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Los inmortales solo fallecen In Corpore.|


Por: Gonzalo Delgado Quintero

 

Humberto Velásquez a quien todos le decíamos “Millo”, fue un gran revolucionario. Siendo parte de una gran generación, desde muy temprana edad, se inclinó por la defensa de los desposeídos y las causas verdaderamente justas.

Trabajó por décadas en la Caja de Seguro Social. Y quienes posteriormente  llegamos a laborar en las oficinas de Relaciones Públicas de esta institución, tuvimos en Millo un gran soporte técnico y profesional en el transcurrir de nuestras actividades laborales marcadas en esos procesos interminables y perfectibles que gracias a personas como él, fuimos perfeccionando cada día, hasta lograr el reconocimiento de propios  y extraños, incluso el propio auto reconocimiento de saber que hemos aprendido y seguimos aprendiendo gracias a personas como Humberto “Millo” Velásquez.

Pero otra de las facetas de nuestro siempre recordado Millo, es que él se caracterizó por su mente vivaz. De esa viveza fecunda en buena lid. Agudo, de rápida y pronta comprensión e ingenio. Él siempre fue y será imprescindible por sus geniales salidas y respuestas ante cualquier circunstancia. Una característica propia, con un particular sello personalizado que solo su recuerdo hará posible copar en nuestras mentes, ese vacío que deja su partida.

Millo, aunque no estuviera presente, se mantenía en nuestro entorno, incluso después de su cese laboral ocurría, lo teníamos presente. Una propiedad carismática que seguirá en cada uno de nosotros a pesar de su desaparición física. Fue de esas personas que ante los ojos del buen observador, lograba que el mundo que lo circundaba se moviera en gran medida, gracias a su entereza, siempre sabiendo que la buena actitud es el elemento fundamental en la vida de los seres humanos.

Ese fue un legado que nos dejó. ¿Quién de todos los que tuvimos la gran oportunidad de conocerlo no logró ser influenciado de manera positiva por él?. Con respecto a Millo solo nos resta decir: “MISIÓN CUMPLIDA”. Siempre fuiste de inspiración y esencia, de misión y compromiso, de espíritu existencial, de quien había aprendido a apreciar la vida y distinguir con excelsa claridad la diferencia verdadera entre el bien y el mal, entre lo bueno y lo malo. Estoy seguro y de eso fui testigo, que millo vivió la vida de manera intensa y que a lo mejor siempre estuvo  inspirado en soslayo poético a la prosa de Amado Nervo, quien al final inexorable de su vida escribió en el poema EN PAZ: …YO FUI EL ARQUITECTO DE MI PROPIO DESTINO; QUE SI EXTRAJE LAS MIELES  O LA HIEL DE LAS COSAS, FUE PORQUE EN ELLAS PUSE HIEL O MIELES SABROSAS…AMÉ, FUI AMADO, EL SOL ACARICIÓ MI FAZ, ¡VIDA, NADA ME DEBES! ¡VIDA, ESTAMOS EN PAZ!.

Escrito de Gonzalo Delgado Quintero

Para Humberto “Millo” Velásquez  de parte de los compañeros fraternales de la Dirección de Comunicación de la Caja de Seguro Social.

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