar con muchas trampas es la creación de circuitos uninominales, que fueron rechazados categóricamente por quienes aprobaron las reformas, en los que, el más votado es el escogido y eso elimina, el voto en plancha y el tener que recurrir a los residuos y otros subterfugios, disque para que las minorías estén representadas cuando la realidad es que las curules quedan en manos de los mismos partidos corruptos de siempre. Esto, además, daría un resultado inmediato de las elecciones y nos ahorraríamos la angustiosa espera de sorpresas, muchos días después del sufragio en donde se terminan burlando abiertamente de la voluntad popular, con la consabida frase que una elección se gana en la junta de escrutinio y no en las mesas electorales.

Estoy por los circuitos uninominales y contra la asignación de curules por residuos. Todo nuestro sistema electoral ha transformado el significado del término «política», que ha dejado de ser el arte de gobernar para convertirse en el arte de corrupción para utilizar, en beneficio de los políticos, los fondos del Estado con el patrocinio de la empresa privada que, como la Minera Panamá, financian a distintos cargos públicos y luego los subsumen o los cooptan y por supuesto hurtan el mandato popular. Si se hubiese aprobado la conversión de los circuitos a uninominales, se habría enrutado el proceso electoral por el camino de la transparencia y la confianza ciudadana, pero pudo más la avaricia y el cálculo alevoso de perpetuar la ciénaga fangosa de la corruptela.

Si no se reformó el sistema electoral como correspondía, debió también, eliminarse el aporte del Estado para los partidos políticos que, se convierten en representantes del poder económico y dejan de representar a los electores. Hay que eliminar los aportes de la empresa privada a los candidatos, pues es una manera de comprar la representación que pertenece al pueblo. Es incompatible el financiamiento público, simultáneamente con el aporte privado. El que desea ser político que se gane la curul por sus aportes a la sociedad y no por su capacidad económica para comprar conciencias que después le cuestan al Estado nombramientos injustificados que además son ocupados por incapaces y ambiciosos que saquean los recursos que se requieren para brindar mejor educación, salud, un mejor sistema de justicia que no rebaje penas a criminales, confesos y atroces y así poder mejorar los salarios de quienes sí se ganan sus cargos por su capacidad y competencia.

La corrupción le está haciendo tanto daño al país y la permanente agresión a la dignidad de nuestra querida Panamá. Estas acciones bien podrían ser parte de la Reforma Política Integral que debe abordar la Ejecución del Diálogo del Centenario, con el que acabamos de despedirnos del mes de la patria en la presentación de sus conclusiones por parte del gobierno nacional, si es que queremos auténticamente, frenar nuestro destino hacia el precipicio.

¡Así de sencilla es la cosa!

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