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PEDRO PINEDA GONZÁLEZ: EL COSTEÑO ILUSTRADO

La historia de un panameño extraordinario

Por Miguel Ángel Candanedo O.

Pedro Pineda dictando su cátedra.

En el escrito anterior, dedicado a reseñar brevemente al profesor universitario Pedro Pineda, recientemente fallecido, señalamos que para justipreciar debidamente su personalidad y el legado intelectual del amigo Pedro, se hace obligante asomarnos brevemente al periplo vital que recorrió desde su nacimiento, hace poco más de siete décadas, en ese pueblo de pescadores llamado Puerto Obaldía, situado virtualmente en la frontera entre nuestro Panamá y la hermana República de Colombia, en el extremo de la Comarca, habitada por población panameña negra y mulata.

Hijo de un hogar de humildes pescadores y agricultores, la niñez e infancia de Pedro, al igual que la de sus cuatro hermanos y una hermana, transcurrió dentro de las grandes limitaciones económicas y sociales que caracterizaba la existencia de miles de niños costeños y campesinos panameños en aquella lejana década de los años cincuenta del siglo XX.

Carecía Puerto Obaldía en aquella época, como la mayoría de los pueblos costeños del país, de los servicios de salud y de educación que apenas llegaba a la escuela primaria, lo que condenaba a la mayoría de los niños a permanecer víctimas de la ignorancia y sujetos a todas las enfermedades de la niñez de los trópicos.

Dadas las limitaciones de la época, los padres de don Pedro se vieron obligados a enviar a este y algunos otros hermanos a las escuelas secundarias de la vecina Colombia, de tal manera que Pedro bebió sus primeras letras guiado por maestros y profesores de nacionalidad colombiana, cosa que lo marcó intelectualmente y en alguna medida influyó en la inclinación pedagógica y literaria que frecuentemente le brotaba por los poros.

Cuando se convivía con don Pedro de manera cotidiana, especialmente en las tertulias de café, se evidenciaba claramente su procedencia costeña, en especial por sus gustos gastronómicos. Así, por ejemplo, el desayuno aderezado con ñampí, con yuca, carimañolas o plátano sancochado, a diferencia de nosotros, que optábamos por las tortillas de maíz y los almojábanos, propios de la culinaria chiricana. El gusto preferencial por los mariscos denotaba, igualmente, su procedencia.

Su lenguaje, en muchas ocasiones coloquial, evidenciaban los giros lingüísticos y las expresiones propias de la población afroantillana procedentes de las costas del Caribe de la Comarca Kuna, de poblaciones fronterizas como Puerto Obaldía y otros pueblos aledaños.

En Puerto Obaldía conoció a los pastores bautistas Becker y Dawkins, y bajo su tutela asistirá a estudiar la secundaria en el Seminario Teológico Bautista de Panamá, situado en Arraiján, donde culminó los estudios teológicos y gran parte de la educación secundaria. Estudios de bachillerato que culminó en el Instituto Istmeño, en los cursos sabatinos. A la vez que ya se había incorporado al mundo del trabajo, donde laboró en los duros oficios tales como la construcción, en almacenes de materiales, en la fábrica de vidrio, entre otros. Allí se forjó como obrero y al mismo tiempo como pastor bautista, al mismo tiempo que sufrió la sobrexplotación del trabajo y la discriminación por parte, en muchos casos, de empresarios inescrupulosos.

En esos duros avatares de la clase obrera, al mismo tiempo que se forjaba como incansable lector y estudioso de las ciencias sociales y la filosofía se fue construyendo intelectual y moralmente este panameño ejemplar, que el mismo tiempo pasó a constituir su hogar y su familia con la compañera Jerónima, de familia procedente de la Raya de Santa María.

Don Pedro se gradúa del Seminario Teológico el 20 de diciembre de 1970, siendo el único graduado de esa promoción, con los más elevados méritos académicos; por ello, pasa a desempeñar el oficio de Pastor Bautista, tanto en Buena Vista de Colón como en Arraiján, localidad en la que años después pasa a radicarse de manera permanente.

Una vez egresado de la secundaria, el amigo Pedro ingresa a la Universidad de Panamá, en la que realiza con el mayor lucimiento académico las carreras de Licenciado en Filosofía e Historia y de Licenciado en Sociología, así como profesor de Segunda Enseñanza.

Podemos afirmar, para finalizar esta segunda entrega, que don Pedro fue intelectual y espiritualmente el resultado de sus orígenes y sus circunstancias particulares; por ello se impone el asomarse a grandes trazos a lo que fue su periplo vital, para poder aquilatar debidamente el valor de su figura de maestro.

Panamá, 4 de julio de 2022

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