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Súbita jubilación: cómo enfrentar una pérdida inesperada de empleo.|

Una parte importante de los trabajadores que perdieron su empleo de manera forzosa en la pandemia no estaban económicamente preparados, muestran las investigaciones. Hay modos de sortear la situación.

Tomado del New York Times

Por: Tammy La Gorce

Andrea Jones no había decidido aún en qué fecha se jubilaría de su trabajo de servicio al cliente en United Airlines cuando el aeropuerto de Newark empezó a lucir como un pueblo fantasma en marzo de 2020. Luego de 28 años con la aerolínea, todavía estaba encantada con su trabajo. Pero hacia finales de ese mes colgó su uniforme por última vez. Aún tiene dificultades para manejar el sentimiento de pérdida.

“No estaba lista para irme, para nada”, dijo. “Me pegó justo entre los ojos”.

Jones, de 68 años, de East Windsor, Nueva Jersey, se retiró para proteger la salud de su marido, George, quien padece de mieloma múltiple, un tipo de cáncer. Afortunadamente, los Jones tenían un guardadito y United le ofreció un paquete de salida que le permitió mantener su seguro de salud.

Patricia Scott no ha tenido tanta suerte. La maestra de educación especial en Stockton, California, se retiró en enero para cuidar de su propia salud. Scott, abuela de diez nietos, sobrevivió al cáncer de mama en 2016 y su oncólogo le dijo que no podía arriesgarse a contraer COVID-19 al volver a las aulas. Ahora, que tiene 66 años, está en un inestable terreno económico. “Mis ingresos son la mitad de lo que eran”, comentó. Es soltera y tiene deudas. “Estoy estresada, deprimida y aterrada”.

A muchos de los casi tres millones de trabajadores de entre 55 y 70 años que dejaron sus empleos en Estados Unidos desde marzo de 2020, la jubilación pandémica ha causado dos traumas. La mayoría, como Jones y Scott, sintieron que se les forzaba a dejar de trabajar antes de lo deseado, dijo Teresa Ghilarducci, profesora de economía y análisis de políticas en la New School for Social Research. En ese grupo, la mayoría, como Scott, no estaba preparada económicamente, dijo Ghilarducci.

Según la investigación de la New School, durante la pandemia se jubilaron muchos más trabajadores de más edad avanzada que durante otras recesiones económicas. Por ejemplo, luego de la crisis financiera de 2008, 1,9 millones de trabajadores de más edad abandonaron la fuerza laboral en los primeros tres meses de la recesión. Es una cantidad 35 por ciento menor que la cantidad que dejó de trabajar en los primeros tres meses de la pandemia. Los datos más recientes muestran que 1,7 millones de entre la nueva ola de retirados dejaron de trabajar a pesar de la incertidumbre económica, comentó Ghilarducci.

Sus partidas por lo general no eran el presagio de unos añitos destinados a observar las aves. “Mucha gente fue desplazada de su empleo”, dijo Ghilarducci, quien atribuyó la salida en parte a una discriminación por edad. “Antes, en una recesión, los empleadores se deshacían primero de los recién contratados, pero en esta ocasión los más afectados han sido las personas que han ocupado sus puestos de trabajo más tiempo”.

Un factor, explicó, fue que no se hicieron valer las leyes anti discriminación. Así fue que algunos empleadores se toparon durante la pandemia con la rara oportunidad de deshacerse de los empleados de más edad, que son percibidos como menos productivos y más caros.

Sin importar la razón, el nuevo ejército de jubilados involuntarios, desproporcionadamente compuesto por trabajadores negros y por personas sin grado universitario, según los datos de junio de la New School, está en problemas. Un motivo clave: las tasas de endeudamiento entre los estadounidenses de 65 años y más están en uno de los niveles más altos de la historia, dijo Ghilarducci. Y es probable que vayan a aumentar más conforme las personas se vean obligados a recurrir a sus activos para llegar a fin de mes. Recurrir a los fondos de la Seguridad Social antes de lo esperado también los volverá más vulnerables, ya que al cobrarlos anticipadamente reducirá permanentemente sus beneficios.

Incluso para quienes tienen una red de seguridad, las dificultades pueden ser significativas. “Hay mucho estrés relacionado con un retiro forzado”, dijo Malcolm Etheridge, asesor financiero en Washington que aconseja a varios clientes de mayor edad que recientemente se quedaron sin trabajo. “Toma tiempo superar la perturbación”.

Para algunos, según ha descubierto Etheridge, un empleo a tiempo parcial puede devolver la sensación de equilibrio financiero. Para otros, el camino adelante no es tan aciago como parecía. “Mucha gente tiene esta ambición de que se van a retirar a cierta edad con cierta cantidad de dinero, pero no tienen idea de que podrían ajustar dichas metas”. Uno de sus clientes, desplazado de su trabajo como ingeniero de software en Verizon luego de 27 años en la empresa, se sorprendió al saber que podía haberse jubilado cómodamente hace dos años.

Los clientes que de pronto tienen tiempo libre a veces arriesgan demasiado sus ahorros, al parecer de Etheridge, sobre todo como empresarios novatos. Dijo que había visto más emprendedores de color abriendo negocios propios desde que empezó la pandemia. “Es importante que tomen medidas para adueñarse de su futuro, pero algunos están gastándose su jubilación para iniciar”, dijo. “Deben asegurarse de que les quedará dinero en la cubeta del retiro”.

Eso seguramente no será posible para los casi 20 por ciento de trabajadores de bajos ingresos mayores de 50 años que sintieron que no tenían otro remedio que jubilarse, dijo Ghilarducci: “Dispondrán solo de la Seguridad Social y serán pobres”. Scott, la maestra, como tiene pensión no está en dicha categoría, pero para ella también será difícil llenar su cubeta de retiro.

Aunque el paquete de incentivos por jubilación anticipada que aceptó de su distrito escolar en el mes de enero la mantiene a flote, en septiembre tendrá que empezar a hacer un pago de 426 dólares mensuales que eligió aplazar cuando empezó la pandemia. “Pienso en esa cifra, 426 dólares, al menos cinco veces al día”, dijo. Cuando vuelva a empezar a hacer los pagos ya no le va a alcanzar para la renta. “No sé qué voy a hacer. Voy a tener que irme a vivir con un familiar y ser una carga”.

Jovan Johnson, planeador financiero certificado en Atlanta, dijo que Scott y otros en su situación deberían empezar a buscar la ayuda pro bono de un asesor que pueda ayudarles a organizar el dinero. “Hay muchos de nosotros dispuestos a ayudar a las personas gratuitamente durante una crisis”, dijo. Recomienda buscar en sitios como XY Planning Network.

El principal beneficio de sentarse junto a un profesional financiero puede ser evitar el pánico, dijo. Pero los 15 retirados recientes que lo contactaron pidiendo ayuda gratuita desde el inicio de la pandemia, entre ellos enfermeros y maestras, también dijeron haber comprendido mejor cómo administrar los recursos limitados. “Todos merecen tener un plan”, dijo.

Controlar el dinero es una forma de tomar el control. Manejar el golpe emocional puede no ser tan fácil. Scott dijo que su pérdida de identidad como maestra era tan culpable de su depresión como las presiones económicas. “Pasaba seis horas al día, cinco días a la semana con niños que me necesitaban mucho y, siendo honesta, lo hacía muy bien”, dijo. “Dejarlos con el año escolar a medias fue como perder a mis propios hijos”.

Para Janice Sands, de 71 años, que se jubiló en marzo de la organización de arte Pen + Brush de Manhattan tras 23 años como su directora ejecutiva, el estrés empezó a finales del año pasado, cuando contrajo covid y pasó varias semanas en una unidad de cuidados intensivos. No estaba lista psicológicamente para retirarse, pero dado que no se había recuperado completamente, sintió que debía hacerlo. “Yo era de las que iban a tener que salir en silla de ruedas del trabajo porque me encantaba”, dijo.

Ahora se ajusta a lo que a su parecer es un panorama más limitado. La noche del domingo y los lunes la desconciertan más. “Es como cuando sueñas que tienes un examen final y nunca asististe a clase o se te olvida la combinación de tu casillero. Sigo pensando que tengo que ir a trabajar”. En lugar de ello da paseos con su esposo, Wallace Munro, un actor jubilado, y va al supermercado con más frecuencia de la que pensó que alguna vez querría ir.

“Me da algo que hacer”, dijo. “Tienes que reestructurar tu vida cuando pasa algo así. Es tan fácil deprimirse”.

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