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Mario Riera Pinilla, la sensibilidad del gran dramaturgo de Veraguas.|

(Tomado de la Estrella de Panamá)

 

El maestro de la plástica en Panamá destaca la vida y obra del antropólogo y dramaturgo veragüense. Sus obras diseccionaron la realidad del Panamá profundo, las comarcas indígenas y la vida campesina en Veraguas


Por: Aristides Ureña Ramos

Riera profundizó en torno a la vida en el interior de Panamá.Cedida

Angélica Pinilla de Riera mujer combativa —casada con el español Narciso Riera Roca— lleva en su sangre el linaje revolucionario de no doblegarse ante ningún condicionamiento social; proviene de un hogar veragüense donde la cultura liberal es una rigorosa manera de concebir la vida.

En un momento histórico donde se construyen los cimientos de la nueva patria, su familia y su hermano Manuel Salvador Pinilla (1865-1955) cierran el pacto firmando el acta independentista que construirá la nueva República de Panamá (1903).

La maestra enérgica toma las riendas de su vida, con seis hijos varones para educar, con el maravilloso resultado de brindar a la provincia de Veraguas figuras de primer orden que surcaron distintos ámbitos del pensamiento moderno de la nueva república panameña, ellos son: Adolfo (Capi Riera, primer revolucionario de América Latina), José (Pepe Riera), Roque, Jaime Riera Pinilla, Carlos Pinilla, Ángel (Ángueto Riera Pinilla) y Ernesto Pinilla.

En reconocimiento a tan ardua labor como mujer poetisa revolucionaria, y perseverante en la excelencia educativa, le viene dedicada una de las escuelas donde ejerció sus fatigas pedagógicas, en el corregimiento de Cañacillas de Santiago, escuela primaria que hoy día lleva su nombre.

El joven dramaturgo fue pilar de la narrativa interiorana en el país.Cedida

¿Quién es el dramaturgo y escritor Mario Riera Pinilla?

La maestra Angélica con un parto el 4 de febrero de 1920 tuvo a Jaime y a Mario, dos hermanos mellizos con interesantes recorridos; sus vidas se van entremezclando en un crecimiento siempre lleno de múltiples anécdotas, sobre todo debido a que ambos posen una inteligencia creativa formada a través de la investigación y la sensibilidad de servicio, ante las problemáticas de la sociedad panameña.

Una herencia familiar volcada a los cuestionamientos que laten en la provincia de Veraguas.

Su madre les imparte las primeras nociones educativas, cargando con sus hijos en las comunidades donde ella ejercía su oficio de maestra de primaria. Eran tiempos en donde las madres panameñas que trabajaban como educadoras, conjugaban su vida personal con la comunidad, formando a sus alumnos con el mismo ímpetu dado a sus propios hijos.

Mario Riera Pinilla estudia la secundaria entre el Instituto Nacional de Panamá y la Escuela Normal J.D.A de Santiago. Hace dos años en el Instituto y regresa a Santiago entrando en La Normal, graduándose como maestro de Primera Enseñanza. Mario se activa en las aulas de La Normal y escribe la maravillosa obra teatral (primera en su género) ‘La mujer del Alcalde’. Siendo esta pieza un espejo de la realidad social que se vive en las lejanas provincias del interior del país.

Se inscribe en la Facultad de Derecho de La Universidad de Panamá, donde gana una beca para estudiar Antropología en la ciudad de D.F, México. Es en esa ciudad donde conoce a Adelina Martínez (Tabasco 1922-Santiago 2002) estudiante de Sociología, con la cual contrae matrimonio teniendo seis hijos: Maria Adelina, Mario, Sergio, Maria Eugenia, Ramón y Gloria Estela.

Fue diplomático ejerciendo cargos importantes. El Presidente de Panamá, Ricardo Arias Espinosa, le da encargos en la Embajada de México, rectificado por los presidentes Ernesto de La Guardia y después por Roberto Chiari; periodo en el cual participa activamente en la vida intelectual mexicana, produciendo obras literarias y siendo señalado por la crítica latinoamericana por su manera particular de exaltar la realidad de un mundo complejo de diversidades y riquezas culturales.

Fue profesor de Español por cinco años en La Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena de Santiago, donde siguió produciendo obras de particular sabor interiorano y de teatro.

Llamamos algunas a nuestra mente —aquellas que yacen en el imaginario colectivo de la intelectualidad panameña— como La noche de San Juan, La muerte va por dentro, La montaña encendida (segundo premio Ricardo Miró), La conciencia, Ño Lucas y El curandero.

“Mario, no murió, se los llevaron las hadas de las cordilleras, acobijados con perlitas de chaquiras y dulces cantos celestiales, para que continúe investigando los ancestros del pueblo verágüense”

Obras de un sabor interiorano, que a través de la denuncia hacen reflexionar sobre el abandono histórico de las poblaciones de los campos y los pueblos, como en La montaña encendida; gesto extremo de humildes campesinos, cansados por la injusticia de políticos y terratenientes que dan fuego a la montaña para contrarrestar el abuso y atropello de los latifundistas de turno.

Para no olvidar ‘La conciencia’ donde analiza a través del drama, el comportamiento de alejarse de las razones morales para entregarse al pecado y Ño Lucas obra donde el vernáculo santiagueño, con pícaros tonos burlescos exalta al personaje interiorano, al igual que en El Curandero; obras de teatro presentadas en las bibliotecas públicas y las canchas de las escuelitas, en las tardes lluviosas de los distritos de Montijo, Rio Jesús, Soná, Cañazas y Las Palmas con el apoyo de estudiantes que frecuentaban las aulas de la Escuela Normal.

La condición de haber estudiado Antropología da fuerza intelectual a Mario Riera Pinilla, a su historia personal de escritor, al ser conocedor del interior de la República. Por eso, a través del estudio del folklore, utiliza sus investigaciones sobre las diferencias lingüísticas proveniente de las comarcas indígenas; para evidenciar los conflictos del mestizaje cultural, proponiéndonos cuentos y narraciones que alejan su producción artística de la oficialidad panameña.

Su trabajo (casi inédito) es un indiscutible aporte a la cultura de nuestro país, su manera de ver la realidad panameña lo llevan a producir novelas como Rumbo a Coiba, Emparejando la carga, La Yerba, 1948 (primer premio Ricardo Miro) además de la importante recopilación de Cuentos Folclóricos de Panamá (segundo premio Ricardo Miró) y El sueño de Cunino, con temas que exaltan las maneras y costumbres del Panamá profundo.

Veraguas a mitad de los años 60

El periodo de la madurez artística de Mario viene marcado a su regreso a Panamá en torno a 1965, cuando Santiago era un pernio de agitación y compromiso hacia la construcción de una nueva sociedad.

Personajes como el exsacerdote Carlós Pérez Herrera (1925-1993) y el sacerdote Alejandro Vásquez Pinto (1924-2019), así como la toma de posesión como el monseñor Marcos Gregorio McGrath (1924-2000) y otros intelectuales encienden un compromiso histórico para pensar un nuevo país y Mario, participa activamente en este proceso que pretendía hacer un ‘Plan Veraguas’ para eliminar la desigualdad social.

Reflexión final

El ‘Plan Veraguas’ se hizo realidad en 1968, alimentado por mentes que practicaban una nueva teología que liberara a los más humildes (Padre Gallego, 1938-1971), Cacique Camilo Ortega (1938), hechos históricos que Mario no logró ver.

En un 12 de octubre del 1967 —un día de lluvia oscura— Mario regresaba de acompañar a un amigo a San Francisco de la Montaña. Al bajar hacia la quebrada La Honda, pierde el control de su vehículo y desaparece fatalmente entre los matorrales de la quebrada, A sus apenas 47 años de edad.

Mi padre, cada vez que me llevaba al puente de la quebrada La Honda, para que le hiciera algunos dibujos del lugar, cerraba los ojos y sin retener las lágrimas con un filo de voz decía: “Mario no murió, se los llevaron las hadas de las cordilleras, cobijado con perlitas de chaquiras y dulces cantos celestiales, para que continúe investigando los ancestros del pueblo verágüense”.

Mario Riera Pinilla (1920- 1967), el dramaturgo antropólogo veragüense, es otra pilastra de la cultura panameña; su vida y sus creaciones literarias son material de excelencia intelectual que merece ser estudiado en los planteles educativos de nuestro país, deuda que debemos cerrar con mucha fuerza, en pro de preservar ese patrimonio creativo de nuestros mejores exponentes.

Dar honor a su pluma es enaltecer nuestra Patria.

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