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No es que no queremos, es que no se dejan ayudar |

 


Por: Gonzalo Delgado Quintero

 

“El primer deber de un líder es definir la realidad, para poder mantenerse en la alta dirección. Cada organización para ser sana, para poder renovarse, para sobrevivir, tiene que estar en contacto con la realidad”… Carlos Matus

 

Estamos viviendo momentos difíciles en todos los órdenes de la vida, es una situación crítica que proviene del resultado de la suma multifactorial de una serie de eventos que se han desarrollado en un ámbito de tiempo y espacio principalmente en las últimas tres décadas y que finalmente, están teniendo un desenlace. La actual, es una coyuntura  de inestabilidad que vive la sociedad, sobre todo los grupos vulnerables y las propias organizaciones.

A esta crisis estructural sistémica, hay que añadir el impacto de la pandemia del Covid – 19 que ha profundizado y agudizado la afectación social, económica y de salud de las personas, al punto de llevarnos a un momento peligroso reflejado en una situación negativamente en todos los órdenes de nuestra sociedad y que también se observa incluso peor, a nivel regional y global.

Igualmente, esta crisis está focalizándose en aspectos particulares, pero de afectación directa e indirecta en el resto de los componentes de la estructura social que obliga a un rápido cambio. No dar ese golpe de timón necesario,  provocará otro posible estado de emergencia  nacional  en el corto plazo, debido a la posibilidad de una convulsión social sin precedentes. Estamos en el momento preciso de retomar las riendas del Estado, no solo para salvar a unos cuantos, sino a todos.

En este momento estamos expuestos a sufrir con mayor intensidad esa crisis que hace rato inició, y que parece inevitable; pero el reto es entender que una crisis solo marca el agotamiento de los modelos y procesos que han servido de herramientas para el manejo de un sistema determinado que exige adecuaciones y que por tanto, es necesario comprender oportunamente los riesgos que se presentan y convertir esa dificultad o amenaza en una oportunidad que manejada correctamente, garantizaría llevar a cabo los cambios necesarios, pero sin traumas.

Una forma de manejar las crisis es tener la previsión para atender a tiempo las señales que están marcando las amenazas antes que eclosionen. Una crisis manejada de manera inadecuada puede destruir la estructura completa de una organización o del Estado y con ello, se lleva por decantación toda su estabilidad y el prestigio de quienes la dirigen.

Es en este punto donde el manejo de una adecuada ESTRATEGIA DE COMUNICACIÓN puede convertirse en el principal soporte del acompañamiento de la Estrategia General  que busca salvar en este caso, aspectos importantes para el desarrollo de la buena gestión de la administración del propio Estado.

Una Estrategia General sin el acompañamiento de una adecuada comunicación, fracasará o a lo sumo resistirá quizás de manera momentánea los embates de los actores contrarios. Por tanto, en este momento, es necesaria una estrategia de previsión, gestión, respuesta rápida y seguimiento, frente a los potenciales casos de emergencias, que no es más que dicha Estrategia de Comunicación en estos tiempos críticos que repito, son de orden sistémico.

El autor es periodista y escritor

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