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Cambiar el modelo para salvar el ambiente.|


Por: Juan Jované

 

El nueve de agosto el IPCC de las Naciones Unidas publicó el documento titulado Cambio Climático 2021: La Base de la Ciencia Física, que constituye la primera parte de Su sexto Informe de evaluación (AR6). La segunda parte del mismo, dedicada al tema de los impactos, debería ser dado a conocer en febrero de 2022, mientras que el tercero, referido al problema de la mitigación, se haría público en marzo de 2022.

Recientemente, sin embargo, se han filtrado a la prensa segmentos de la segunda y tercera parte del AR6, probablemente por una iniciativa de algunos de los científicos que participan en el IPCC, quienes intentan alertar sobre la grave situación que vive la humanidad frente al calentamiento global. Esto se hace antes de que los gobiernos intervengan en la redacción de los informes, lo que significa el peligro que en los mismos se refleje una situación menos extrema que la real.

Principalmente son interesantes los elementos filtrados de la tercera parte del AR6, en la que, para comenzar, se afirma que los niveles actuales de emisiones de gases invernaderos son incompatibles con los objetivos establecidos en el Acuerdo de París. De acuerdo a estos el incremento de la temperatura del planeta sobre el nivel previo a la Revolución Industrial no debe llegar a 2 grados centígrados, manteniendo esfuerzos de que no pase más allá de 1.5 grados centígrados.

Se plantea, entonces, que para ser consistentes con los objetivos el punto máximo de emisión de gases invernaderos se debería lograr antes del 2025, es decir en los 3 próximos años. Así mismo se propone como necesidad que la emisión cero de los mismos se alcance entre el 2050 y el 2075.

Para lograr esto no habría que realizar un gran esfuerzo. De acuerdo a un artículo recientemente publicado en la revista Nature, escrito por Dan Welsby y otros autores, concluyen que solo para alcanzar un 50% de probabilidad de que hacia el 2050 el calentamiento no sobrepase 1.5 grados centígrados, el 60.0% del petróleo y el gas natural existentes se debería mantener bajo tierra. En caso del carbón este porcentaje se eleva a 90.0%.

No es entonces extraño que el informe filtrado proponga la necesidad de no construir ninguna planta de electricidad basada en carbón, petróleo o gas. Más aún, destaca que las que estén basadas en gas reduzcan su vida útil.

Un elemento central del informe filtrado que venimos analizando es que no existe una salida exclusivamente tecnológica. Se trata de una posición fundamental, que, a nuestro juicio se puede sostener con varios argumentos.

Para comenzar, como afirma el informe, la transición hacia una tecnología ambientalmente limpia, choca con el predominio de las tecnologías basadas en los combustibles fósiles, lo que, a los ojos del capital, genera alto costo de pasar a nuevos métodos de producción (pérdidas de capital). A esto se agrega la capacidad económica, política y de lobby de los intereses petroleros, el retraso en la inversión en energía eólica y solar, así como las dudas existentes sobre las tecnologías de la llamada geoingeniería.

Solo sobrepasar los intereses del capital petrolero y la resistencia a las pérdidas de capital por el cambio tecnológico, implicaría de por si una transformación profunda en las relaciones sociales de producción. Pero se trata de un problema más profundo, ya que el actual modelo de economía guiado hacia las ganancias sin límite y, por tanto, hacia la expansión sin fronteras de la producción, necesariamente choca con el carácter finito de la naturaleza.

Ya no queda duda que para salvar la vida en el planeta se hace imperioso la transformación del modelo socioeconómico predominante.

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